Opinión
La izquierda alternativa llega tarde a la casilla de salida

Por Sato Díaz
Coordinador de Política.
El chascarrillo de los dados anuncia que la partida puede estar a punto de comenzar. Las fichas se reparten en el tablero de la política española. El terremoto Santos Cerdán la ha removido tanto que cada vez son más voces (y más diversas) las que entonan el estribillo del adelanto electoral. La legislatura está herida y solo la sostiene el empeño de Pedro Sánchez de seguir adelante pese al mar de dudas que se vierte sobre él, la poca disidencia interna organizada que tiene el presidente en el PSOE (aunque Felipe González llame a filas a los detractores) y el temor a un cambio político que pueda llevar a España a alinearse con los países en los que gobierna la ultraderecha.
El caso Cerdán afecta a todos los actores políticos, aunque es al PSOE al que tiene tocado, casi hundido. Y en las últimas encuestas se percibe una caída del partido de Ferraz, una mejora en el PP y, sobre todo, Vox y, también, algo de subida en Sumar. Podemos se mantendría por debajo de los de Yolanda Díaz. Sin embargo, el efecto más peligroso del escándalo del ex secretario de organización socialista es el que ha podido generar en la ciudadanía. La desafección hacia la política es un problema de imprevisible alcance si no se ataja con contundencia. La cada vez más grave crisis de la vivienda en el país, las incertezas sobre un panorama mundial que declina con la palabra 'guerra', la precariedad laboral, las tensiones climáticas, la exacerbación del racismo, la xenofobia, el odio... En definitiva, la incertidumbre como forma de vida y el miedo como sentimiento generado por ella. Todo es un caldo de cultivo que puede derivar en una salida ultra del actual momento político. Solo la buena situación de la economía y el empleo frenan lo que podría ser un tsunami reaccionario español. En este contexto, este fin de semana es clave políticamente. Los dos grandes partidos, PP y PSOE, celebran sendos cónclaves para enfocar un futuro incierto. El bipartidismo se prepara para un panorama complicado.
El equipo azul. Desde este viernes y hasta el domingo, los de Alberto Núñez Feijóo celebran un Congreso Nacional en el que el partido conservador pretende ponerse a punto para asaltar la Moncloa. De momento, el nombramiento de Miguel Tellado como secretario general con amplios poderes también en lo organizativo es toda una declaración de intenciones. Que Ester Muñoz coja las riendas como portavoz popular también lo es.
El PP endurece el tono en este contexto internacional de derechas cada vez más echadas al monte. Génova asume la alianza con Vox como billete para obtener una mayoría que le lleve al Consejo de Ministros. Con el ascenso de estos perfiles, Feijóo parece obsesionado con hacer caer a Sánchez con más barro político, matarlo y contarse veinte, y no tanto con dotar al partido de un perfil gestor que transmita fiabilidad de cara a cuando le llegue el momento de gobernar. El PP da este fin de semana una última oportunidad a Feijóo para llegar a Moncloa y el partido, dicen, se coloca en la casilla de salida para jugar una partida que, pretenden, termine con las derechas en la Moncloa. De momento, las encuestas dan la razón a esta hipótesis, pero ya en 2023 cuando el gobierno Feijóo-Abascal parecía inevitable, el viento cambió de dirección y la partida acabó con Sánchez siendo, nuevamente, investido presidente.
El equipo verde. Vox hizo lo propio la semana pasada. El partido ultra celebró su asamblea en la que quedó claro que Santiago Abascal es quien manda y ordena en la formación. La situación de Vox es paradógica. Por un lado, el partido se ha establecido y estabilizado entorno al 15% de los apoyos en los sondeos y consigue pescar en río revuelto. Hacen más bien poco a nivel parlamentario y en las instituciones en las que están presentes, pero recogen frutos sembrando odio en el revuelto contexto social y político. Utilizan un lenguaje destituyente aprovechando la desafección hacia la política que comentábamos. Esta es su casilla de salida. Y aprovechan una buena madeja de relaciones internacionales que les hace conectar con los sentidos de época más reaccionarios.
Pero, por otro lado, Vox está muy lejos de las marcas de otras ultraderechas europeas. Nada que ver con Reform UK que rompe las encuestas en el Reino Unido, ni con Giorgia Meloni que gobierna en Italia, ni con Rassemblement National que aspira a la presidencia de la República Francesa en 2027, o con la vecina Chega de Portugal, hoy segunda fuerza política en el país luso... Vox está muy por debajo de los números de todos estos partidos sin que eso parezca suopner un coste político para Abascal.
