Opinión
La exploración del espacio
Por Ciencias
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EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA
* Catedrático de Física Atómica Molecular y Nuclear de la Universidad de Sevilla
La exploración espacial se basa en dos tipos de proyectos: los instrumentales y los tripulados. Los primeros han sido una fuente admirable de conocimientos y riqueza; los segundos, científicamente irrelevantes y económicamente ruinosos, son los que interesan a la mayoría de la gente y a los políticos.
Con las misiones espaciales no tripuladas se consiguieron conquistas tecnológicas que ya son familiares: satélites meteorológicos, de comunicaciones, telescopios en todos los rangos de la radiación, sistemas de posicionamiento como el GPS y el próximo Galileo, etcétera. Y lo que quizá sea más llamativo: se han explorado prácticamente todos los planetas del sistema solar. Una pequeña nave, la Voyager II, después de 30 años enviando preciosos datos planetarios, va a abandonar el sistema solar y perderse en la Galaxia.
Para colmo de dicha en la exploración espacial instrumental, lo que al principio fue una aventura armamentística estadounidense y soviética, ahora está abierta a un buen número de países con intereses pacíficos. Por otro lado, las sondas instrumentales han confirmado lo que en buena medida ya se había descubierto desde la Tierra: el único destino humano posible sería Marte, por la extrema inhospitalidad de los demás planetas y sus lunas. Hasta los más recalcitrantes entusiastas de los vuelos tripulados –dejando aparte los de Hollywood–, admitieron que no hay otro sitio donde ir. Además, con la tecnología actual de propulsión, unos astronautas tardarían unos 200 años en navegar hasta el astro más cercano y regresar.
Hay que reconocer que llevar hombres a la Luna en 1969 fue una auténtica proeza tecnológica, cuyo objetivo se cumplió cabalmente: derrotar a la URSS en ese campo. Pero también hay que considerar que los estadounidenses alunizaron cinco veces más, y dieron por concluida la aventura porque aquello ya dejaba indiferente al pueblo. Si algo útil nos han enseñado los vuelos tripulados es que la ausencia de gravedad afecta fisiológicamente a la larga: estrés, debilitamiento de los huesos y músculos, diarrea endémica, insuficiencia inmunitaria, alteración del sueño y brotes alternados de depresión, ansiedad y euforia. Y eso sin tener en cuenta la peligrosa radiación ionizante, que se hace letal en cuanto se abandona el abrigo magnético de la Tierra.
Así pues, si aceptamos la propuesta de la NASA de financiar entre todos los países un viaje tripulado a Marte, sepamos que nos gastaremos una portentosa fortuna, desatenderemos una o dos décadas la auténtica exploración espacial y, tras siete meses de viaje (de ida), unos maltrechos y escuálidos astronautas no descubrirán ni una mínima parte de lo que ya han encontrado los instrumentos. Pero, indudablemente, la industria aeroespacial estadounidense será el sostén del imperio; y la propaganda mundial, su fundamento ideológico.