Opinión
Santa Bárbara, con los patronos
Por Juan Carlos Escudier
Tan exhaustiva ha sido la información sobre su vidas, que podremos ir reconociendo a los 33 mineros chilenos a medida que se muestren al sol de Atacama y se limpien el hollín de sus caras. Sí, diremos, ese es el que monta barcos dentro de botellas; y aquel otro es el que las vacía porque tiene problemas con el alcohol; y el de más allá es el que canta rancheras; y éste es el líder del grupo al que se le insubordinaron los subcontratados. En cambio, de los dueños de la mina, Marcelo Kemeny y Alejandro Bohn, cuñados ellos, sólo tenemos la intuición de que se irán de rositas dando vivas a Santa Bárbara.
Moreno, lustroso y con poco pelo, Kemeny es el heredero de la mina. En marzo de 2004 uno de sus trabajadores murió sepultado por un derrumbe. Quedó acreditada la ausencia de medidas de seguridad y se le condenó a un indemnización que no ha pagado. Cinco meses después la Sociedad Nacional de Minería de Chile le premiaba por su trayectoria y aporte al sector. Ni las multas de la Dirección de Trabajo ni las deudas con el Instituto de Previsión Social y la Asociación Chilena de Seguridad impidieron que el 10 de agosto de 2005, día del Minero, recibiera el Premio San Lorenzo, en reconocimiento a los avances competitivos de sus explotaciones. Al año siguiente, otro desplome mataba a un chófer y una explosión a un ayudante de geólogo. En el conjunto del año se produjeron 56 accidentes graves con el balance de dos muertos y 182 heridos.
De nariz aguileña y bolsas bajo los ojos, Bohn llegó para gestionar un negocio muy arriesgado en el que algunos se dejaban hasta las piernas, como el minero que en julio de este año perdió una de las suyas al caerle encima una roca. El cuñadísimo es un ahorrador nato, al punto de haber dejado sin seguro médico a los mineros, que lo de las pólizas siempre estuvo carísimo.
Si piensan que por fin les ha llegado su hora a estos dos pájaros se equivocan. En Chile no es delito incumplir las normas de seguridad. Sólo si hubiera habido muertos o heridos se les podría haber acusado de homicidio involuntario o lesiones. Así que se da la paradoja de que el final feliz también lo será para estos dos respetables hombres de negocios, a quienes la cárcel se les resiste. No es descartable, incluso, que Kemeny reciba otro premio a toda su trayectoria.