Opinión
Y que le gusten los Perros Sanxes

Por David Torres
Escritor
-Actualizado a
Cabe señalar la moderación con la que los críticos del sanchismo consideraron la entrevista de Pepa Bueno a Pedro Sánchez en RTVE. Acostumbrados como estamos al tremendismo calificativo, a menciones genealógicas maternas y a piñatas ahorcadas y reventadas a palos, ahora nos toman por sorpresa las casi unánimes referencias a la decadencia física del presidente. Cierto que, desde unos meses atrás, Sánchez se mostraba muy desmejorado, pero el lunes por la noche, a pesar del maquillaje, parecía que viniera de pasar las vacaciones apagando incendios durante el día y bailando en un after por la noche. En sus pesadillas, Ábalos era el bombero y Koldo el pinchadiscos, o puede que viceversa.
Está visto que no hay dieta que adelgace más que siete años en La Moncloa, un sacrificio que el presidente sigue dispuesto a asumir en nombre de todos los españoles y españolas con tal de que no gobierne la ultraderecha. Eso sí, Sánchez debe cuidarse porque otro sacrificio más y a la siguiente entrevista podría presentarse disfrazado de Juana de Arco. Sin embargo, por el olor a chamusquina, daba la impresión de que era Juana de Arco quien se había presentado a la entrevista disfrazada de Pedro Sánchez (Juana de Arco tras freírse en la hoguera, se entiende). Si estará quemado el pobre hombre que llegó a decir que hay jueces que hacen política, prácticamente la misma declaración que años atrás le resultaba una indecencia en labios de Pablo Iglesias. Claro que Pablo Iglesias se refería a la persecución judicial contra Podemos y el independentismo catalán, mientras que Sánchez se refiere a la inquisición contra su esposa, su hermano y sus amigotes.
Una vez agotados los improperios políticos, morales y espirituales, tocaba la demolición del físico presidencial, desgastado por el poder hasta el punto de estar opositando a una carrera de top model en la pasarela Cibeles. Es evidente que la derecha dispone de líderes compactos e indestructibles, completamente inmunes a la corrosión: ahí están Jose Mari y Mariano, tan atractivos al principio como al final de sus respectivas legislaturas, o a Feijóo, quien se ha quitado de encima las gafas, las dioptrías, el tinte de las canas y hasta un narco gallego subido a su chepa. En cuanto a la ultraderecha, tiene de recambio a Abascal, un tipo tan preparado y sin estrenar que en cuestiones laborales podría optar a la jefatura del Estado de no ser porque le falla la línea dinástica.
Confieso que, más que una entrevista o una ducha ideológica, la reaparición de Sánchez frente a la prensa me recordó más bien a esos videos donde los solteros buscan novia, un formato que olfatea posibles pactos de gobierno y ante el que Rufián se rindió sin condiciones. No puedo evitarlo, cuando ando de bajona, me subo a la elíptica y me hincho a ver comedias románticas, un género de ciencia-ficción muy adecuado a la realidad política española. Meg Ryan, Tom Hanks, Andie McDowell, Hugh Grant: no le hago ascos a nada. Por pura casualidad, ayer mismo ponían Y que le gusten los perros, una película donde nadie con ojos en la cara puede creerse que Diane Lane no tenga una lista de pretendientes de treinta kilómetros de larga.
Ver a Sánchez quejándose de la justicia española a estas alturas era casi tan inconcebible como ver a Diane Lane creándose un perfil falso en una web de citas y diciendo que le gusta montar en bicicleta. No una elíptica, no: una bicicleta. Para colmo, mi cocker, Monica Perruchi, no dejaba de gruñir, celosa porque en la película salía un terranova precioso, tres veces más grande que ella. Yo estaba subido a la elíptica, lamentando mi infortunio sentimental, sudando en plena bajona, y por un momento llegué a confundir ambas ficciones: ya no sabía si votar por Diane Lane o llamar por teléfono a Sánchez.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.