Opinión
La descendencia de Lucy
Por Ciencias
ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO
* Director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, Burgos.
En 1974, el paleoantropólogo Donald Johanson publicó un libro dedicado al descubrimiento de la especie que él y Tim White denominaron Australopithecus afarensis. Entre los numerosos fósiles recuperados de los yacimientos de Laetoli en Tanzania y Hadar en Etiopía destacaba un conjunto de restos que correspondían a una hembra. Sus descubridores bautizaron aquel ejemplar con el nombre de Lucy, el personaje femenino de la canción de los Beatles Lucy in the sky with diamonds. Muy pronto, Lucy se hizo famosa en todo el mundo. Por cierto, no puedo ocultar que la ávida y repetida lectura de aquel libro contribuyó sin duda a mi pasión por el estudio de nuestros orígenes y que conocer a su autor, un hombre afable y de una gran talla científica, fue todo un honor.
Lucy había vivido en África hace algo más de tres millones de años y pertenecía a la especie de hominino más antigua conocida hasta entonces. Así que nadie pudo dudar entonces de las conclusiones de Johanson y White. Lucy se convirtió así en el símbolo que representaba al “primer antepasado del Hombre”, como rezaba el título en castellano del libro de Donald Johanson.
Los últimos años han sido pródigos en hallazgos de fósiles africanos de una antigüedad superior a la de Lucy, de la descripción de otras especies de homininos, y de nuevos análisis que han llevado a conclusiones diferentes. Todas las evidencias han conducido a situar a Lucy y sus congéneres en el origen del género Paranthropus, cuyas especies presentan rasgos exclusivos y bien diferentes de los que distinguen a la especies de Australopithecus y Homo.
Los parántropos aparecen en África como resultado de la alternancia de cambios climáticos del Plioceno, que modificaron de manera drástica los paisajes africanos. Una verdadera oportunidad para la radiación evolutiva de los homininos. Mientras que el mayor consumo de carne se convirtió en un rasgo distintivo del nicho ecológico de los primeros Homo, la especialización en el consumo de vegetales de cierta dureza y consistencia caracterizó el nicho de los parántropos. Estos homininos conservaron un desarrollo ontogenético muy rápido, un aparato masticador muy potente y superestructuras craneales para la inserción de los músculos que intervienen en el proceso de masticación (maseteros y temporales). Su arquitectura cráneofacial también se modificó para lograr una mayor potencia en la masticación, y sus premolares y molares aumentaron su complejidad y triplicaron la superficie de oclusión. Los parántropos tuvieron éxito durante casi dos millones de años, pero su reinado en las sabanas africanas terminó a finales del Pleistoceno inferior, cuando el Homo antecessor ya paseaba por la Sierra de Atapuerca.