Opinión
Un plan sugerente con muchas incógnitas
Por Vicente Clavero
Estados Unidos se acostó el viernes con la tasa de paro más alta de los últimos 15 años (6,7%) y se levantó ayer con el anuncio de un detallado plan de fomento del empleo, cuyo objetivo es la creación de dos millones y medio de puestos de trabajo. Para ponerlo en marcha, Obama pretende movilizar cuantiosos fondos federales, que esta vez no se dedicarán a taponar las vías de agua abiertas en el sistema financiero, sino a emprender una ambiciosa modernización de las infraestructuras del país, más necesitadas de ello en líneas generales que las de Europa. El importe de esas inversiones no ha sido revelado por el presidente electo, que sólo conocerá las disponibilidades presupuestarias reales después de tomar posesión el 20 de enero, aunque nada tendría de particular que apelara al déficit público, con lo que, de una u otra forma, acabaríamos pagándolas entre todos.
Al plan de empleo de Obama se le considera un anticipo de su particular New Deal: el paquete de medidas con el que se ha comprometido a plantar cara a la recesión, como Roosevelt hizo en los años treinta. Su antepasado estableció controles bancarios para evitar que el crash del 29 se repitiera y del nuevo inquilino de la Casa Blanca se espera que colabore decididamente en la lucha contra las miserias que han llevado a la calamitosa situación en que la economía mundial se encuentra.