Opinión
Noelia Núñez, la frutera

Por David Torres
Escritor
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En una entrevista reciente decía Noelia Núñez que, gracias a sus catorce tatuajes y a un piercing que llevaba en la nariz, había roto el estereotipo de niña pija del PP. Puede que lo haya roto, sí, pero para reconstruirlo en versión corregida y aumentada, del mismo modo que se tira abajo un palacio hortera, se arrasa el solar y luego se levanta encima, aprovechando los cascotes, un palacio el doble de alto y el doble de hortera. Sólo con lo del piercing y los catorce tatuajes basta para hacerse una idea de la profundidad de la ruptura con el concepto de niña pija pepera. En Génova y en Nuevas Generaciones podrían citar a Paul Valéry en defensa de este revolucionaria adalid epidérmica: "Lo más profundo es la piel". Si supieran quién coño es Paul Valéry, claro.
A sus 33 años, Noelia Núñez es diputada en el Congreso de los Diputados, Vicesecretaria de Movilización y Reto Digital del PP, concejal en el Ayuntamiento de Fuenlabrada y una de los Doce Magnífic@s con que Feijóo pretende dar el golpe de gracia a la fortaleza sanchista. También suele vestir con una camiseta estampada con el lema "Me gusta la fruta", lo que resume bastante bien su currículum vitae, teniendo en cuenta que el currículum académico se encuentra ahora mismo en el taller de reparaciones. Entre otros detalles sin importancia, Noelia cita un Doble Grado en Derecho y Ciencias Jurídicas de la Administración Pública que no se sabe muy bien dónde habrá cursado. Oscar Puente, a quien le va más una gresca que a Ayuso una sandía del Covirán, ha hecho públicas hasta tres versiones distintas de su expediente académico. Es posible que sean catorce versiones, como los tatuajes. Es más, es posible que los catorce tatuajes sean su currículum.
En su defensa, Noelia Núñez responde que todavía está cursando estudios, lo cual explica esa actividad incesante que se reparte entre la Vicesecretaría General, el Ayuntamiento de Fuenlabrada, el Congreso de los Diputados, la ingesta de frutas en cantidades industriales y las batallas campales en Twitter, porque a Noelia le va la gresca más aún que a Oscar Puente. Noelia es que no para de trabajar, no para de estudiar y no para de gustarle la fruta. En Génova y en Nuevas Generaciones podrían citar una canción maravillosa de Frank Zappa, Camarillo Brillo, que habla, entre otras cosas, de una tía excéntrica que tiene una serpiente de mascota y que está criando un enano, "pero todavía no ha terminado". Si supieran quién coño es Frank Zappa, claro.
Nuestros padres —me refiero a los chavales de barrios pobres de mi generación— se preocupaban mucho de que fuéramos a la universidad y nos blindáramos el futuro con títulos, porque se trataba de una oportunidad que ellos, por lo general, no habían disfrutado. Una preocupación que podrían haberse ahorrado, vista la facilidad con que la ignorancia y la incultura triunfan en todos los órdenes. Hoy día, los títulos universitarios sobran mientras que el conocimiento científico resulta más bien un lastre: por algo una piara de analfabetos virtuales proclama que la Tierra es plana con siete siglos y una tonelada de retraso, mientras los influencers de moda rebaten a doctores en Medicina asegurando que para hidratarse lo mejor es beber agua de mar o lamer una piedra.
En política, sin embargo, todavía existe cierta vergüenza en admitir que uno aparcó la carrera universitaria para estudiar Electrónica en la especialidad de Enchufe General. Sin embargo, ese complejo de inferioridad ya se está disipando merced al esfuerzo de unos cuantos pioneros y pioneras. Ana Botella no tuvo problema al publicar en un folleto oficial su currículum exprimido en una sola línea que remitía a una dirección en una página web: luego se puso a hablar inglés ante el COI como lo haría Antonio Ozores. Ayuso descubrió a los 22 años, según confesión propia y sin vergüenza ninguna, que en Ecuador también hablan castellano. Feijóo veraneaba con un narco por culpa de su reticencia a consultar periódicos. Miguel Tellado, el hombre que no leía demasiado, hace una pareja estupenda con Noelia Núñez, la mujer que estudiaba mucho de higos a brevas.
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