Opinión
Mariano entre croquetas
Por David Torres
Escritor
Es triste reconocerlo pero por una vez el presidente tiene razón. Cuando le preguntaron quién era su rival en las elecciones, respondió "yo mismo". No lo decía en broma. Del mismo modo que Spiderman era derrotado por un ectoplasma maligno hecho con cachos de su ADN o que las vacunas se fabrican inyectando una pequeña cepa debilitada de un virus, únicamente Mariano puede vencer a Mariano. Con que se quede en casa leyendo el Marca hasta diciembre -a ser posible callado-, mientras la mal llamada izquierda se desangra en luchas intestinas y el PSOE se cuece en su propio jugo, muy posiblemente el PP va a ganar otra vez las elecciones. En cuanto a Ciudadanos, sólo sus forofos más recalcitrantes no se han percatado aún de que no es una alternativa real, de que no es más que una continuación del PP por los mismos medios.
La izquierda española ha resultado un paquete de croquetas congeladas que, al caer en el aceite hirviendo de unos comicios, se va desparramando en trocitos. Si los científicos no hubieran inventado ya el acelerador de partículas, podrían venir a España y sentarse a contemplar un debate entre Pablo Iglesias y Garzón para ver hasta qué punto las ideas también son infinitamente subdivisibles. Incluso las de bombero. Izquierda Unida sólo ha hecho honor a su apellido en el momento en que ha olfateado la competencia de un adversario que podría disputarle su nicho ecológico, como esos equipos de tercera regional que se crecen ante el posible descenso a la liga de parroquias.
Podemos, que tomó su fuerza y su enseña en las asambleas, también se contagió en su mismo nacimiento del síndrome de la pluralidad: la clásica falacia de que muchos cerebros juntos piensan más que uno. Podemos podría haber sido una hidra invencible pero, en un craso error de interpretación mitológica, se ha decantado por el modelo plaga de langosta, fácilmente rebatible mediante el insecticida. Los muchos y discordantes cerebros de Podemos ni siquiera se han puesto de acuerdo en cosas tan elementales como si están de acuerdo o no en la secesión catalana. Son la izquierda Findus, que todavía no ha decidido si serán croquetas de jamón o de bacalao.
Aun así nos queda la esperanza de que Mariano se noquee a sí mismo, igual que (otra vez los Monty Python) aquel campeón de lucha libre, Colin Bomber Harris, que subía al cuadrilátero él solo, se ponía la zancadilla y se daba de hostias hasta perder el conocimiento. Ese autocastigo lo repite Mariano cada vez que abre la boca, especialmente en la última entrevista que ha concedido, cuando confesó sin querer que España es el país donde más crece el paro, un lapsus conmovedor y asombrosamente freudiano. Al presidente le basta con no mover un pelo, que es lo que lleva haciendo toda la vida, y lo que ha hecho también en Cataluña al paralizar la tramitación de la declaración de independencia por el simple procedimiento de no formar grupo parlamentario. Gracias a Mas y a la amenaza de partición, igual que años atrás gracias a ETA, el PP recobra el fuelle perdido después de sus innumerables zarpazos a la ciudadanía. "No nos temblará el pulso" ha resumido Mariano. Como si tuviera.
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