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Análisis Susana Díaz y Pedro Sánchez: cambio de clima

Una reunión en La Moncloa entre ambos dirigentes, hasta ahora enfrentados, genera expectación en el PSOE de Andalucía, cuyos cuadros quieren calma

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El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, junto a la secretaria general del PSOE andaluz, Susana Díaz, la semana pasada. - EFE

Los contextos son fundamentales. Los contextos delimitan lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer. Esta idea también vale para la política.

El PSOE, después de haber pasado por una de las etapas más convulsas de toda su historia, una etapa de enfrentamiento fratricida que dejó duras secuelas y que acabó con la paciencia de buena parte de los cuadros del partido, hartos de guerras, una etapa en la que resistió por los pelos el embate de Podemos, afronta hoy, cerrado ya el ciclo electoral, el futuro de otra manera. Lo hace con un líder. Pedro Sánchez, desde el pasado 28 de abril, es un líder con todas las letras. Es el líder del PSOE.

El PSOE tiene dos mayorías absolutas en Extremadura y Castilla La Mancha -prácticamente impensables en este ciclo político, que comenzó con la irrupción de Podemos en las europeas de 2014- y nadie, ni tampoco Susana Díaz, la expresidenta de la Junta de Andalucía, la que fuera rival de Sánchez en unas primarias a cara de perro, le discute ya al presidente su autoridad, según las fuentes consultadas.

“En el PSOE son las urnas las que dan y quitan los liderazgos. Pedro Sánchez no ganó las primarias cuando fueron las primarias. Las ganó el 28 de abril (el día de las generales)”, afirma, en conversación con Público, un experimentado dirigente del PSOE de Andalucía. Ese, el día de las generales, fue el día en que los socialistas encontraron a su líder para los próximos años. El liderazgo de Sánchez, si se hace caso a esta tesis, está hoy avalado por unas elecciones generales, por unas municipales y por unas europeas, en las que el PSOE recuperó un porcentaje de voto por encima del 30% y le sacó doce puntos al PP.

Ahora Sánchez busca formar un gobierno en minoría, con los apoyos externos fundamentalmente de Podemos y de partidos regionalistas. Para lograrlo afronta unas complejas negociaciones y, en paralelo, también quiere obtener, mediante pactos hacia la izquierda y el centro, el mayor poder territorial posible, el que refrende el apoyo que las candidaturas socialistas recibieron en las urnas. El PSOE fue la primera fuerza en diez de las doce Comunidades -todas salvo Cantabria (PRC) y Navarra (NA+)- en las que se votó el pasado domingo.

Lo que menos necesita Sánchez en este momento, argumentan las fuentes socialistas consultadas por Público, es un incendio en Andalucía, la federación más numerosa del PSOE, que dificulte, que ponga trabas o torpedee las negociaciones o le obligue a ocuparse de asuntos que, a la vista del calendario, pueden esperar. Por otro lado, los coroneles de Sánchez en Andalucía, singularmente Kiko Toscano, alcalde de Dos Hermanas, tienen prisa por propiciar el principio del fin del mando de Díaz, quien quiere repetir como candidata a la Junta de Andalucía.

Para ello, para volcar las mayorías a su favor en las provincias andaluzas, quieren entrar en las Diputaciones -una estructura de poder clave en el nivel local, porque dan servicio a numerosísimos municipios- y, por el camino, llevarse por delante, como sea, a uno de los presidentes, el de la Diputación de Sevilla, el veterano Fernando Rodríguez Villalobos, uno de los referentes políticos de la expresidenta de la Junta de Andalucía.

Lealtad mutua

Este es, en lo fundamental, el contexto en el que Díaz y Sánchez, hasta ahora enemigos íntimos, se reunieron, durante un buen rato, a solas el pasado lunes en La Moncloa, a las pocas horas de que se cerrase el ciclo electoral. Esa reunión, en la que la dirección del partido en Andalucía venía trabajando desde hace tiempo -y que se pretendía discreta-, a tenor de los mensajes que emitieron tanto la estructura federal, a través de José Luis Ábalos, el secretario de Organización, como la andaluza, en diferentes conversaciones, ha traído un cambio de clima entre Díaz y Sánchez, y, por ende, entre Ferraz y San Vicente.

¿Es este cambio de clima real, de verdad? ¿Implicará una tregua que dé paso a un periodo de paz orgánica hasta que lleguen de manera natural los congresos? Estas son cuestiones que solo tendrán respuesta con el tiempo. Sin embargo, esta vez, según las fuentes consultadas por Público, la dirección andaluza quiere que ese cambio de clima cuaje, fructifique.

Díaz, después de haberse llevado dos mandobles que hubieran enviado a su casa a cualquiera -primero la derrota en las primarias y luego la pérdida de la Junta-, quiere ahora guiar al PSOE de Andalucía al lugar que ocupó tradicionalmente en la estructura federal: una federación leal y con la que se sea leal también, influyente y con peso específico. La idea es entrar en una etapa de coordinación permanente entre Ejecutivas y dar paso a un periodo de calma orgánica que permita a Sánchez ejecutar su proyecto sin chinas en el camino.

Díaz quiere, bajo la premisa de la lealtad mutua entre Ferraz y San Vicente, tranquilidad para ella y también para el presidente, que tiene por delante un trabajo que hacer y que, a poco que lo haga bien, si no pierde esa conexión con la sociedad que le ha llevado a ganar las elecciones generales y a ser presidente por sus propios méritos, y cuente con el apoyo de un partido unido, podría llevar al PSOE a recuperar cuotas de voto hoy olvidadas, lo cual facilitaría el retorno de los socialistas al Gobierno andaluz. La colaboración, a la vista de estas consideraciones, se impone. 

El primer episodio que pondrá a prueba este cambio de clima y que dará pistas de si es de verdad, vendrá después de la constitución de los Ayuntamientos, con las diputaciones. Si las dos direcciones logran llegar a acuerdos e integrar sensibilidades, será un síntoma de paz.

Desconcierto y expectación

La reunión entre Díaz y Sánchez, y el cambio de clima que trajo consigo, desconcertó a mucha gente en el partido en Andalucía, sobre todo del sector sanchista, y levantó algunas expectativas en cuadros del partido que apuestan por consolidar el momento dulce que vive el PSOE en términos electorales, de que pudiera entrarse en un periodo de calma, que despeje el horizonte próximo y permita al partido comenzar a cerrar las heridas, aún abiertas, que dejó la traumática defenestración de Sánchez y las primarias que la siguieron. “Ojalá sea verdad”, afirmó una experimentada dirigente a Público. Esa frase resume el sentir de numerosos militantes de ambos bandos, que están hartos de la batalla que para ellos terminó el 28 de abril.

En el horizonte cercano, salvo decisiones drásticas de Ferraz o de San Vicente, que no parece que ninguno vaya a tomar, no hay calendario orgánico. Primero, si cuaja el cambio de clima y se inicia de verdad un periodo de colaboración leal entre ambas direcciones, que evite líos y broncas, Sánchez convocaría el Congreso Federal, que daría a continuación paso a los Congresos regionales, entre ellos el de Andalucía, en el que Díaz sometería al veredicto de la militancia su gestión y en el que podría tener algún rival.

La fecha natural para el Congreso Federal es 2021, dentro de dos años, cuatro después del anterior, que se celebró en 2017. Sin embargo, Sánchez podría adelantarlo al año que viene, 2020, si lo considerara oportuno. Así, el menguante y cuestionado liderazgo de Díaz en Andalucía, salvo drásticas decisiones hoy descartadas, no se pondría realmente en juego hasta dentro de un año, como mínimo.

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