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Aberri Eguna, el símbolo del nacionalismo vasco que el franquismo no logró aniquilar

Se cumplen 90 años de la primera celebración del Día de la Patria Vasca, impulsada por el histórico dirigente nacionalista Luis Arana. La dictadura reprimió los actos clandestinos que se registraron en los años sesenta. En 1977, con Francisco Franco ya muerto, la Policía impidió una convocatoria de este tipo en Vitoria-Gasteiz.

Aberri Eguna
Imagen del Aberri Eguna celebrado por el PNV en Bilbao en 2019. H. Bilbao / EUROPA PRESS

Calles desbordadas, ikurriñas en alto y una reivindicación que atravesó Bilbao: Euskadi reivindicada como nación. Hace 90 años, el PNV movilizó a sus bases en la capital vizcaína para dar vida al primer Aberri Eguna, el Día de la Patria Vasca. Nacía así un símbolo que acabaría prohibido y perseguido por la dictadura franquista. 

"Las fuentes hablan de entre 65.000 y 70.000 personas, por lo que posiblemente estemos ante el mayor acto político celebrado hasta entonces en Euskadi", afirma desde la Fundación Sabino Arana el historiador Luis de Guezala, un experto en nacionalismo que hoy habla desde esas mismas calles de Bilbao que en 1932 se vieron repletas de manifestantes.

Ese año se cumplía medio siglo de una reflexión clave en el desarrollo histórico del pensamiento nacionalista vasco: en 1892, Sabino Arana (quien fallecería en 1903) y su hermano Luis rompieron con el carlismo, al tiempo que dejaron sentadas las bases de la reivindicación nacional vasca. 

"En segundo lugar, el nacionalismo vasco se sumaba a una fecha mítica para los irlandeses que hacía pocos años habían dejado de pertenecer a Gran Bretaña. Para los irlandeses, el Domingo de Resurrección era la fecha para celebrar anualmente la recuperación nacional", señala el historiador Iñaki Egaña en una de las entradas del "Nuevo diccionario histórico-político de Euskal Herria", editado por Txalaparta.

El investigador destaca además que "el mundo abertzale de los comienzos de 1930 pasaba por una escisión reciente, la aparición de ANV (Acción Nacionalista Vasca), y estaba en el punto de mira del nacionalismo español de siempre". "Así los dirigentes jeltzales consideraron necesaria la convocatoria de una gran movilización de masas encaminada a recuperar protagonismo político", subraya.

Egaña apunta otro dato. Con esa convocatoria, "el propio PNV ejercía un pulso con el Gobierno de Madrid que, sistemáticamente, prohibía todos sus actos". "Este primer Aberri Eguna –explica el historiador– fue camuflado en forma de fiesta religioso-folclórica y tuvo también mucho de ella. De esta forma recibió el visto bueno de las autoridades gubernativas".

Por su parte, Guezala destaca que la convocatoria corrió a cargo de Euzko Abertzale Idazkaritza, "una asociación que constituye el PNV como elemento dinamizador". En el diccionario de Egaña se señala como día concreto de la celebración el 27 de marzo de 1932, Domingo de Resurrección de ese año. 

El último Aberri Eguna antes de la larga noche franquista tuvo lugar en la Pascua de 1936. "La guerra estaba a la vuelta de la esquina y el PNV atrasó las celebraciones en actos descentralizados y locales que, sin ruido y mucho temor, se celebraron el 31 de mayo. Sólo un mes y medio después llegaba la sublevación franquista y la guerra", describe Egaña.

El primer Día de la Patria Vasca tras la Guerra Civil se celebró en 1963 en la localidad labortana de Itsasu, al otro lado de la frontera, convocado por la organización Enbata "con el apoyo de ETA que editó, con tal motivo, un número especial de su publicación Zutik", explica el historiador. A este lado, la jornada de reivindicación incluyó acciones tales como la aparición de numerosas ikurriñas en Oiartzun (Gipuzkoa).

El símbolo de Gernika

En 1964, el PNV convocó un acto de Aberri Eguna en Gernika que, según describe Egaña en su libro, contó con el apoyo de ETA. "Se habla de una asistencia de entre 25.000 y 60.000 personas, de tal forma que desbordó a los propios convocantes", destaca por su parte Guezala, quien subraya el "gran valor simbólico" que despertaban tanto Gernika como la propia recuperación de esa jornada reivindicaba bajo la dictadura franquista, acérrima enemiga de todo lo que implicase una reivindicación vasca.

Al año siguiente, las organizaciones abertzales intentaron repetir la jugada en Bergara (Gipuzkoa), pero la Policía franquista aisló el municipio. Las convocatorias se repetirían los siguientes Domingos de Resurrección, con respuestas brutales por parte de las Fuerzas de Seguridad. Solo en 1967, coincidiendo con una convocatoria unitaria del nacionalismo en Iruñea, se practicaron 347 detenciones y hubo una multitud de heridos.

Al año siguiente, casi trescientas personas serían detenidas en Donostia. "La Policía utilizó agentes montados a caballo, así como helicópteros y alambradas de espino para separar la ciudad por sus puentes sobre el río Urumea en zonas de actuación diversa", relata Egaña.

El boletín "Alderdi" del PNV recogió esos hechos a lo largo de sus páginas clandestinas. "Cuando aparecía un grupo de manifestantes la fuerza omnipresente los disolvía violentamente haciendo acudir jeeps y autobombas", señala la publicación en un número difundido poco después del Aberri Eguna.

El PNV describía además que "los accesos por mar habían sido controlados con una fragata y varias lanchas armadas impedían la entrada de cualquier embarcación", al tiempo que "se practicaron numerosas detenciones". 

Vitoria cercada

Franco murió en 1975, pero la persecución contra el Aberri Eguna continuó hasta 1977. Ese año, "la Policía impidió una concentración en Vitoria-Gasteiz cercando la ciudad", recuerda Guezala desde la Fundación Sabino Arana.

El primer Día de la Patria Vasca autorizado por el Gobierno español llegó en 1978, cuando se celebraron actos en las principales localidades vascas. El Aberri Eguna sirvió también entonces para sacar a la calle la pancarta de "autodeterminación". Detrás de ella se colocaron dirigentes socialistas como Nicolás Redondo o Txiki Benegas, quienes luego se alejarían de esa postura. 

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