Opinión
Anson quiere ser Soraya
Por Javier Vizcaíno
-Actualizado a
Imagínense ustedes a Luis María Anson con un sensual vestido negro, posando descalzo con mirada picaruela. Les acabo de dar el día, ¿verdad? Lo siento mucho, pero necesitaba que sintieran de primera mano lo mismo que un servidor tras leer la primera frase de la Canela Fina que el académico firmaba ayer en El Mundo: “Si yo tuviera la suerte de ser Soraya Sáenz de Santamaría...”, comenzaba el texto que, como habrán adivinado, arruinó mi desayuno.
Al impacto de la visión mental de un remedo de Manolita Chen siguió el asombro por el descaro -llámenlo jeta y no se quedarán cortos- del contenido del artículo. Anson abroncaba a Mariano Rajoy por no haber interrumpido sus vacaciones para viajar a los lugares asolados por los incendios del verano. Pero el reproche no iba por la falta de tacto personal que demostraba la indolencia del presidente del PP, sino por haber perdido una oportunidad de oro para sacarse unas fotografías convertibles en votos. Lean: “La púrpura del manto político es a veces muy pesada, pero hay catástrofes públicas que proporcionaron la victoria electoral a candidatos teóricamente perdedores”. El artículo que había empezado con un ejercicio de transformismo terminaba, ya lo ven, con un striptease. Aplaudan, que llega el siguiente número.
Sobre el escenario se sitúa el eurodiputado Alejo Vidal Quadras, que también es columnista en LaNación.es y, como tal, lanzador de cuchillos dialécticos. Apártense, que va uno dirigido al entrecejo de Juan María Uriarte, acusado de tibieza frente a ETA: “Al báculo del obispo de San Sebastían hay enroscada una serpiente que le envenena el alma y le convierte en un instrumento al servicio de sus siniestros fines”.
Ussía y los hijos de puta
Lo tiene difícil el prelado. Por inequívocas que sean sus palabras de rechazo a la banda terrorista, le van a crucificar igual. La única opción que le queda a Uriarte es tomar clases de Alfonso Ussía, a quien el otro día ETA le proporcionó coartada para escribir en La Razón un artículo que contenía doce veces la expresión “hijos de puta”. Como sospecharán, el epíteto le cayó a más de uno que sólo pasaba por allí: “Hijos de puta los que se ofrecen a mediar en negociaciones insoportables para la dignidad de un Estado de Derecho. El cura irlandés ese, y el mamaraché argentino con su Premio Nobel, y la gorda asquerosa del pañuelo anudado a la cabeza que viaja en primera clase por todo el mundo sembrando el odio”. Casi prefiero a Anson travestido de Soraya.