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Pere Aragonès Un independentista pragmático, hermético y con nervios de acero

Pere Aragonès ha alcanzado la presidencia a pesar de las intensas dificultades de la negociación evidenciando uno de sus rasgos personales, la perseverancia. El 132º president de la Generalitat está próximo a la cuarentena y tiene fama de mantener siempre las buenas maneras y la calma en los momentos más difíciles.

El candidat d'ERC a la investidura, Pere Aragonès, intervenint al Ple del Parlament, de perfil.
El candidat d'ERC a la investidura, Pere Aragonès, intervenint al Ple del Parlament, de perfil. Jordi Play / acn

Pere Aragonès (Pineda de Mar, 1982) es ya el 132º president de la Generalitat, después de la investidura y solo a la espera de la toma de posesión del cargo. Las muchas dificultades para conseguir la más alta magistratura de Catalunya han puesto de manifiesto una de las cualidades que sus conocedores más destacan: la perseverancia. Dicen que la presidencia de la Generalitat forja carácter por el solo hecho de ejercerla. Aragonès no es de talante presidencialista, pero el proceso para alcanzar el cargo, y muy probablemente su futuro ejercicio, lo que sí acabará es con su pátina de número dos o de sustituto.

Primero al socaire de Oriol Junqueras, cuando éste ejerció de vicepresidente, y luego haciéndose cargo de Esquerra cuando el presidente republicano fue encarcelado hace más de tres años -Junqueras lo quiso preservar de las responsabilidades del 1- O precisamente para garantizar el recambio y por ello siempre ha tenido muy presente que es la represión de sus compañeros la que ha acelerado su carrera. Finalmente, cuando ha tenido que ejercer las funciones de president de forma provisional por la inhabilitación de Quim Torra.

Aragonès está casado y tiene una hija de apenas dos años. Es un gran conocedor del país, que ha recorrido extensamente desde cuando presidía las juventudes de ERC donde entró a militar hace 22 años. El nuevo presidente lee sobre todo ensayo político, pasea, cocina y ve series, como 'Sherlock' o 'House of Cards'. O al menos lo intenta, por falta de tiempo libre. Le gustan los animales y tiene una perra, y un huerto en casa que ya no cultiva demasiado.

A nivel laboral cabe destacar que ha trabajado en un despacho de abogados especializado en asesoramiento jurídico de empresas y administraciones públicas y ha sido profesor asociado de la Universidad de Perpinyà. La política y las responsabilidades le han apartado de su activismo social en entidades como el Centro Cultural de teatro amateur o los diables [una figura de la cultura popular]. Aragonès también es miembro de Òmnium Cultural y de Médicos sin Fronteras.

Aragonès es licenciado en Derecho y tiene un máster en Historia Económica y con estudios ampliados en Harvard

Como coordinador nacional de ERC, conoce bien los engranajes de un partido plural y complejo, de 90 años de historia, donde hace dos décadas que milita. Al nuevo president de la Generalitat se le considera una persona preparada: curtido en política, primero como concejal de su pueblo y desde el 2006 como diputado, es licenciado en Derecho, máster en Historia Económica y con estudios ampliados en Harvard. Con Junqueras en prisión y Marta Rovira en el exilio, también ha tenido que pilotar ERC como coordinador nacional.

Aragonès, probablemente por edad, sobrevivió a las luchas cainitas que provocaron la derrota de ERC en 2010 en las pugnas entre Josep Lluís Carod-Rovira, Joan Puigcercós, Joan Carretero o Uriel Bertran, entre otros. Después de las múltiples escisiones y con la llegada de Junqueras a la presidencia de ERC, Aragonès fue visto como un activo de futuro, no quemado en las disputas y buen conocedor del partido. Y esto lo ha acabado convirtiendo en parte indispensable de la dirección de los republicanos.

Tiene maneras de moderado. Es cierto que sube decibelios en los mítines, pero este no es su hábitat natural. "Se siente más cómodo con la gestión y mejorando la vida de la gente que arriba de los entarimados arengando a las masas" explican los que le conocen. De talante exigente, reclama el trabajo bien hecho y es metódico y exhaustivo. Persona calmada, capaz de mostrarse inmutable en los momentos de mayor tensión, con nervios de acero -explican sus colaboradores- en situaciones críticas como las vividas durante la pandemia y la crisis económica. Escucha antes de hablar con un rictus que esconde su estado de ánimo. Pero es claro y contundente cuando se expresa, aunque sus compañeros de partido lo consideran una persona "hermética".

Está acostumbrado a tomar decisiones, pero reclama trabajo de equipo. Persona dual -quizás por la influencia de tener un abuelo que era alcalde franquista y empresario vinculado al mundo hotelero (negocios familiares que no ha cultivado) y otro republicano-, es capaz de mantener una fuerte rigidez en la conversación, pero también de hacer chistes e incluso imitaciones, incluso de otros políticos.

Sus principios están lejos de la imagen que proyecta de persona conservadora: es ateo -todo lo contrario de la fake news de que pertenece al Opus- y con un poso considerablemente izquierdista que le viene de la época 'jerqui' (las juventudes de ERC). Quien lo conoce asegura que detrás del traje y la corbata todavía hay parte de aquel joven que en la Acampada Jove lanzaba proclamas independentistas y revolucionarias desde el escenario. Lo cual no quiere decir que no haya evolucionado, explican los compañeros de dirección del partido, "como lo ha hecho la propia Esquerra Republicana de Catalunya o la sociedad en general".

Aragonès es visto ya como el candidato del independentismo pragmático

Quizás más en el campo económico, donde ha evolucionado del marxismo -en el discurso de investidura citó a Marx- hacia el keynesianismo por puro posibilismo. Y tanto si le gusta como si no, Aragonès es visto ya como el candidato del independentismo pragmático, otra evolución si tenemos en cuenta que proviene de los sectores más combativos del partido contra España y la denuncia del llamado expolio fiscal.

Sus éxitos esta legislatura pasada como vicepresident han sido conseguir aprobar los presupuestos uniendo fuerzas tan diferentes como Junts y los Comunes. El fracaso más grande ha sido no aprobar la ley de contratos de servicios a las personas, conocida como ley Aragonès, que pretendía poner orden a la contratación pública. Ahora inicia una nueva etapa como 132º presidente de la Generalitat que tampoco se vislumbra apacible. Con retos formidables como la resolución del conflicto político o la reconstrucción de un país trinchado por la pandemia. Con la investidura presidencial, Aragonès abandona la condición de eterno número dos y levanta el vuelo con una personalidad política propia que habrá que ver hasta dónde llega.

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