Opinión
Roma y Río de Janeiro, cumbres paralelas

Profesora de Ciencia Política y Estudios Europeos en la UCM.
A pesar de las noticias que invaden los medios, están pasando muchas más cosas más allá del asunto Cerdán. En este comienzo del mes de julio las IDF continúan asesinando inocentes, los líderes occidentales se reúnen en Roma para avanzar las inversiones destinadas a la reconstrucción de Ucrania, ha tenido lugar una Cumbre de la ONU de Cooperación al Desarrollo en Sevilla, los BRICS continúan cohesionando su grupo y operan como una fuerza geopolítica global, Trump se cansa de Putin y su ausencia de colaboración para terminar con la guerra en Ucrania, y EEUU acelera con su guerra arancelaria. Por supuesto, no se puede olvidar el acuerdo al que han llegado Francia y el Reino Unido en materia de cooperación nuclear y migratoria. También es el aniversario de los treinta años del genocidio de Srebrenica. Todo secundario frente a las batallitas locales y el fango del debate en el Congreso de los Diputados. De hecho, en los medios convencionales no se habla de otra cosa. Poco importa que se estén adoptando medidas que seguramente impactaran en unas sociedades extenuadas, entre otras la nuestra.
Así las cosas, merece la pena detenernos en alguna de las cuestiones que hemos mencionado, especialmente en la Cumbre de los BRICS y en la reunión para la reconstrucción de Ucrania en Roma. La Cumbre de los BRICS es una de esas cumbres que suelen pasar desapercibidas en el debate público español, quizá porque nos pilla muy lejos, quizá porque nos parece que no nos afecta. Y, sin embargo, vaya si nos afecta. Alguna de las cuestiones que se acordaron en Río durante los días 6 y 7 de julio entre los 11 miembros que ahora componen esta asociación de países, si salen adelante, tendrán un efecto importante en las economías globales. Es cierto que, en esta ocasión, no asistieron a la reunión ni Putin, con una orden de detención de la Corte Penal Internacional, ni Xi. Probablemente el líder chino no haya querido perder su estatus al no estar su alter ego en este grupo, el líder ruso.
Para empezar, se habló de la desdolarización. Desde hace tiempo, entre los países de este grupo, singularmente Rusia, se plantea la posibilidad de comenzar a operar con sistemas de pago paralelos al dólar, a través de lo que se denomina BRICS pay, es decir, el pago en monedas locales. Trump ya advirtió hace meses de que sancionaría a todo aquel que propusiera tal cosa; si algo no quiere el mandatario estadounidense es que el dólar deje de ser la moneda universal. Su gran afán desde su llegada a la Casa Blanca es el evitar que la hegemonía norteamericana continúe su lento declive, así que el hecho de que los BRICS continúen buscando la desdolarización no le debe haber hecho mucha gracia.
También se habló en esa cumbre de la reforma de las organizaciones internacionales globales y de la exigencia de una mayor presencia del sur global en ellas. Se mostró una fuerte apuesta por la multipolaridad y la gobernanza global y pidieron un Consejo de Seguridad "más democrático, representativo, eficaz y eficiente" que tenga en cuenta a los países emergentes y en desarrollo. No sólo se trata de la ONU, se trata de la reforma de las instituciones que emergieron de los Acuerdos de Bretton Woods: el FMI y el Banco Mundial; quieren su modificación y también su convivencia con el New Development Bank, una iniciativa creada por estos mismos países en 2014, poco después de la anexión rusa de Crimea. Otros temas que se abordaron fueron las finanzas climáticas, la inteligencia artificial, la salud pública y el comercio y la inversión. Pero, sin duda, lo que centró esta reunión, con Putin por videoconferencia, fue la geopolítica. De hecho, todos los países asistentes reafirmaron su alianza ante las amenazas arancelarias de Trump y comenzaron a pensar en una respuesta acorde, tal y como anunció Lula da Silva con el lanzamiento de la Ley de Reciprocidad Económica brasileña. Y también todos ellos reafirmaron su apoyo a la paz en Gaza. Se avanzó un poco más hacia un orden multipolar, liderado por el sur global, pero con un enfoque pragmático que evite confrontaciones directas con Washington. Pero para lograr esto aún falta, entre otras cosas, la presencia de los dos líderes más fuertes del bloque, Putin y Xi, y poder escapar de las presiones estadounidenses que marcan de manera clara los límites del proyecto.
Apenas unos días más tarde, se reunían en Roma, el 10 y 11 de julio, los países del norte global en la IV Conferencia para la reconstrucción de Ucrania. En esta reunión se han comprometido más de 10.000 millones de euros entre ayudas, garantías e inversiones privadas. Cómo no, la sin par Von der Leyen anunció el lanzamiento del Fondo Europeo de Reconstrucción de Ucrania con 220 millones de euros iniciales que quieren atraer hasta 500 millones de euros del sector privado. Es decir, todos los allí presentes están intentando buscar y hacer negocios sobre las ruinas de Ucrania haciendo que éste se endeude hasta el infinito. Además de la reconstrucción, claro, se habló de armas y se habló singularmente de la necesidad de invertir en la industria de defensa y en drones ucranianos como garantía para la seguridad no ya de Ucrania, sino de Europa. Se trata de articular el mayor y principal ejército del continente con epicentro en Kiev, con la ayuda de la Coalición de los Voluntarios, liderada por Francia y Reino Unido (recuerden que antes mencioné sus acuerdos en materia nuclear), pero participada por muchos más. España ya está en ello con el anuncio del incremento en 14.000 efectivos del ejército. El objetivo es el de tener capacidad militar sobre el terreno para controlar la línea de demarcación tras un futuro alto el fuego. En todo caso, y para no alargarlo más, la cumbre de Roma lo que hace es reforzar la narrativa de que reconstruir Ucrania no es un costo, sino una inversión estratégica para todo aquel que colabore.
A la luz del relato de estas dos cumbres se puede extraer muy fácilmente una conclusión sencilla: estamos en un contexto en el que no existe la interlocución entre el sur y el norte global. Donde las aspiraciones que unos reclaman ni han sido ni son escuchadas por aquellos que todavía piensan que controlan el mundo. Esto es especialmente grave entre los países europeos. Y, en realidad, es el problema principal que tenemos en este mundo en cambio, en este interregno, donde todavía el norte global no puede o no quiere darse cuenta de lo rápido que están siendo los cambios, y quizás cuando lo hagan ya no haya capacidad de reacción.
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