El PP inicia su operación retorno tras un 'agosto horribilis': las cuatro crisis que han amargado el verano a Feijóo
El líder del PP no ha vivido un verano fácil, a pesar de que era el Gobierno el que llegó en julio debilitado por el ‘caso Cerdán’. El PP ha visto reaparecer nubarrones sobre su pasado, con la irrupción del ‘caso Montoro’, y sobre su futuro, tras la dimisión de Noelia Núñez por mentir sobre sus logros académicos.

Madrid--Actualizado a
Este lunes se reinicia la actividad política, reducida al mínimo durante los meses de verano y que aun así ha provocado diferentes momentos críticos dentro del Partido Popular. Durante el parón vacacional, ha tenido que enfrentar cuatro crisis. Los sucesos racistas en Torre-Pacheco, la imputación de Cristóbal Montoro por crear una red de influencias para beneficiar a empresas gasistas cuando era ministro, la dimisión de Noelia Núñez, miembro de la Ejecutiva de Feijóo, por falsear su currículum, y los graves incendios y la deficitaria gestión de las comunidades autónomas bajo su mando.
Torre-Pachecho y la sombra de Vox
No había llegado aún la primera ola de calor y el PP ya había iniciado su problemático verano. Los populares sufrieron con Torre-Pacheco las consecuencias de haber colocado en el centro del debate a las personas migrantes. Los politólogos ya anunciaban que intentar adoptar el lenguaje y postulados de Vox no favorecería a Feijóo y los acontecimientos del verano les dieron la razón. Con el estallido de un grave episodio xenófobo en Torre-Pacheco se produjo una situación incómoda para los de Feijóo. La agresión a un vecino de la localidad desató una oleada de odio racista hacia los migrantes de origen magrebí afincados desde hace años en el municipio murciano. Organizaciones antisistema de ultraderecha llamaron por redes a realizar una “cacería” contra los extranjeros. El alcalde, el popular Pedro Ángel Roca, se empeñó en vincular inmigración y delincuencia tras días de disturbios. Y el presidente en la Región de Murcia, Fernando López Miras, protagonizó tibias llamadas a la calma. Mientras, Vox tensaba el discurso de odio a través de su líder regional, José Ángel Angelo: "No queremos gente así en nuestras calles ni en nuestro país”. En el momento en el que el PP quiso volver a una imagen de partido de Estado, quedó en tierra de nadie después de meses alimentando la hipérbole política.
Si los primeros altercados en el pueblo murciano tuvieron lugar el 9 de julio, seis días después Feijóo hacía una declaración en la que pedía mesura. Sin embargo, también volvía a relacionar migración con delincuencia, una falsedad que el PP agita para no perder comba respecto a Vox, pero que termina por favorecer a la ultraderecha. El líder del PP exigía el "respeto" de las personas migrantes hacia los españoles e insistía en la idea de "expulsar" a los extranjeros que cometan delitos.
Montoro, imputado e investigado por corrupción
No se habían terminado de calmar los sucesos de Torre-Pacheco cuando el verano daba otro disgusto al Partido Popular. El 16 de julio, Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda con José María Aznar y Mariano Rajoy, era imputado por favorecer a empresas gasísticas desde el Gobierno a cambio de "importantes pagos". El exministro llevaba tiempo bajo investigación junto a otras 30 personas por delitos de cohecho, fraude contra la Administración pública, prevaricación, tráfico de influencias, negociaciones prohibidas, corrupción en los negocios y falsedad documental. Un día después de conocerse la imputación de Montoro, el Partido Popular anunciaba que el exministro se daba de baja como afiliado de la formación.
El 29 de julio se dio a conocer que la empresa clave en la trama, Equipo Económico, desvió mediante "encargos verbales" millones de euros a las sociedades pantalla de sus socios, tal y como pudo saber Público.
El Partido Popular había encontrado en la corrupción una batalla para desgastar al Gobierno tras el caso Cerdán y la presunta trama relacionada con el exministro José Luis Ábalos. Pero la imputación de Montoro volvió a manchar la imagen de Feijóo, que durante toda la legislatura ha entendido los señalamientos en los tribunales como condenas firmes por corrupción.

