Opinión
Agüita pa la caló
Por Mar Centenera
-Actualizado a
Suena una bocina en mi oído. Me giro. “Zorra, chupameláááááá”, berrean dos animales, con minis de cerveza en la mano, desde un seat ibiza rojo con radio teletaxi o algo similar a todo volumen. Estoy en Mérida. Son las dos de la mañana. Acabo de salir del último bar de la calle John Lennon con una botella grande de agua para beber camino del hostal.
Miro hacia atrás. El coche tuneado está atrapado entre el tráfico a muy pocos metros. Recojo un mini vacío del suelo. Vacío la botella de agua en él. Me acerco a la ventanilla bajada del conductor y espero a que me vean. Les sonrío mientras les tiro el agua helada a la cara. “Para que se os baje el calentón, guapos”, pronuncio antes de echarme a correr calle peatonal arriba oyéndoles chillar que me van a matar. Están tan borrachos que son incapaces de atraparme.