Opinión
Pseudoterapias dirigidas a tu vagina

Periodista
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Desde aquellos consejos locos de Gwyneth Paltrow, destinados a purificar el útero con baños de vapor e infrarrojos, hasta las más recientes mascarillas para la vulva —que prometen blanquear, tensar y rejuvenecer las ingles, el pubis, los labios y la entrada de la vagina—, han surgido infinidad de tratamientos fármaco-estéticos que tienen por objetivo esquilmar nuestra cuenta bancaria mientras nos prometen curarnos de enfermedades y malestares que afectan a nuestro coño, en base a informaciones científicas sesgadas, cuando no directamente falsas. La estantería dedicada a la "salud íntima femenina" ha ido ganando espacio y relevancia en todas las farmacias de este país (no las he visto todas, pero me las imagino), y, entre las decenas de geles y cremas íntimas, probióticos, prebióticos y otros suplementos alimenticios, nos podemos comprar, desde hace años, vibradores y bolas chinas para fortalecer nuestro suelo pélvico antes o después del parto y prevenir el indeseable envejecimiento, en base a matarse a ejercicios de gimnasia vaginal. En plena escalada salvaje de las infecciones de transmisión sexual —especialmente entre los más jóvenes—, la estantería de los preservativos ha ido menguando en todas las boticas hasta desaparecer, en muchos casos, mientras el bazar rosa continúa el imparable aumento de sus dominios, como prueba irrefutable de que a la industria le resulta muchísimo más rentable curar que prevenir.
Según el Ministerio de Sanidad, España presenta una prevalencia media de infección por el virus del papiloma humano (VPH) en mujeres del 14,3%, siendo de hasta 29% en mujeres jóvenes de 18-25 años. Esta ITS es la más prevalente en nuestro país y la mayor parte de las infecciones de VPH suelen ser subclínicas y transitorias, desapareciendo por si solas en un 90% de los casos al cabo de 2 años. Sin embargo, el genotipo 16 y 18 se consideran de alto riesgo y son los más frecuentes implicados en el desarrollo de cáncer de cuello uterino. El único tratamiento realmente efectivo que hay para este virus es el preventivo, mediante el uso de condones y la vacunación, aplicada ya desde los 12 años para ambos sexos en la Seguridad Social. Sin embargo, en los últimos años, han salido al mercado multitud de tratamientos de laboratorios que prometen, literalmente, normalizar las lesiones y negativizar el test de VPH de alto riesgo en un periodo medio de entre tres y seis meses y sin efectos secundarios. Ahora, una revisión científica del departamento de Sanidad de la Generalitat catalana echa por tierra estas falacias pseudocientíficas y desaconseja el uso de todos estos productos sin prescripción médica frente al VPH, asegurando que no hay evidencia para recomendarlos y que su uso podría ser nocivo para la salud. El documento, señala que no existe ningún tratamiento específico para el VPH "más allá del seguimiento clínico" y que el consumo de estos tratamientos sin eficacia demostrada podría llevar a las mujeres "a desperdiciar esfuerzos, tiempo y dinero". Aunque lo más preocupante es su incidencia en los posibles riesgos asociados: "Su seguridad no ha sido evaluada". Y aquí viene otra cuestión fundamental de la que apenas somos informadas las que en algún momento de nuestras vidas nos hemos lanzado desesperadas sobre esa estantería rosa repleta de promesas de felicidad y alivio vaginal. Estos productos, etiquetados como suplementos alimenticios, no siguen la misma regulación ni controles que los fármacos, por lo que no tienen que demostrar su eficacia y seguridad antes de su venta. Por eso, se basan en estudios propios que no requieren de la aprobación de la Agencia Española del Medicamentos y Productos Sanitarios y que suelen estar firmados por médicos cuya independencia deja mucho que desear.
Los suplementos alimenticios no solo se usan para tratar el VPH porque cualquier desequilibrio en nuestra "zona íntima" tiene, a día de hoy, múltiples papeletas para ser tratado con tratamientos coadyuvantes de dudosa eficacia. Hace apenas tres meses, otro revolucionario estudio sobre vaginosis bacteriana, una enfermedad que afecta a casi un tercio de las mujeres de todo el mundo, y que reaparece una y otra vez en más de la mitad de las pacientes, señalaba que la vaginosis era una infección de transmisión sexual (ITS) y no un complot de nuestra vagina para amargarnos la existencia. El único tratamiento de eficacia demostrada hasta el momento es el antibiótico o el antiséptico, pero, dada la recurrencia de esta enfermedad, es habitual que se recomienden multitud de suplementos y tratamientos alternativos que prometen evitar las recidivas. Gracias a las autoras de este estudio ahora sabemos que, en caso de recurrencias, tratar a la pareja sexual masculina con el mismo antibiótico podría ser lo más efectivo. Hasta ahora, el tratamiento de la pareja masculina no se recomendaba en nuestro entorno sanitario, pese a que todas las evidencias señalaban que las mujeres que contraían vaginosis habían mantenido previamente relaciones sexuales (con hombres, o con otras mujeres).
Las mujeres somos la aplastante mayoría de consumidoras de suplementos alimenticios en nuestro país (un 84% de usuarias, la mayoría de entre 40 y 59 años) y múltiples estudios señalan que la mayoría de estos suplementos ni siquiera contienen la cantidad de ingredientes declarados o que pueden interaccionar negativamente con los medicamentos. Por eso, la publicidad que nos llega a través de las redes sociales es tan exagerada como engañosa, porque bajo la etiqueta de "natural" se justifican recomendaciones que casi nunca son inocuas para la salud ni carentes de efectos secundarios. No solo debemos exigir un control sanitario a los productos de venta libre en farmacias, también debemos exigir un control publicitario que nos libre, de una vez por todas, de las vendesuplementos que saturan los reels con fórmulas mágicas sacadas de la mismísima entrepierna.
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