Opinión
Contra la crisis, tiqui-taca
Por Juan Carlos Escudier
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Por si no teníamos bastante con la depresión en la que nos han sumido once amigos de Suiza, ha tenido que venir la prensa británica a hurgar en la herida atribuyendo la derrota de España en el Mundial a las distracciones que provoca en Iker Casillas su novia, la periodista Sara Carbonero, quien además del hipo, por lo visto, quita también el sentido. Se trata, por supuesto, de una infamia más alumbrada en la pérfida Albión, que trata de huir de su propia realidad y de la de su portero maniflojo. La prueba de que Gran Bretaña está para el arrastre es que el propio Zapatero se permite dar consejos a David Cameron sobre cómo se hace un ajuste. Con eso está dicho todo.
Decía Borges que el fútbol es uno de los mayores crímenes de Inglaterra, un país al que, según el argentino, nunca se le ha echado en cara haber llenado el mundo de juegos estúpidos. Pero constatado el delito, y aun sabiendo que asistimos a una absurda pugna de once contra once que siempre solía ganar Alemania, estábamos hechos a la idea de que esta vez les daríamos lo suyo a los que se nos pusieran por delante, ya que si había algo en lo que podíamos confiar no era en el Gobierno ni en la oposición sino en el tiqui-taca, en la conexión entre Xavi e Iniesta y en la pólvora de Villa.
Resignados a quedarnos en el paro, perder el piso, ver menguar nuestros salarios, jubilarnos a los 80 o acortar aún más las vacaciones en Torrevieja, estábamos dispuestos a aceptar nuevos sacrificios con tal de ver a nuestros millonarios de rojo levantar la copa en medio de una sinfonía de insoportables vuvuzelas. Ni tras la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas en aquel fatídico 1898, nos ha hecho tanta falta un chute de autoestima en vena. Y si no puede ser con un nuevo modelo productivo en el que todos vistamos batas blancas y nos salga la fibra óptica por las orejas, que lo sea con un gol por la escuadra ante Brasil.
Del sueño nos ha espabilado un poco un churro suizo, pero no perdemos la esperanza. Este lunes pasaremos por encima de Honduras y el próximo viernes arrollaremos a Chile, que la pobre ya sabe lo que es sufrir un auténtico terremoto. Es una lástima que los mercados no puedan vestirse corto. Les daríamos una paliza del quince y luego mandaríamos a Sara Carbonero a que les haga una entrevista.