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Barcelona Valls anuncia que optará a la alcaldía de Barcelona y marca perfil propio respecto a Cs

El ex primer ministro francés y antiguo dirigente socialista anuncia que la semana que viene dimitirá de todos los cargos que todavía mantiene en el país vecino y reafirma la intención de liderar una candidatura transversal, que vaya más allá de donde llega el partido de Rivera. Crítico con Colau, sus recetas casan con lo que defiende buena parte del 'establishment' económico y, al mismo tiempo, pretende liderar el voto contrario a la independencia.

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El ex primer ministro francés Manuel Valls en un acto en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB). EFE/Quique García

Cómo era de prever, Manuel Valls ha aprovechado su conferencia de este martes en el Centre de Cultura Contemporània (CCCB) para anunciar que optará a la alcaldía de Barcelona.

Lo hará a través de una "plataforma ciudadana", que pretende ser "transversal" pero que de momento sólo cuenta con el aval de Ciutadans y con el apoyo claro de una parte importante del establishment económico de la ciudad. En un acto que ha generado una enorme expectación –hasta el punto que buena parte de la prensa que ha asistido ni siquiera ha podido acceder–, Valls ha reivindicado un catalanismo, fundamentalmente cultural, impensable en un candidato ortodoxo de Cs.

A pesar de que ha empleado el castellano y el francés en algunos momentos, el grueso de su intervención la ha realizado en catalán, otro gesto que le permite marcar perfil propio respeto el que exhiben los dirigentes del partido de Albert Rivera. De hecho, desde el primer momento Valls –al fin y al cabo un exprimer ministro francés– ha trabajado con un equipo propio, al margen de la formación nacionalista española, y este martes el único representante de Cs era el diputado en el  Parlament Nacho Martín Blanco.

Ni Albert Rivera, ni Inés Arrimadas, ni Carina Mejías, hasta ahora líder del partido en Barcelona, han asistido. El presidente de Cs, no obstante, ha dado las gracias a Valls por aceptar "el reto" de ser el candidato a l'Ajuntament de Barcelona. "Muchas gracias por aceptar este reto. Nadie mejor para recuperar el prestigio de Barcelona y derrotar al separatismo y al populismo en las urnas", ha escrito Rivera en su cuenta oficial de Twitter.

Nada más  empezar, Valls ha dado a conocer su decisión, previsible, que ha hecho correr ríos de tinta durante las últimas semanas: "Quiero ser el próximo alcalde de Barcelona". A partir de aquí, después de reivindicar su relación sentimental con la ciudad, ha dejado improntas de su ideario político: liberalismo económico, seguridad ciudadana, rechazo al independentismo y, obviamente, críticas diversas en el gobierno de Ada Colau.

De entrada, Valls ha reivindicado el legado catalanista de su familia y ha recordado que su padre, el pintor Xavier Valls, "nunca renunció a la lengua ni a sus costumbres" y que él mismo ha tenido el catalán "como lengua materna". Además de mencionar a su hermana Giovanna, presente en la sala, ha explicado que la casa familiar del barrio de Horta era frecuentada por varios intelectuales catalanes de renombre.

Su discurso ha estado lleno de referencias a la supuesta decadencia de Barcelona que, al menos desde que gobierna Colau, se ha convertido en una especie de mantra para una parte de la élite económica y empresarial de la capital catalana.

Para él, Barcelona se mantiene como una "metrópoli global" y una "marca" conocida en todo el planeta, de la cual "los barceloneses todavía nos podemos sentir orgullosos", pero ha advertido que ha "observado con preocupación algunos cambios que se han producido". Según Valls, la ciudad "tiene problemas graves y se está deteriorando", y para revertir eso necesita un "nuevo liderazgo" que facilite un "cambio de rumbo". Por ejemplo, considera que la política de vivienda de Colau ha sido "decepcionante". "Falta la vivienda prometida", ha insistido, y ha defendido una "mejor gestión" del turismo, que "no es el enemigo de la ciudad".

