Opinión
El nuevo panorama de Colonial
Por Vicente Clavero
En General Electric deben de estar que fuman en pipa con LUIS PORTILLO y la familia NOZALEDA, los dos accionistas mayoritarios de Colonial, que han dejado con un palmo de narices a los americanos al conocerse su firme decisión de vender la inmobiliaria al fondo soberano del pequeño emirato de Dubai.
La existencia de un preacuerdo con los árabes se desveló el viernes, después de permanecer cinco días en secreto, tiempo en el que General Electric, ajena a lo que estaba cociéndose a sus espaldas, mantuvo viva la esperanza de comprar Colonial, pese a que el consejo le había negado la víspera el preceptivo acceso a las cuentas.
La impresión general es que Portillo y los Nozaleda han utilizado a General Electric como señuelo para despertar el interés de otros inversores y cerrar la operación cuanto antes, salvándose así de la hoguera que los bancos acreedores hubieran encendido si la crisis de la inmobiliaria se alargaba.
Salvo que las cosas se tuerzan, el dinero procedente de la explotación de los recursos petrolíferos del Estado de Dubai sacará a los dos socios principales de Colonial del aprieto en que están metidos, pero tendrá un par de efectos colaterales que no conviene perder de vista.
El primero es que el fondo, al hacerse de golpe con más de un 30% del capital (Portillo y los Nozaleda controlan el 54%), deberá lanzar una opa, que seguramente infligirá un fuerte quebranto a los pequeños accionistas; sobre todo, a aquellos que entraron cuando todo iba viento en popa y nada permitía prever el descalabro del valor en bolsa.
Otra consecuencia del cambio de manos de Colonial estriba en que los dubaitíes se van a colar de rondón nada menos que en FCC, de la que posee un 15% la inmobiliaria, que no ha querido desprenderse de ese paquete ni siquiera en los peores momentos de su brusco declive de las últimas semanas.
Probablemente eso removerá los recuerdos de ESTHER KOPLOWITZ y devolverá a su memoria una vieja historia, con KIO de por medio, que acabó como el rosario de la aurora: el fallido asalto al Banco Central protagonizado por su esposo, ALBERTO ALCOCER, y el primo de éste, ALBERTO CORTINA, a finales de los ochenta. Aquel episodio tuvo insospechadas derivaciones incluso familiares, que marcaron un antes y un después en la vida de la principal propietaria de FCC y de su hermana ALICIA.
Nada tendría de particular, por tanto, que el trato entre Portillo, los Nozaleda y el brazo inversor de Dubai le haya puesto los pelos de punta a la mayor de las Koplowitz.