Opinión
Va a resultar que no podemos
Por Juan Carlos Escudier
-Actualizado a
Como nada de lo que pasa en el Imperio no pilla a contramano, hemos seguido las legislativas de Estados Unidos tal que si estuviéramos en Idaho, o casi. En los bares no se hablaba ayer de otra cosa: que si Obama no quería té, ahora se tomará dos tazas; que Christine O’Donell, la candidata que había declarado la guerra a la masturbación, no estaría muy satisfecha, pero no por su abstinencia sino porque no había mojado en Delaware; que Nancy Pelosi estaría recogiendo los cajones de presidenta del Congreso para ceder la maza al republicano John Boehner; y así. No tenemos muy claro el nombre del presidente de la Rioja pero conocemos la vida de Rand Paul y de Marco Rubio mejor que la de Belén Esteban.
Nos han hecho a la fuerza expertos en la política estadounidense y, a raíz de ello, hemos sentido mucho el revés de Obama, un tipo que habla tan bien que hasta las madres que no saben inglés parecen entenderle y pretenderle como yerno. Tan amplio es nuestro background en estas lides, que no damos mucha importancia a que se haya dejado por el camino la mayoría en la Cámara de Representantes, ya que también a Clinton y a Reagan les dieron un rapapolvo a los dos años de su mandato y luego arrasaron en la reelección. Por experiencia sabemos que unos cambios en el ala oeste de la Casa Blanca, incluido el papel pintado, son mano de santo. Porque aquí no vamos sobrados, que si no seríamos capaces de enviarle en comisión de servicios a Rubalcaba, lo más parecido que tenemos a un superhéroe con visión de rayos infrarrojos.
Eso no quita para que, al igual que a los estadounidenses, Obama nos tenga bastante decepcionados. Apreciamos, claro, que haya extendido la cobertura médica a varios millones de sus conciudadanos, pero seguimos sin ver claro en qué ha cambiado el mundo desde que está a los mandos. A la conclusión de que todo seguirá igual están llegando también en Wall Street, que vieron venir a Obama hecho un león y alejarse hacia Main Street como un lindo gatito.
Llegamos a creernos realmente que podíamos, que cambiaríamos paz por bombas, que cerraríamos Guantánamo, que meteríamos en cintura a los especuladores, y hasta que los indocumentados podrían adquirir la condición de personas. Obama tiene dos años para convencernos de que no estábamos mal informados del todo.