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Elecciones 2019 Casado se arrepiente de las "manos manchadas de sangre" y tratará de virar hacia un discurso "centrista y moderado"

El líder del PP es optimista a pesar de las encuestas, que pronostican una caída de los conservadores de 14 puntos respecto a 2016. En Génova confían en alcanzar el 23% de los votos y gobernar apoyándose en Cs y Vox.

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El presidente del PP, Pablo Casado. EFE/J.P. Gandúl

Casi en el ecuador de la campaña, el objetivo de Pablo Casado está siendo, por un lado, mitigar la fuga de votos del PP hacia formaciones como Vox o Ciudadanos y, por otro, tratar de impedir que el PSOE siga creciendo. Para ello -y desde hace meses- está tratando de desacreditar al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, manteniendo un tono duro y entrando, incluso, en el terreno de las descalificaciones. Recientemente, el conservador le acusó de preferir las "manos manchadas de sangre a las manos pintadas de blanco", después de que Eh Bildu, apoyara los decretos del Gobierno durante la diputación permanente del Congreso.

Estas palabras provocaron la censura de los socialistas y parte de su partido. El cabeza de lista del PP al Congreso por Guipúzcoa, Íñigo Arcauz, consideró que las palabras de Casado fueron un "poco desafortunadas" y subrayó que no había que poner en duda "el sufrimiento, el sacrificio, la lucha y la defensa de la libertad" de los socialistas en Euskadi. Por su parte, el secretario de Organización del PSOE, José Luís Ábalos, consideró que las declaraciones de Casado eran "una fase de delirio e inconsciencia" que lo "inhabilitaban" para presidir España.

Fuentes del entorno del 'popular' reconocen ahora que Casado se arrepiente de haber pronunciado estas palabras -alegan que quizá tendría que haber empleado  otra expresión como 'manos rojas'- viendo la repercusión negativa que han tenido. Aun así, conceden que estas acusaciones entran dentro de los "matices de la campaña" -al igual que las palabras de Juan José Cortés hacia el presidente del gobierno, al que acusó de "sentarse en la mesa con pederastas"- y que todo forma parte de una estrategia de campaña para "liderar el debate" y reivindicar su posición de partido fuerte.

En Génova defienden que tras la victoria de Casado en las primarias del partido, hubiera sido un error mantener un tono "moderado" que apelara al diálogo en Catalunya, con una fiscalidad menos liberal y un perfil más bajo en la cuestión de la corrupción, un discurso que recuerdan a su precedesor, Mariano Rajoy. De acuerdo con la dirección 'popular', esta estrategia hubiera desembocado en una  "tormenta perfecta" para la práctica desaparición del partido, con un PP convertido en "zombi" y con Ciudadanos y Vox disputándose su espacio. "O metes este petardazo o estamos en la campaña de 2004", subrayan.

En el PP dan por solventada esta crítica situación y se muestran optimistas ante la cita electoral, especialmente en el entorno del presidente 'popular'.  Su idea para sumar más apoyos es realizar un viraje hacia cierto perfil "moderado" y "centrista" en los 9 días que quedan de campaña: "Vamos a recuperar el discurso de ilusión de las primarias del PP, es lo que le gusta a la gente y así se ganan elecciones".

Casado confía en gobernar con un 23% de los votos 

Desde Génova admiten que, con la derecha dividida en tres, el partido caerá considerablemente respecto a los comicios de 2016, donde los conservadores algutinaron un 33% del voto y obtuvieron casi 8 millones de votos. Los datos internos de la formación les sitúan ahora entorno a un 19% (90-100 escaños) los de Casado tratarán de mejorar este resultado durante la campaña y confían en subir 4 puntos, situándose en un 23% que, según sus estimaciones, podría auparles a la Moncloa de la mano de Albert Rivera y Santiago Abascal.

El líder del PP -el más joven y desconocido de los cuatro aspirantes de los grandes partidos- afronta sus primeras elecciones generales. Estos comicios marcarán su trayectoria en el partido, en el que se abren dos escenarios: reeditar el pacto a la andaluza y gobernar en coalición con dos socios que no se quieren ni ver o, como apuntan los sondeos, quedarse en la oposición si el bloque de derechas no suma, arriesgándose a que su liderazgo sea cuestionado.

La dirección 'popular' apunta a que todo se decidirá la última semana de campaña, tras las vacaciones de Semana Santa, por el alto porcentaje de indecisos. Reconocen que ahora todo está "muy abierto" y son conscientes de que hacer un buen debate electoral es "muy importante" para llegar a ese público que todavía duda, aunque afrontan los días venideros como "un reto".

Génova considera que Cs está siendo "torpe"

Desde el entorno de Casado muestran sus diferencias con la estrategia de Ciudadanos porque creen que el veto al PSOE es "torpe" porque está perdiendo ese voto de centro que a ambos les puede beneficiar en un gobierno de coalición. El líder del PP siempre destaca su buena sintonía con Rivera y ha repetido en varias ocasiones que "no tendría problema" en pactar con su formación -como hacen en cinco Comunidades Autónomas- "si los números les dan".

La dirección del PP considera, además, que los 'naranjas' han copiado parte de su programa electoral y que la insistencia de Albert Rivera de recordar en cada intervención que tiene la mano tendida hacia Casado no genera ilusión ente sus votantes, porque -a su juicio- "en Ciudadanos ya dan por hecho que van a quedar por detrás de nosotros y eso también les puede lastrar".

Los de Rivera, por su parte, pelean por ser relevantes en la formación de gobierno, van a tratar de pelear por cada voto -especialmente en las zonas rurales- y con estas elecciones quieren dar un golpe sobre la mesa para dejar de ser considerados un "partido bisagra" del bipartidismo.

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