Opinión
Tropezando con Mazón y con el novio de Ayuso

Por David Torres
Escritor
Según Ayuso, una de las grandes ventajas de Madrid es que resulta muy difícil tropezarte con tu ex. De hecho, yo tengo cuatro o cinco y jamás he vuelto a encontrarme con ninguna al azar, aunque imagino que algo tendrá que ver el hecho de que una viva en Segovia y otra en Londres. A efectos prácticos, Segovia no es más que un distrito de Madrid y Londres parte de la periferia, un extrarradio residencial mucho mejor comunicado que Badajoz o Cáceres. Madrid tiene los torreznos más jugosos del mundo, los más lujosos zulos de 15 m2, las terrazas más al aire libre y un Cañón del Colorado mejor aún que el original. También posee las residencias de ancianos más tranquilas del planeta, a excepción de Gaza y el Congo.
Lo que ya resulta prácticamente imposible en Madrid es no tropezarte con Ayuso, con su novio o con su jefe de prensa a poco que teclees el ordenador, consultes el móvil u hojees un periódico en un bar mientras esperas el café con churros. En las cercanías de Ayuso, además, suele producirse un enriquecimiento espontáneo y masivo, un chorro de petróleo convenientemente encauzado y destilado, de manera que el padre, la madre, el hermano, el novio y el ex novio se han ido tropezando con diversos montones de billetes sin que detectives, fiscales o parapsicólogos alcancen a explicarse la naturaleza de este curioso fenómeno. Mira que llevan años perforando y taladrando la capital en busca del tesoro, como decía Danny DeVito, y al final el tesoro siempre se lo encuentra alguien cercano a Ayuso.
Esto de los tropezones históricos se remonta por lo menos a Don Quijote, quien, cabalgando de noche por el Toboso, se topa con una torre y dice: “Con la iglesia hemos dado, Sancho”. En sus afanes nada quijotescos por desfacer los entuertos de su fortuna milagrosa, Alberto González Amador se tropezó primero con Hacienda, luego con la justicia y por último con una cámara que lo esperaba a la salida de los juzgados como una ex celosa. La primera vez que acudió a Plaza de Castilla, González Amador ya había tropezado con una peluca, así que puede que la cosa esté degenerando en costumbre. Ayuso dice que, en realidad, se trató de una agresión premeditada y que seguramente Pedro Sánchez anda detrás del atentado. Alega que la Delegación del Gobierno debería estar protegiendo a su novio, algo que choca (disculpen la redundancia) no sólo con su condición de “ciudadano anónimo” sino con la evidencia de que más bien debiera estar protegiéndonos a los madrileños del novio.
El caso es que Mazón se presentó el lunes en Madrid a un desayuno informativo en el Ritz y demostró, por la falta de contactos, que ya se trata de un ex oficial de Ayuso y de Feijóo a todos los efectos. El presidente y la jefa en funciones del PP decidieron poner tierra de por medio, así que se reclutaron unos cuantos subalternos (Miguel Tellado y Cuca Gamarra entre otros) con el fin de aliñar la faena. Sin embargo, en cuanto abrió la boca, Mazón se quedó solo. Informar, informó poco, más bien lo contrario, aunque desinformación es un término bastante descafeinado para la avalancha de memeces, incongruencias, trolas y bajezas que fue soltando sin despeinarse, una detrás de otra. Atacó a la AEMT, acusó a Sánchez de “instrumentalizar el dolor: igual que el 11-M” y por último se definió a sí mismo no como una víctima, sino como un “daño colateral del gobierno”. Las tres últimas palabras sobran, pero Mazón lleva meses tropezando consigo mismo, con su impudor y con su poca vergüenza. Está claro que, aunque lo lleven al Ritz, Mazón sigue en El Ventorro.
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