Opinión
Los platos ratos del PSOE
Por Juan Carlos Escudier
Si se admite que los problemas que no tienen solución dejan de serlo, el PSOE no tiene de qué preocuparse. Sencillamente, no hay arreglo para tanto destrozo como ha causado. La situación es muy parecida a la del vaso de vidrio que se estrella contra el suelo. Se puede pretender recomponer con loctite los fragmentos, pero hay que tener mucho valor para luego echar un trago. Barridos los restos de Zapatero y pulverizados en miles de cristalitos unos barones que han sido despedidos a la francesa de sus baronías, lo único que queda es sustituir la cristalería y hacer una catarsis con el resto del juego de mesa.
En la elección de una vajilla lo primero a considerar es a quién va uno a sentar a la mesa. En función de eso, se perfila el menú, porque no es lo mismo servir una vichyssoise a Botín que unas lentejas a los indignados del 15-M. Sin embargo, mientras que el interés de los militantes y del resto de la ciudadanía es saber qué habrá en el plato, el de los actuales dirigentes del partido es imponer al que tendrá la sartén por el mango, de quien, a cambio de su apoyo, esperan conseguir que no les envíe al trastero como restos de serie. En cierta medida, también les preocupa la comida, pero la suya.
Metidos en estos fregados, entre mirar la realidad y su propio ombligo el PSOE ha optado por lo segundo, desperdiciando la ocasión de comprender lo sucedido. Las conclusiones pueden resumirse en dos: a los socialistas les ha abandonado el desodorante y el electorado no ha podido aguantar tanto olor a derecha; además, ha identificado como culpable a Zapatero, al que urge retirar para que pague los platos rotos y porque, a semejanza de lo que ocurrió con Aznar en 2004, siempre se votará contra él aunque no se presente.
Sin un cambio radical de discurso, es indiferente cómo se elija la vajilla o cuál sea la marca, aunque los viejos cazos del partido crean que con el modelo Rubalcaba -lo más parecido a la cubertería de la abuela-, tengan más posibilidades de seguir en el ajo, y por eso han obligado a Chacón a entregar la cuchara. No habrá quien les evite un nuevo estropicio.