Opinión
El Premio Nobel de la Trump

Por Guillermo Zapata
Escritor y guionista
Son las ocho y media de la mañana del viernes 10 de octubre de 2025. En unas hora se fallará el "Premio Nobel de la Paz". No es un tema que me interese particularmente, pero una pequeña parte del mundo compuesta de expertos de opinión, tertulianos y medios de comunicación ha decidido que es posible que se lo entreguen a Donald Trump. Sabemos que Trump lo quiere. Quiere coger el Nobel con sus pequeñas manitas de Tiranosaurio Rex anaranjado y decirle al mundo que él y nada menos que él ha ganado ese premio, como en un concurso de la tele. Quiere ser el mejor en "lo de la paz".
Para quienes escriben sobre ello, el deseo de Trump de tener el Nobel explicaría sus intentos de conseguir la paz primero en Ucrania y después en Palestina, aunque también sabemos que Trump, en el streaming constante de su segundo mandato, ha contado por ahí que ya ha parado algunas guerras más. Es mentira, por supuesto. También es mentira que haya hecho nada por el pueblo ucraniano más que rehabilitar internacionalmente a Putin y colocar a un montón de líderes europeos en una salita humillante a decirle lo que quiere oír.
Oh sí, a Donald hay que tratarle así. Si quiere el Nobel es mejor dárselo, porque si no… Quién sabe si no le dirá a Netanyahu que siga bombardeando a esos estúpidos palestinos que insisten en dejarse matar.
Otro motivo para que Trump quiera el premio es que durante el mandato de Obama se mencionaba de tanto en tanto que quizás se lo dieran a él. Soy incapaz de saber cuáles son los méritos de Obama para semejante gesta. El único Nobel de la paz que recuerdo fue el de Rigoberta Menchu en 1992 pero lo importante para todo esto es recordar que la Presidencia de Obama fue uno de esos momentos clave en la historia de los EEUU en la que un montón de señores blancos dijeron: "Este no es el país en el que yo creía que vivía, ¿quién demonios es toda esta gente de colorines y por qué no están construyendo el ferrocarril, cultivando algodón o muriendo al cruzar la frontera?". El odio profundo del proyecto MAGA al significado profundo de la victoria de Obama y su proyecto político (más allá de sus éxitos y sus fracasos) puede explicar también la obsesión de Trump por ser, simplemente, el tipo que le gana a Barack en todo.
Mientras el mundo especula con mayor preocupación o más jolgorio sobre si ganará o no, Trump está militarizando progresivamente los Estados de gobierno demócrata en EEUU. Su propia milicia civil dedicada a la cacería de personas racializadas, el ICE, se ha normalizado en las calles de algunos Estados de los Estados Unidos. Se trata de que la presencia militarizada sea constante. ¿El motivo? Bueno, viendo lo que sucedió durante el Asalto al Capitolio tras su derrota electoral y lo mal que se valora su acción política, junto con su idea de presentarse a un tercer e inconstitucional mandato, hay varios analistas -de esos que se dedican a analizar cosas que no son si se lo “darán o no/merece o no” premios por su compromiso con la paz en el mundo- que dicen que está preparando un escenario de manipulación electoral y supresión de las libertades civiles en varios estados clave -todos de mayoría demócrata- para manipular el resultado electoral de las elecciones a mitad del mandato -las midterms- que se celebran a finales del año que viene.
En los días en los que se ha debatido sobre el asunto Nobel, Trump ha amenazado con detener, entre otras autoridades, al alcalde de Chicago -negro y demócrata, se ha opuesto a la presencia de tropas en su ciudad. También ha iniciado una campaña para ilegalizar "Antifa", una cosa que no existe como organización y que es literalmente como ilegalizar el feminismo o el socialismo o cualquier otro conjunto de valores que al caballero no le plazcan. Esta misma semana un asesor suyo criticó a "Antifa" y colocó su origen en "La República de Weimar". Supongo que hay pasatiempos de esos de "une los puntos" con menos puntos que las pistas que está dando Donald, pero por lo que sea hay una parte importante de los medios de comunicación que sigue sin verlos.
Ah, ayer mismo dijo que había que expulsar a España de la OTAN porque tenemos que gastar más en defensa. Y hace un par de semanas fue a la Conferencia de las Nacionales Unidas a decir que todo aquello no servía para nada y que estaba ganando la guerra contra la mentira del cambio climático.
Pero seguimos especulando con el Nobel por tres motivos:
Morbo. Da titulares, genera tráfico, convierte el asunto en un elemento entretenido. Es decir, produce una imagen de éxito a partir del borrado sistemático de cosas que están a los ojos de todo el mundo.
Otro motivo son análisis más serios en los que se plantea que lo que Trump quiere Trump lo consigue. Cómo sea. Si hace falta se comprará el Nobel. Esos análisis ocupan la posición de los dirigentes europeos en la salita diciéndole lo que quiere oír.
El motivo final, por tanto, es la lenta, pero muy entretenida banalización y espectacularización de todo. Quizás, incluso, de la paz palestina, que se ha convertido en el escenario de un premio para un Tirano saurio.
Pobre Rigoberta Menchu.

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