Opinión
A Dios rogando...
Por Ciencias
VENTANA DE OTROS OJOS // MIGUEL DELIBES DE CASTRO
*Profesor de Investigación del CSIC
Poco podía imaginar la Iglesia católica y romana que condenaba a Galileo y abrasaba en la hoguera a Giordano Bruno, demonizados por perseguir la verdad obviando los dogmas, que los propios registros de sus catedrales serían utilizados un día para intentar comprender el funcionamiento del mundo al margen de los designios divinos. Las muestras documentales de fe de pobres gentes que confiaban su destino a un ser superior, son hoy valiosos datos para los investigadores.
A lo largo de siglos, en España, los periodos de sequía catastrófica y los más escasos de lluvias torrenciales han sido tomados por castigos divinos. En cada caso, o en los más graves, la Iglesia ha organizado actos litúrgicos (desde colectas y misas a complejas procesiones) para pedir clemencia. No estés eternamente enojado; perdona a tu pueblo, perdónale, Señor. A las primeras, solicitando agua, se les llamaba rogativas pro-pluvia; las segundas eran rogativas pro-serenitate. Cuando la lluvia o la calma ansiadas llegaban, se daba gracias a Dios con misas especiales. La catedral de Toledo conserva un magnífico archivo con documentos referidos a esas rogativas, que han sido estudiados por Fernando Domínguez Castro, del Instituto Geológico y Minero de España, y otros colegas, para reconstruir patrones históricos de precipitación en el centro de la Península. Su investigación está publicada en la revista científica Global and Planetary Change.
En el plazo trascurrido entre 1506 y 1900, los estudiosos han reconocido registros de 341 rogativas pro-pluvia, 36 pro-serenitate y 94 misas de acción de gracias. No por casualidad, la mayoría corresponden a la estación primaveral, la época en que más condicionan los meteoros el rendimiento de las cosechas. Este no es lugar para dar cuenta de sus resultados, pero puede decirse que identifican dos largos periodos de frecuentes y largas sequías, entre 1600 y 1675 y entre 1711 y 1775, donde las rogativas se prolongaron, en ocasiones, durante años seguidos. ¿Estaría Dios castigando por alguna razón a los campesinos del centro de España? No parece probable, pues la anomalía climática debía funcionar a una escala más amplia. Los científicos asocian esas prolongadas sequías a la posición nororiental del anticiclón de las Azores, que habría provocado un desplazamiento hacia el norte de la zona de bajas presiones que habitualmente trae borrascas a nuestras latitudes.
Seguramente las rogativas no ayudaron a resolver los problemas que las motivaban. Siglos más tarde, no obstante, ayudan a entender la variabilidad climática y de ese modo a mejorar los modelos que permiten predecir los efectos, a escala local, del cambio climático global. Gracias a Dios (y a su Iglesia).