Después de criticar los discursos que atacan al turismo, ha declarado que "los responsables municipales no saben qué hacer con el motor económico de la ciudad". Seguro que no es casualidad que el discurso sobre este ámbito resulte coincidente con el que mantiene el sector hotelero o Barcelona Global, uno de los principales lobbies empresariales de la ciudad. De hecho, uno de los impulsores de este grupo de presión es el cazatalentos Luis Conde, considerado como uno de los responsables del aterrizaje político de Valls en Barcelona y hoy presente a la sala.

Si por algo destacó la gestión de Valls en Francia, en sus etapas de alcalde de Evry, ministro de Interior y primer ministro, es por una política dura en materia de seguridad, especialmente criminalizadora con los más débiles y con la pequeña delincuencia, con recetas claramente situadas en la derecha ideológica. Y, como no podía ser de otra manera, hoy también ha mostrado ese rostro: "No podemos permitir que el nombre de Barcelona se asocie a narcopisos o inseguridad", ha advertido, para añadir que "la violencia es siempre una injusticia y yo seré más firme que nunca contra la violencia". Su receta para conseguirlo, sin embargo, básicamente es la policial.

Rechazo al independentismo

El rechazo al independentismo ha sido la plataforma que ha utilizado Valls durante los últimos años para asomarse a la política catalana, después de convertirse en una figura totalmente amortizada en la política francesa y de llegar a tener un bajísimo nivel de popularidad. Hasta el punto que se había convertido en uno de los ponentes estrella de las manifestaciones españolistas que ha convocado durante los últimos doce meses Sociedad Civil Catalana. Estos vínculos también se han hecho notar hoy, puesto que el expresidente de la entidad Josep Ramon Bosch era una de las personas que participaba en la organización del acontecimiento. Para Valls, "Barcelona padece los efectos del 'procés' y merece ser gobernada pensando en ella misma". Su apuesta es acabar con la "confrontación constante y la utilización de los espacios públicos por parte del independentismo", de forma que se pueda "relanzar Barcelona" y la ciudad sea un "punto de encuentro, un espacio de convivencia y el inicio de la solución para superar las divisiones que se viven en Catalunya".

A pesar de que se ha mostrado crítico con las fake news, ha asegurado que el 'procés', con la marcha de "miles de empresas", ha comportado la pérdida de empleos, obviando que ya hace bastante tiempo que el paro se reduce en Catalunya a un ritmo superior al del conjunto del Estado.

Después de casi toda una vida viviendo en Francia, Valls ha asegurado que su compromiso en Barcelona es firme y que se quedará "pase lo que pase" en las elecciones municipales del año próximo. En este sentido, ha anunciado que la próxima semana dimitirá de todos sus cargos públicos en Francia, que básicamente son el escaño en la Asamblea Nacional y el cargo de regidor en el Consejo Municipal de Evry. En ambos casos, durante los últimos meses, ha sido noticia básicamente por sus ausencias.

Finalmente, se ha declarado como un "candidato independiente", si bien ha asegurado que no está en contra de los partidos. De momento sólo cuenta con el apoyo de Cs, pero le gustaría ir más allá, una opción que parece complicada dado que ni PP ni PSC han manifestado interés en sumarse a su proyecto. Ahora bien, en algunos momentos sí que se pueden encontrar algunas coincidencias entre los discursos de Valls y la oposición que Jaume Collboni ha hecho durante el último año al gobierno de Colau. Al fin y al cabo, ninguno de los dos procede de los sectores izquierdistas del socialismo. "Tengo unas ganas enormes de vencer", ha afirmado, después de asegurar que su candidatura "es una oportunidad para luchar contra los nacionalismos, los populismos y la demagogia, pero también para hacer una mejor Barcelona".

En resumen, la batalla por Barcelona gana un actor de peso, mediático y con un claro apoyo del establishment económico, que puede llegar más allá de los sectores que hasta ahora votaban Cs en las elecciones locales, pero al mismo tiempo  seguro que mantendrá tiranteces con un dirigente tan visceral -y autoritario- como Albert Rivera, acostumbrado a mandar sin ningún tipo de contestación orgánica.

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