Opinión
La energía y Dios
Por Ciencias
EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA
* Catedrático de Física atómica, molecular y nuclear en la Universidad de Sevilla
Todos sabemos que la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. ¿Somos conscientes del alcance de tal aseveración? Por lo pronto, constituye un principio en el que se basan nada menos que todas las ramas de la física desde la relatividad a la mecánica cuántica. O al menos lo respetan a pie juntillas. No lo descubrió una persona, como suele suceder, pues el principio de conservación de la energía lo descubrieron doce científicos más o menos simultáneamente y sin duda de manera independiente. Ocurrió a principios del XIX. Sostiene que hay algo en todos los procesos de evolución y transformación que permanece inalterable: la energía.
¿Qué diablos es la energía? En el instituto nos dijeron que es la capacidad de producir trabajo. Muy bien, porque estamos rodeados de máquinas eléctricas, mecánicas y químicas que nos alivian de un trabajo que tendríamos que hacer y en la mayoría de los casos no podríamos. Y para ello necesitan energía. Pero si esta no se crea ni se destruye, ¿de donde salió? Del Big Bang, porque la generación del universo no fue más que el surgimiento espontáneo de la energía en forma de luz, o mejor dicho, de radiación electromagnética. Una pequeña parte de esta radiación se fue transformando en partículas materiales en plan E=mc2 y estas cuajaron en núcleos y átomos que encendieron las reacciones nucleares que dieron esplendor a las estrellas. La energía de algunas de éstas dio vida a algún que otro de sus planetas y aquí estamos.
Estas transformaciones tuvieron lugar en un sentido y no el inverso (un huevo frito es difícil que se transforme en un huevo recién puesto por la gallina) por lo que el tiempo se hizo inherente a la energía. Y el espacio, porque si no a ver dónde iba a tener lugar todo esto. Así pues la energía es… ¡el propio universo! No es extraño entonces que varios observadores del universo se dieran cuenta a la vez de lo que permanece constante en el mundo. Se puede argüir que la filosofía y la teología ya habían dicho algo de esto. Siendo condescendientes, se podría concluir que si la energía primordial es la fuente de todo, toma mil facetas y permanece inalterada desde que se creó… ¡la energía es Dios! Como esto es muy complicado para dejarlo en manos de científicos, filósofos y teólogos, lo mejor es dar paso a los poetas. Y la luz engendró lo más desconocido: un sutil pensamiento ante el asombro. Y amaneció el origen, el frenético fuego abrasando, abrazando los silenciosos mundos, creando la expansión de ese universo errante cuya energía canta la armonía, la gestación feral de la belleza. Así de bonito lo expresó Justo Jorge Padrón.