Opinión
'Feng shui'
Por Público -
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A principios de noviembre cayó una fuerte nevada prematura en Beijing, que antes de que se impusiera la nueva modificación de la transcripción fonética del chino se llamaba Pekín. Pero no fue cosa de la naturaleza, que anda perdida con el asunto del cambio climático, sino de la administración municipal, según lo informó a la prensa el señor Zhang Qiang, director de la Oficina de Modificación del Tiempo de la capital china. El fenómeno meteorológico se debió a la intervención de los servicios a su cargo, que dispararon contra las nubes 186 cargas de yoduro de plata.
La verdad es que no sé cómo se llama en castellano la oficina que dirige el señor Zhang: si de Modificación del Tiempo o de Modificación del Clima. Ambos propósitos, igualmente ambiciosos, caben en China. La primera acepción podría referirse a las drásticas intervenciones sobre el tiempo cronológico, es decir, el político, del Emperador Amarillo Huang Di, aquel que mandó quemar todos los libros hace treinta siglos, o a las de Mao Tse Tung, el Emperador Rojo que quiso sustituirlos por un solo Pequeño Libro Rojo hace 30 años.
La segunda pertenece, indiscutiblemente, al pensamiento de Confucio: durante milenios ha habido en China una Oficina de Modificación del Tiempo dirigida por un alto funcionario (mandarín imperial o comisario del partido) encargada de controlar el tiempo meteorológico: el trueno, el rayo, las sequías, las nevadas del invierno. Una oficina burocrática (en China esto no es una redundancia) que les ruega cortesmente a los cielos que se apiaden y hagan llover, o que, como la que preside el señor Zhang, los obliga brutalmente a llover o a nevar a fuerza de cañonazos. El feng shui, esa ciencia geomántica de la sabiduría tradicional de China, que viene de los tiempos del emperador Huang Di y fue codificada por Confucio y sobrevivió a la tormenta de la Revolución cultural de Mao Tse Tung, significa exactamente eso: viento y agua. Y sirve para adecuar el hombre a la naturaleza, o la naturaleza al hombre.
Todo esto viene a cuento porque la semana que viene empieza en Copenhague una gran conferencia mundial sobre el cambio climático que reúne enviados de casi 200 países, encabezados por los dos más grandes productores de gases contaminantes de efecto invernadero, que son Estados Unidos y China. No es un chiste ni una broma: sería bueno que participara en ella el señor Zhang Qiang, director de la Oficina de Modificación del Tiempo de Pekín.