Moncloa asume que la crisis desborda Ferraz y alcanza al Gobierno
El Ejecutivo de Pedro Sánchez continúa en estado de "shock" tras el caso de Santos Cerdán y baraja "gestos" con sus socios y aliados parlamentarios.
Pese a lo expresado públicamente en Moncloa, no se cierran a someterse a una cuestión de confianza si existe una exigencia real de la mayoría del bloque de investidura.

Madrid-
Moncloa y Ferraz continuaban el viernes en estado de shock profundo. Tras la comparecencia de Pedro Sánchez pidiendo perdón por confiar en Santos Cerdán los ánimos seguían muy bajos 24 horas después. Las palabras transmitidas por las fuentes consultadas eran prácticamente idénticas tanto en público, con los pocos dirigentes que hablaron, como en privado: "Indignación", "decepción", "dolor", "cabreo", etcétera.
¿Y ahora qué? ¿Cómo salir de este problema? En el Gobierno lo primero que señalan es que hay que ir "paso a paso". Sánchez se limitó a anunciar este jueves una "profunda reestructuración" de la Ejecutiva Federal del PSOE y una auditoría externa de las cuentas del partido para despejar las sospechas de financiación ilegal. No hay señales, según las fuentes consultadas, de que se vaya a producir una "crisis de Gobierno" en forma de cambios en el Consejo de Ministros.
Tampoco aclaran todavía al 100% las fuentes consultadas cuál es la hoja de ruta en el corto plazo. "De momento hemos hecho lo correcto, hemos actuado", señalan en Moncloa. Anticipan otras fuentes que "vienen semanas duras". Además estarán marcadas por varias citas internacionales, como la cumbre de la OTAN en La Haya el 24 de junio o el Consejo Europeo en Bruselas esa misma semana.
Lo que sí tienen claro es que tienen que "aguantar en el Gobierno porque la alternativa es terrible", según fuentes de Moncloa. "Dentro de nuestra grave situación la ventaja que tenemos es que todos ven peor la otra solución, que nadie la ve", reflexiona otro alto cargo consultado en relación a la actitud que creen que tomarán sus aliados del llamado bloque de investidura.
Son precisamente estas relaciones las que tienen que amarrar, de nuevo y esta vez con más ahínco, desde el equipo de Sánchez. "Si Junts está pidiendo una reunión urgente pues claro que la haremos pronto. Si Sumar quiere tener encuentros o reuniones, también", ejemplifican fuentes del entorno cercano al presidente del Gobierno. "De cara a los socios hay que tener gestos", añaden.
En Moncloa desligan cualquier tipo de responsabilidad directa sobre la trama. Recuerdan que el Ministerio de Transportes que dirige Óscar Puente ha efectuado ya una auditoría sobre contratos. Pero sí reconocen que políticamente afecta al desarrollo natural de la labor del Ejecutivo, en su acción y en la propia agenda pública en sí. Como señala lacónicamente una de las fuentes consultadas: "Es obvio que esto afecta al Gobierno".
Moncloa además incide desde este jueves en un mensaje que también transmitió Sánchez a su manera. Esto es que el Gobierno sigue siendo objetivo de una operación para derribarlos. Es decir, no tiene nada que ver la trama de Cerdán, José Luis Ábalos y Koldo García con otros asuntos como los casos de Begoña Gómez, David Sánchez o el Fiscal general del Estado, donde sí ven una clara persecución.
"Aprendimos en Portugal que un Gobierno no puede caer por denuncias falsas", reflexionan en Moncloa en este sentido. Antonio Costa, actual presidente del Consejo Europeo, estuvo precisamente este jueves en Madrid con Sánchez. El ex presidente portugués, muy cercano al líder del Ejecutivo, decidió dimitir por un proceso judicial que se le abrió y que luego se demostró falso.
¿Cuestión de confianza?
Por otra parte, en el ambiente político ha sobrevolado esta jornada la posibilidad de que Sánchez se sometiera a una cuestión de confianza en el Congreso para determinar si continúa con los apoyos suficientes. Públicamente tanto Óscar López como Félix Bolaños descartaron en sus intervenciones ante los medios que el asunto esté sobre la mesa actualmente.
Pero varias fuentes de Moncloa abren una pequeña puerta abierta a estudiarla. "Ahora no está previsto pero todo puede cambiar si hubiera una exigencia de los socios", señala un alto cargo del Ejecutivo de Sánchez. "Sería una petición legítima", añade otra fuente de Moncloa, donde dejan la pelota en el tejado de los socios para pedirlo a pesar de que la prerrogativa para activarla es únicamente del presidente del Gobierno.
Hay quien señala que en caso de realizarse esa cuestión de confianza sería para que saliera bien. Es decir, podría servir "para ratificar" asuntos en los que todos los grupos del bloque de investidura están de acuerdo. Otras voces ven que sería algo innecesario porque desgastaría más a Sánchez y daría mucho foco a PP y Vox.
Aunque lo cierto es que los aliados del Gobierno están dando, por el momento, pocas alas a la posibilidad de que terminen exigiendo una cuestión de confianza, que a fin de cuentas no deja de ser una prerrogativa del propio presidente del Ejecutivo. En conversación con Público, los partidos que en su día conformaron el bloque de investidura se dividen entre los que no consideran que registrar una cuestión de confianza sea el escenario ideal, los que prefieren no entrar a valorarlo y los que insisten en que es una decisión que corresponde a Sánchez y no a ellos.
Solo Sumar se pronuncia de una forma más o menos clara a favor, según ha podido saber este medio. Si sirve para dar un giro de 180 grados a la legislatura, para empezar a sacar más medidas sociales y para cambiar el marco de relaciones entre PSOE y Sumar, verían la cuestión de confianza como una herramienta positiva, aunque existe una cierta precaución por el hecho de que las derechas la utilizarían para desgastar más si cabe al Gobierno.
Elisenda Alamany, número dos de Junqueras en Esquerra Republicana, no ha terminado de descartar esa posibilidad en una entrevista en TVE, aunque ha evitado pronunciarse. En términos generales, ha explicado que el partido tomará decisiones más adelante. En cualquier caso, fuentes del entorno de los republicanos en el Congreso deslizan que no terminan de ver que lleguen al punto de exigírsela a Sánchez.
En Podemos consideran que una cuestión de confianza no serviría para cerrar la crisis ni para que Sánchez recuperara el aval de sus socios. Rechazan, explican fuentes de los morados, "elegir entre lo malo y lo peor" y creen "que una cuestión de confianza o una moción de censura no resuelven nada ni cambian el rumbo del país". Los de Belarra insisten en que "es más necesario que nunca fortalecer una izquierda que construya una alternativa de paz, derechos y feminismo".
Por su parte, tanto EH Bildu como PNV o BNG evitan entrar de momento en este debate. Existe la sensación general de que una cuestión de confianza no es la senda que tiene que tomar el PSOE porque obligaría a los grupos a decidir entre el actual Gobierno y la posibilidad de poner en bandeja a la derecha y la extrema derecha entrar en Moncloa. En lo que insisten los aliados en que se ahonde al máximo en las investigaciones.

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