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Elecciones en Madrid La izquierda movilizó, pero la derecha también y cosechó más votos: el tiro por la culata de la participación histórica

La derrota del PSOE y de las izquierdas se produce, paradójicamente, tras una llamada a la participación, la más alta desde 1995: el 4M votó un 76% del electorado, pero el PP de Ayuso ganó en todos los distritos de Madrid y en 177 de 179 municipios

La presidenta de la Comunidad de Madrid y candidata a la reelección por el PP, Isabel Díaz Ayuso, ejerce su derecho a voto en el Colegio La Inmaculada-Marillac, a 4 de mayo de 2021, en Madrid (España).
La candidata del PP, Isabel Díaz Ayuso, vota en el Colegio La Inmaculada-Marillac, en Madrid. EP

Un charrán sobrevoló este martes la Comunidad de Madrid. Teñido de azul, el mapa regional solo concede dos pinceladas de rojo en Fuentidueña de Tajo —una localidad ubicada en el sureste que no alcanza los dos mil habitantes— y en El Atazar —un pueblo de la sierra norte donde viven noventa almas—. Aunque merezcan la cita por ser los únicos municipios donde ha ganado el PSOE, no superan el 35% de los votos, cuando el PP ha cosechado porcentajes superiores en buena parte de los municipios, donde en muchos se ha hecho con una de cada dos papeletas depositadas en las urnas.

La derrota del PSOE y del bloque de izquierdas se produce, paradójicamente, tras una llamada a la participación, la más alta desde las elecciones de 1995, que elevó hasta la Real Casa de Correos al popular Alberto Ruiz-Gallardón en detrimento del socialista Joaquín Leguina. Entonces, votó el 70% de los electores; este 4M, un 76%, doce puntos más que en 2019. Huelga decir —porque entre otras razones ya se ha dicho— que los madrileños han votado más, pero también que han votado más a la candidata del PP, Isabel Díaz Ayuso. En el norte, en el sur, en el este y en el oeste.

Valga el apunte geográfico porque el sur y el este se asocian a los feudos socialistas, tanto en la capital como en su anillo y en el triángulo que da forma a esta tierra. Sin embargo, hemos asistido, incrédulos o no, a la desaparición del cinturón rojo y al barrido del Corredor del Henares, históricamente progresistas. Ayuso incluso ha borrado los brochazos verdes estampados por Vox en las generales de 2019 —celebradas seis meses después de las autonómicas— y que ya se intuía que no señalaban una tendencia, pues la moda de la libertad la viste Ayuso, que ha contenido a Rocío Monasterio.

Nos ocupa, en todo caso, la participación y no el escrutinio de las urnas, aunque para explicar una y otro es necesario referirse a ambos. En primer lugar, porque la movilización azuzada —y conseguida— por el bloque progresista se vio acompañada de una movilización igual o superior en los bastiones de la derecha, desde los barrios nobles de la capital hasta las urbes residenciales del oeste. La referencia espacial no es baladí: no importa que aumentase la participación en las zonas obreras, porque el porcentaje fue mayor en las conservadoras; tampoco que, en proporción, subiese considerablemente, porque los barrios nobles, tradicionalmente más movilizados, lo hicieron todavía más.

Las cifras pueden consultarse en este artículo o en este especial, pero son claras: la pujanza en los caladeros de la derecha amortiguó la movilización en los de la izquierda, pues Moratalaz alcanzó el 76,5%, San Blas y Villa de Vallecas no llegaron al 74%, Villaverde rozó el 69% —que sí alcanzó Carabanchel— y Puente de Vallecas se quedó en el 67%. La comparación no admite duda: Chamartín acarició el 83%, Moncloa-Aravaca el 82% y Fuencarral-El Pardo el 81%; Retiro registró el 82%, Chamberí el 81%, Salamanca el 80,5% y Hortaleza casi el 80%, tres puntos y medio más que el distrito tradicionalmente obrero más movilizado, Moratalaz, donde el PP cosechó el 42% de los votos.

Sin embargo, lo que podría causar más sorpresa es el efecto bumerán de la llamada a la movilización, pues más allá de la capital el PP también ha sido el partido más votado en las ciudades del sur, históricamente progresistas, aunque a partir de hoy habrá que emplear con sumo cuidado adjetivos como clásico, tradicional, histórico, etcétera. Sí es habitual que el Partido Popular gane en el distrito de Salamanca (61%), pero no que Más Madrid sea la segunda fuerza (10,5%), seguida de Vox, que obtuvo su mejor resultado con un 10,3%.

En los veintiuno ha vencido Ayuso, incluidos los de Vallecas, donde Mónica García ha batido a Pablo Iglesias, quien ha presentado su dimisión. Más Madrid ha sido la segunda fuerza en la Comunidad y también en dieciocho distritos, mientras que el PSOE solo ha recogido las migajas en tres. Ángel Gabilondo, pues, logró una notable participación en sus tradicionales —lo dicho— bastiones, si bien ha sido uno de los derrotados en las urnas, junto a Monasterio —convertida, frente a Ayuso, en una marca blanca—, Iglesias —al menos ha salvado los muebles de Unidas Podemos— y Edmundo Bal, quien conserva su escaño en el Congreso pero ha visto desaparecer a Ciudadanos de la Asamblea de Madrid.

El cinturón azul (y el resto, también)

Cuando horas antes de conocer el resultado electoral apelábamos al empuje en el cinturón rojo —Rivas-Vaciamadrid registraba una participación del 82,5%, diez puntos más que en 2019, mientras que Fuenlabrada subía doce puntos, hasta casi el 75%—, desconocíamos que el PP ganaría en la primera localidad con un 34% de los votos —casi 24 puntos más que en 2019— y que el PSOE perdería más de doce puntos —de los cuales solo cuatro fueron para Más Madrid, que gobierna el Ayuntamiento junto a IU—.

Lo mismo sucede en el caso de Fuenlabrada, donde Ayuso se llevó el 35,95% de las papeletas, un 23,62% más, mientras que los socialistas cayeron dieciséis puntos. El panorama es extrapolable a otros ayuntamientos del sur, aunque en este 4M tan desconcertante basta escoger cualquier municipio o distrito al azar y aplicar prácticamente las mismas conclusiones al resto.

Si vamos a los feudos populares del oeste, podemos tomar como ejemplo Pozuelo de Alarcón. Con una participación del 84%, nueve puntos más que en 2019, le ha dado el 61,5% de los votos al PP, un 25% más que en 2019, neutralizando a Vox y eliminando a Cs, si bien Ayuso también ha rascado entre los votantes socialistas. Consulten el mapa y observen los porcentajes de participación —y su desmesurado aumento respecto a los comicios de hace dos años— y de voto en localidades similares, léase Boadilla del Monte, Villaviciosa de Odón, Majadahonda, Las Rozas o Villanueva de la Cañada.

Estas cifras —y el hecho de que la mayor movilización en las áreas obreras no se ha correspondido con una subida de los votos progresistas— reflejan que con una alta participación —en este caso, genuinamente histórica— a la izquierda le ha salido el tiro por la culata. En la capital, en el cinturón rojo o en el Corredor del Henares, donde la participación creció nueve puntos, pero el PP veintitrés, mientras que los doce perdidos por el PSOE no se corresponden con los cuatro ganados por Más Madrid y Unidas Podemos. Y lo de rojo, a estas alturas, es un decir.

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