Opinión
Economía 'Pinchie Winchie'
Por Amparo Estrada
"Era como robar dinero”, decía Groucho. Comprabas acciones con margen, es decir, ponías sólo el 10% del precio de las acciones y el resto se lo dejabas a deber al broker o al banco, al que pagarías cuando las acciones hubieran subido y pudieras venderlas con beneficios. Pero un día, cinco semanas después de morir la madre de los hermanos Marx, todo cambió. La burbuja de 1929 estalló y todos se volvieron locos intentado vender las acciones, al tiempo que los brokers exigían a sus clientes que les pagaran las deudas. El valor de las acciones en Estados Unidos cayó a la mitad y el dinero desapareció. Groucho perdió en dos días todos sus ahorros (250.000 dólares de entonces, más de 3 millones de dólares de ahora). Harpo también, pero sólo adeudaba 10.000 dólares y los consiguió la misma noche del crack bursátil, jugando al Pinchie Winchie, una idiotez que consiste en pellizcar a otro en el mismo sitio por turnos, a ver quién aguanta más.
En el siglo XX, aquel crack bursátil norteamericano acabó arrastrando a todo el mundo occidental a una crisis económica enorme, la Gran Depresión, que culminó en la Segunda Guerra Mundial. Casi ochenta años después, en 2008, gurús y autoridades económicas manifiestan públicamente que estamos ante el inicio de la mayor crisis global desde 1929. Al margen de que esto a algunos suene a exageración (en economía siempre se deriva a la hipérbole, pero sean galgos o podencos seguro que vienen perros), lo importante es lo que se desprende de estos augurios: nuestros líderes económicos de Occidente no saben por dónde meterle mano a la crisis, y de hecho no cuentan con indicadores suficientes o correctos sobre qué pasa exactamente y por qué pasa, con lo cual no saben qué medidas tomar y las que toman no se sabe hasta dónde llegará su efecto. Hasta el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, admite desconocer cuál ha sido de verdad el efecto de la bajada de tipos de interés.
El mercado económico mundial es demasiado complejo, la diversidad es (afortunadamente) muy grande como para que unos cuantos ministros o gobernadores de bancos centrales puedan corregir a voluntad cualquier cosa. Así que esta es la pregunta: ¿es más seguro invertir en Bolsa que jugar al Pinchie Winchie? Desde luego, la enseñanza de Harpo es que te ayuda a recuperarte de las pérdidas.
A mediados de noviembre de 1929, los 25 títulos principales de entonces en Wall Street habían perdido la mitad de su valor. En los cuatro años siguientes al crack, la producción en EEUU cayó un 30% y la inversión un 80%. Ahora hemos oído decir que se nos viene encima algo parecido. Se lo hemos oído al premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz,
al multibillonario inversor George Soros, a nuestra estrella económica Rodrigo Rato y a Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal de EEUU.
Recetas del ex presidente
“Los reguladores todavía pueden fingir que aportan supervisión, pero sus capacidades están muy menguadas y van a menos”, dice Greenspan. Y lo dice una vez que se ha ido. En sus memorias, Greenspan reconoce que los mercados se han vuelto demasiado complejos para una intervención humana eficaz y que las políticas anticrisis más prometedoras son las que mantienen la libertad de acción para agentes clave como los llamados hedge funds (fondos donde no hay regulación oficial, es decir, son de alto riesgo), los private equity funds (fondos que invierten en compañías no cotizadas en bolsas) y los bancos de inversión (los agentes que intermedian y valoran compraventas de empresas al margen de los mercados bursátiles). Justo los que aparecen como corresponsables de la crisis financiera mundial.
Cuando la Gran Depresión de los años treinta, Milton Friedman dijo que el culpable fue la Reserva Federal por no haber bajado suficientemente los tipos de interés tras el crack bursátil de octubre de 1929, lo que provocó una contracción del crédito. Greenspan, que hace suya la máxima de Winston Churchill “Cuanto más atrás se mira, más adelante puede verse”, en las crisis bursátiles que le tocó vivir siguió una política de bajos tipos de interés e inyecciones de liquidez. ¿Resultado? Ahora, muchos lo consideran culpable y achacan la actual crisis derivada de los altos riesgos asumidos a que había mucho dinero y muy barato y a que se han concedido hipotecas sin las debidas garantías, originando la burbuja.
En un momento en que la Fed anuncia la mayor reforma desde la Gran Depresión para lograr un mejor control y supervisión con el fin de prevenir futuras crisis, el ex presidente de la Fed dice que aunque muchos la defiendan, una mayor regulación global puede hacer daño y, además, no sirve para nada: “¿Deberíamos montar un sistema de información global sobre las posiciones de los hedge funds y los private equity funds para ver si existe alguna concentración peligrosa que pudiera indicar potenciales implosiones financieras? Llevo viéndomelas con informes de los mercados financieros durante casi seis décadas. No sabría juzgar a partir de esos informes si unas concentraciones de posiciones son reflejo de unos mercados en proceso de hacer lo que supone que deben hacer o si está surgiendo algún movimiento peligroso. Sería toda una sorpresa para mí que alguien pudiera”.
Bueno, si Greenspan reconoce que por muchos informes que tuviera, no sabría adivinar los peligros y no cree que nadie pudiera, ¿servirá para algo la ampliación de poderes y de supervisión de la Reserva Federal sobre bancos de inversión, compañías de seguros y fondos de inversión de riesgo? Greenspan también tiene una opinión sobre eso: “En el mundo de hoy no se me alcanza en qué puede ayudar añadir más regulación gubernamental”. Si la vigilancia del sector público ya no está a la altura de la tarea, ¿jugamos al Pinchie Winchie?