Opinión
Los protocolos antiacoso del PSOE funcionan

Por Israel Merino
Reportero y columnista en Cultura, Política, Nacional y Opinión.
-Actualizado a
Es desolador hablar estos días con jóvenes militantes femeninas del PSOE y escuchar la desgracia en sus labios: sabían que esto iba a pasar no como quien predice la lluvia al sentir dolor de muelas o rodillas, sino como el observador científico que ve la nube colapsar de gotas. Lo sabían ellas, desde abajo, y lo sabían ellos, desde arriba.
La desolación se mastica en la cancha socialista no por los crímenes particulares que el asqueroso transformado en político pueda cometer, que también, sino por la reacción de un partido autodefinido como progresista que ha decidido sepultar bajo extrañas excusas las acusaciones de las jóvenes de una agrupación que les pidió que denunciaran solo por esa vía: que no funcionaron los canales internos, dicen. Que hubo un error informático, jolines. Ya es mala suerte que se caiga el sistema que se encarga de procesar las quejas de una chicas que aseguran que su jefe fingía frente al resto de compañeros que le estaban chupando la polla (igual es que la tecnología también es de ultraderecha).
Como intuiréis, las militantes y trabajadoras jóvenes del partido, coto particular de caza del depredador de la Moncloa, andan hastiadas, pero también reconvertidas al cinismo político; presentían de qué iba esto, pero ahora tienen algunas certezas; presentían cómo funcionaba un partido donde se consideran peccata minuta todas las atrocidades internas y se señala lo ajeno como un crimen de lesa humanidad. Sin embargo, la premonición se ha transformado en un hecho. Bienvenidos a la era de la tristeza, del asco, de la pérdida de confianza irreparable en al menos esta generación.
¿Pero sabéis que es lo peor, lo que nunca podrá arreglar Ferraz? Que muy en el fondo, nada de esto sorprende y lo de Salazar se vive como un escándalo anunciado. Cuando hablas con esta militancia o cuerpo laboral femenino, te hacen entender que esas vías para denunciar internamente a los presuntos miserables, esos protocolos anunciados a bombo y platillo aunque ahora puestos en duda, en verdad no han fallado. Nunca lo han hecho. Han cumplido exactamente su función: contener las denuncias hasta que el cuerpo dirigente del partido quisiera.
Los protocolos del PSOE funcionan a la perfección porque no van de ofrecer a las víctimas un espacio seguro donde denunciar con la garantía de ser escuchadas y protegidas, sino de crear un cauce de control desde el que manejar el relato de esas jóvenes mujeres –jóvenes en este caso, al menos– y usarlo a su favor si llegara el caso. Los sistemas internos de denuncia son herramientas para los jefes, no para las víctimas.
Dejemos de repetir que los protocolos antiacoso del PSOE han fallado. Desde aquí, mi más sincera enhorabuena a su diseñador por conseguir tal efectividad.
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