Opinión
A los rusos les toca mover ficha
Por Vicente Clavero
Lukoil ya tiene sobre la mesa una oferta concreta para meter la cabeza en Repsol. Su entrada en el capital de la petrolera española se produciría mediante la compra de un 20% del capital. La mitad de ese porcentaje se lo proporcionaría Sacyr y el resto provendría de La Caixa, Caixa Catalunya y Mutua Madrileña. El precio total de la participación rondaría los 6.000 millones, a razón de 26,7 euros por acción. A pesar de la notable prima que pagaría (casi un 100%), los rusos tendrían una influencia muy limitada en Repsol, cuya españolidad quedaría así garantizada.
Esta fórmula es vista con buenos ojos por los miembros más reticentes del Gobierno. Éstos, no se sabe muy bien por qué, rechazaban de plano que Lukoil se hiciera con el 29,9% de Repsol y, sin embargo, consideran que el 20% resulta aceptable. Desde una perspectiva empresarial, la diferencia no es demasiado relevante. Pero debe de serlo políticamente, porque en otro caso no se entiende que lo que antes merecía una reprobación en toda regla entre ahora dentro de lo que un Estado sensato y responsable puede admitir, aunque no acabe de gustarle.
Para los vendedores, traspasarle el 20% de Repsol a los rusos, en vez delo 29,9%, no representa un inconveniente excesivamente grande. La Caixa, Caixa Catalunya y Mutua Madrileña se desprenderían del mismo paquete que tenían previsto y con unas ganancias similares. Sacyr soltaría sólo la mitad, pero con una ventaja: podría seguir anotándose por puesta en equivalencia parte de los beneficios de la petrolera. Y eso es le vendría muy bien, habida cuenta el quebranto que está infligiendo a sus cuentas la crisis del sector inmobiliario, en el que está metido hasta el cuello a través de Vallehermoso.
Cosa distintas es que a Lukoil le interese un pacto en el que pagaría una sustanciosa cantidad de dinero a cambio de algo que en el mercado vale poco más de la mitad. Y sin ninguna ventaja añadida, toda vez que la cesión del control de Repsol ni entra en los cálculos de sus accionistas de referencia (al menos de la Caixa) ni sería del gusto del Gobierno. Unos y otros quieren, según dicen, que la petrolera siga siendo privada, independiente y española, tres cualidades que durante los últimos días han estado en el aire.
El farol de Brufau
El compromiso adquirido públicamente el miércoles por el presidente de Repsol de que dejaría el cargo si no se daban esas condiciones tiene todas las trazas de un brindis al sol. ANTONIO BRUFAU ha sido uno de los grandes muñidores del acuerdo con los rusos, que siempre consideró su tabla de salvación para conservar su puesto. Que ahora abomine de ellos sólo puede ser fruto de su certeza de que Lukoil se va a retirar de la partida o de que está dispuesta a aceptar las condiciones que se le impongan.