Noelia Núñez y su currículum falso
Y solo cuatro días después de la salida de Cristóbal Montoro del PP, el 21 de julio, emergía una nueva crisis. El ministro Óscar Puente lanzaba a través de redes sociales una cuestión que monopolizó el debate público y puso en la diana a la Ejecutiva recién nombrada por Feijóo tras su Congreso Nacional. Quedaba expuesto a la luz que Noelia Núñez, vicesecretaria de Movilización y Reto Digital del PP, había falseado sus titulaciones y presumía de tener un doble grado en Derecho y Ciencias Jurídicas de la Administración Pública. Su rápido ascenso dentro del partido, sustentado por mentiras, terminó por estallar en la cara a la diputada, que fue forzada a abandonar todos sus cargos dentro del PP el 23 de julio. En una quincena, los populares vieron marchar por la puerta de atrás a su pasado (Montoro) imputado por corrupción durante su etapa como ministro y a su futuro (Núñez) por mentir sobre su verdadera formación académica.
La diputada de Fuenlabrada tampoco obtuvo mucha defensa pública por parte de la cúpula del PP. Su filiación a Isabel Díaz Ayuso hizo que su marcha no se sufriera demasiado. En su despedida, Núñez decía adiós con un intento de épica, a pesar de que todo nacía de una mentira: "Me siento más tranquila si contribuyo a recuperar la confianza en la política, tomando en primera persona la más difícil de todas las decisiones posibles". Feijóo quiso visibilizar que tomaba una medida ejemplar y aseguraba: "Ni Noelia es como ellos ni yo soy como Sánchez".
Los incendios de Galicia, Extremadura y Castilla y León
Y por si Torre-Pacheco, la imputación de Cristóbal Montoro y la dimisión de Noelia Núñez no fueran suficiente, la gestión de las comunidades autónomas de los incendios fue la gran crisis de agosto para la imagen del Partido Popular. El día 11, cuando Castilla y León estaba asediada con ocho incendios activos, la oposición denunciaba que su presidente, Alfonso Fernández Mañueco, estaba en Cádiz de vacaciones y su consejero de Medioambiente, en la Feria de Gijón. Unos días después, el 18 de agosto, se conoció que Mañueco no había elevado la emergencia hasta el nivel 3 para que la situación se le estaba yendo de control. El barón del PP optó por la confrontación con Pedro Sánchez alentando la idea de que el Gobierno no estaba prestando la ayuda suficiente para combatir los incendios. El 27 de agosto, durante una visita con los reyes a los bomberos forestales, algunos trabajadores declinaban el saludo al presidente de Castilla y León como reivindicación contra su gestión.
En una línea parecida se trabajó desde Galicia. Alfonso Rueda, presidente de la Xunta, prefirió la confrontación a Sánchez a centrarse en la salvación de sus bosques y exigió medios al Gobierno a pesar de que no había movilizado aún a miles de efectivos. El Ejecutivo gallego aseguró en mayo que contaba con 7.000 efectivos para prevenir incendios y la realidad es que, a la hora de la verdad, eran alrededor de 5.200. Todas esas medias verdades llevaron a que el 21 de agosto tuviera lugar una manifestación contra el presidente gallego en la que se pedía su dimisión.
María Guardiola, dirigente de Extremadura, en comparación con Rueda y Mañueco, ha guardado un perfil mucho más institucional y menos combativo hacia el Gobierno de España. Sin embargo, el 19 de agosto se confirmó que uno de los incendios originados en Extremadura había sido intencionado por intereses en la caza, una actividad que en su ámbito puramente recreativo ha sido defendida con fervor desde el PP y Vox en la región.
Tras el estallido de los incendios, los más graves de España de los últimos 20 años, el PP intentó eludir sus responsabilidades en sus gobiernos autonómicos y apuntó directamente hacia Sánchez y las ministras Margarita Robles y Sara Aagesen, a las que llevó a comparecer al Senado. También intentó forzarlas a comparecer en el Congreso de los Diputados, algo para lo que el PP no fue capaz de alcanzar acuerdos.
Los incendios fueron el último calvario de Feijóo antes de reiniciar el curso. Apuntó contra Sánchez y sus ministros y se encontró con sus barones regionales llamados a comparecer de forma extraordinaria en sus parlamentos y con manifestaciones contra su gestión. Feijóo regresó a Génova con un plan de 50 puntos para combatir el fuego cuyas medidas estrellas eran un registro de pirómanos y pulseras que los localizaran. Propuso además medidas que ya existen, iniciativas cuestionadas por expertos y otras que nunca llegó a aplicar cuando era presidente de la Xunta de Galicia.

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