Opinión
Sánchez Galán, el ‘Kaká’ de la empresa
Por Amparo Estrada
Los pactos de no agresión son moneda corriente en los consejos de administración de las grandes empresas. Allí se juntan los altísimos directivos y sus consejeros, representantes de los principales accionistas. Entre todos se ponen las condiciones de retribución, generalmente estratosféricas, y luego aprobadas en las juntas de accionistas. Como entre profesionales no se pisan la manguera, la brecha salarial con los empleados de base no para de crecer.
Un ejemplo: el presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, obtuvo el año pasado 1.900 euros a la hora. Galán está al nivel de grandes futbolistas, por debajo de Beckham (3.700 euros por hora) o de Messi (3.200 euros a la hora), pero por encima de Kaká (1.700 euros por hora). No es un caso aislado. Hay directivos que ganan cuarenta, incluso ochenta veces más que la retribución media de uno de sus empleados. De eso saben en Telefónica, Santander o BBVA. ¿Está justificada tanta diferencia entre lo que ganan unos y otros? La respuesta parece clara.
El Senado de EEUU, tierra de promisión para la libertad de empresa, avergonzó a los máximos directivos de la gran banca y la industria del automóvil por sus sueldos y gastos escandalosos. ¿Quién ha venido en su jet privado?, preguntó el senador a los presidentes de General Motors, Chrysler y Ford. Todos lo habían hecho. A la siguiente comparecencia, acudieron en coche habiéndose desprendido de algún que otro avión. ¿Basta una reprimenda pública del Pueblo? Fijo que no. En su programa para las elecciones europeas, el PSOE propone limitar los sueldos de los directivos. También Platini, presidente de la UEFA, ha solicitado que se limiten los salarios de los futbolistas. ¿Puede una ley limitar la libertad salarial? ¿Será sólo un guiño electoral?