El equipo rojo. El PSOE celebra este sábado un Comité Federal trascendental tras el estallido del 'caso Cerdán'. A los cambios ya anunciados de Rebeca Torró como nueva secretaria de organización, acompañada por Anabel Mateos, Francisco J. Salazar y Borja Cabezón como adjuntos, y de Montserrat Mínguez como nueva portavoz del partido, se sumarán los anuncios que haga Sánchez en la inauguración del comité en materia de regeneración democrática o de carácter social para impulsar la legislatura.
El cónclave del PSOE pretende pasar página a estas semanas más negras para el partido. El presidente que llegó al Gobierno con la carta de la lucha contra la corrupción bajo el brazo ha visto como sus dos secretarios de organización, hasta ahora, están implicados en un caso de supuestos cobros de mordidas en la adjudicación de obras públicas. La crisis es de tal envergadura que poca gente cree que baste un Comité Federal para darla por concluida. El próximo día 9, Sánchez comparecerá y dará explicaciones ante el Congreso, pero cada vez más voces piden soluciones más drásticas: desde el adelanto electoral a una cuestión de confianza o, incluso, hasta la investidura de otra persona que asuma la presidencia del Gobierno. Por otro lado, hay voces que reclaman la convocatoria de un nuevo Congreso Federal del partido en clave interna. La incierta casilla de salida socialista está supeditada al desarrollo de las investigaciones judiciales y policiales. Si miembros del Gobierno se vieran involucrados en el cobro de mordidas o el partido hubiera sido financiado ilegalmente, la legislatura podría desmoronarse. El goteo de informaciones es una tortura para Ferraz.
El equipo rosa y morado. Los partidos de la izquierda alternativa (IU, Podemos, Movimiento Sumar, Más Madrid, Comuns, Compromís...) llegan tarde a la casilla de salida. El espacio que se presentó en 2023 unido bajo la papeleta de Sumar ha sufrido dos rupturas en lo que va de legislatura. Podemos marchó al Grupo Mixto en diciembre de 2023 y la diputada de Més Compromís, Àgueda Micó, hizo lo propio hace unas semanas. La energía que este espacio dedica a las disputas y divisiones internas hace inviable que pueda presentarse como alternativa a un PSOE acosado por el escándalo de Santos Cerdán. Por otro lado, el liderazgo de Yolanda Díaz ha ido perdiendo protagonismo y, hasta el momento, solo hay rumores de quién podría sustituirle. De momento, se va configurando una coordinación coral en el que diferentes voces toman la palabra en el espacio.
En este contexto en el que la legislatura podría desmoronarse, la izquierda alternativa no tiene los deberes hechos. Existen movimientos entre los partidos para generar redes y complicidades que permitan conformar un proyecto electoral de cara a unos nuevos comicios. En este sentido, llama la atención el acto conjunto que la portavoz de Más Madrid en el Ayuntamiento de la capital, Rita Maestre, mantuvo con el diputado en Les Corts Valencianes de Compromís, Joan Baldoví, el jueves en Madrid. También es significativo cómo el miércoles pasado, tras la reunión mantenida entre PSOE y Sumar para revisar el cumplimiento del acuerdo de coalición, comparecieran portavoces de distintos partidos de la coalición dando una imagen de pluralidad.
Alejada parece hoy en día una futura integración de Podemos en un proyecto conjunto, tal y como sí ocurriera en las últimas generales. El partido morado ha subido el tono en los últimos meses contra el Gobierno de coalición y, aunque existen puentes entre Podemos y algunas formaciones como IU y Comuns, no hay puntos de encuentro a la vista. En lo que sí parecen coincidir distintas fuentes consultadas de distintos partidos de la izquierda alternativa es en que el modelo tiene que cambiar. Ya no es momento de hiperliderazgos que sirvan de paraguas para todo el espacio, sino de que una coralidad de formaciones diversas puedan compartir un proyecto político común y encontrar una fórmula para sortear las dificultades de una ley electoral de circunscripción provincial. Los dados suenan y las fichas se van colocando sobre el tablero político tras el terremoto de las últimas semanas.
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