Opinión
Los beneficios de la banca en tiempos de crisis
Por Vicente Clavero
La cascada de resultados publicados a lo largo de los últimos días pone a las claras que las entidades financieras españolas más importantes están aguantando el tipo mejor que bien en medio de la crisis. El beneficio neto de las cinco mayores (Santander, BBVA, La Caixa, Caja Madrid y Popular) alcanzó los 15.090 millones de euros hasta octubre. Y eso equivale a una disminución de sólo el 1,9% respecto a los nueve primeros meses de 2007, porcentaje muy moderado si se tiene en consideración el desfavorable contexto en el que se ha producido.
Además, el negocio estrictamente bancario sigue arrojando crecientes ganancias, a despecho del encarecimiento del pasivo, de la falta de liquidez y de los inusuales niveles que ha alcanzado la morosidad. Sin contar los resultados extraordinarios (venta de activos, básicamente), la mejora del beneficio de esas cinco instituciones fue del 11,5%, frente al 16% registrado en el periodo comprendido entre enero y junio, lo que significa que la intermediación pura y dura se ha resentido del deterioro económico, desde luego, pero no de una forma dramática, al menos por el momento.
Dentro de los grandes bancos, sobresale de largo el Santander, que ha ganado casi 7.000 millones de euros y mantiene el compromiso contraído por su presidente, EMILIO BOTÍN, de llegar a los 10.000 millones al final del ejercicio. Para ello ha recurrido al procedimiento tradicional: extremar la vigilancia sobre los gastos, que ahora apenas suponen el 40% del total de sus ingresos, y aumentar el precio de sus créditos aprovechando las estrecheces del mercado financiero, de las que ha demostrado fehacientemente que también se puede sacar partido.
Estos boyantes resultados se han conocido coincidiendo con la puesta en marcha del cuantioso plan para la reactivación del crédito aprobado por el Gobierno, que prevé una inyección de fondos de hasta 50.000 millones y avales por importe de otros 100.000. Y es lógico que los ciudadanos españoles no acaben de comprender que el Estado haga semejante esfuerzo con lo bien que, visto lo visto, le está yendo a la banca.
Se confirma así la imperiosida necesidad, por un lado, de que los efectos beneficiosos de esa inyección se trasladen cuanto antes a los consumidores finales de los servicios financieros (empresas y familias) y, por otro, de que los bancos hagan algún gesto que demuestre su disposición a arrimar el hombro en tan difíciles circunstancias. Porque lo paradójico no es ya que intenten ensanchar sus márgenes, sino que luego los repartan con prodigalidad entre sus accionistas como si aquí no pasara nada(el consejero delegado del BBVA, José Ignacio Goirigolzarri, ha confirmado esta semana que subirá un 10% el dividendo correspondiente a 2008), mientras que el resto de los mortales tenemos que apretarnos el cinturón.