Opinión
Tras la senda de las aerolíneas 'low cost'
Por Vicente Clavero
El duro castigo que la crisis está infligiendo a las líneas aéreas, con caídas de la demanda en torno al 10%, aporta un argumento de peso para acelerar la transformación del sector, iniciada hace ya varios años a la vista del indudable éxito de las compañías de bajo coste. Para aguantar el pulso de las low cost, la mayoría de los operadores tradicionales emprendieron en su día una progresiva cura de adelgazamiento, que últimamente se ha intensificado para compensar en lo posible el drástico descenso de los ingresos.
El esfuerzo se centra en un severo ajuste de la oferta, mediante el agrupamiento o la supresión de los vuelos menos rentables, e incluso de rutas completas, con la reducción de personal correspondiente. Todas las grandes aerolíneas han dejado en los últimos meses aviones en tierra y han aligerado sus plantillas, aunque ni aún así podrán evitar que la industria cierre 2009 con unas pérdidas colosales, cifradas en 7.000 millones por la IATA.
Además de la oferta, también el servicio se está resintiendo de una política dictada por la obsesión de recortar los gastos o de cobrar por lo que antes era gratis, a despecho de los inconvenientes que deban sufrir por ello los usuarios. Primero fueron los menús a bordo, que IBERIA, por ejemplo, suprimió a primeros de marzo de 2004 en la clase turista de los trayectos cortos. Después, la distribución de prensa, cada vez más cicatera, excepto para los pasajeros de bussines. Y ahora BRITISH AIRWAYS pretende establecer un recargo por la reserva de determinadas plazas, como las situadas junto a la ventanilla o junto a la salida de emergencia.
Aunque la idea de la china SPRING AIRLINES de viajar de pie para que quepan más pasajeros en los vuelos parece hoy todavía una quimera, está claro que el empobrecimiento del servicio que proporcionan las compañías todavía puede dar de sí. Y, en consecuencia, este imparable proceso hará que las diferencias entre las tradicionales y las de bajo coste, ya muy desdibujadas, tarde o temprano prácticamente desaparezcan.
Paso atrás
Las aerolíneas tradicionales, por otra parte, están dejando campo libre a las low cost en algunos segmentos donde cada vez les compensa menos operar. Es el caso de Iberia, que se ha concentrado en la explotación de las rutas con América Latina, mientras su presencia en el mercado doméstico disminuye sin cesar. La compañía española de bandera confía, no obstante, en que de este repliegue saquen partido su subsidiaria AIR NOSTRUM y la nueva VUELING, en cuyo capital social tiene mayoría.
Cambio de liderazgo
Un hito en la guerra que mantienen las aerolíneas tradicionales y las de bajo coste se produjo en agosto, cuando RYANAIR desbancó a Iberia del primer puesto del ranking por pasajeros transportados. La agresiva política de precios aplicada por los irlandeses, que movieron ese mes en España a más de dos millones de personas, cayó sobre terreno abonado en un país donde la crisis ha reducido notablemente la capacidad de compra de los ciudadanos.
¿Un relevo temporal?
Si se contabilizan los ocho primeros meses del año, Iberia conserva su liderazgo, pero lo ocurrido en agosto es un toque de atención, sobre todo teniendo en cuenta que no se trata de un hecho aislado. Otras dos compañías de bajo coste, EASYJET y AIR BERLIN, se han encaramado a la tercera y a la cuarta posición del ranking, respectivamente, relegando a SPANAIR y AIR EUROPA.