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Susana Díaz reedita el simbólico viaje de Pedro Sánchez a Lisboa

Tras sellar su pacto con C’s hasta fin de mandato, la presidenta andaluza se reúne con el primer ministro de Portugal, el socialista Antonio Costa, que formó Gobierno tras pactar con la izquierda. El líder del PSOE intentó sin éxito copiar el modelo, en contra del criterio de Díaz

La presidenta de Andalucía, Susana Díaz, saluda al primer ministro de Portugal, Antonio Costa.

DANIEL CELA

La casualidad y la coincidencia en política están sobrevaloradas. Cinco días después de que Susana Díaz cerrase el pacto presupuestario de 2018 con sus socios de Ciudadanos -incluida una polémica rebaja fiscal para las familias más ricas de Andalucía-, la presidenta andaluza inició este martes un viaje relámpago a Lisboa para encontrarse (y fotografiarse) con el primer ministro luso, el socialista António Costa, que gobierna Portugal gracias a un pacto de izquierdas en el que se mira el PSOE de Pedro Sánchez. Díaz tenía previsto cenar con Costa nada más llegar a Lisboa.

El objetivo del viaje es estrechar lazos políticos con el país vecino, hacer negocios, buscar líneas de colaboración entre empresas portuguesas y andaluzas, y exportar e importar inversiones a ambos lados de la frontera, por eso la acompaña una comitiva de 31 empresarios andaluces. Este miércoles les recibirá el ministro luso de Economía, Manuel Caldeira. Pero es obvio que el viaje también tiene una fuerte carga simbólica, y en el equipo andaluz del PSOE federal no han tardado en hacer paralelismos entre el viaje de Susana Díaz a Lisboa y el que hizo Pedro Sánchez hace un año y medio, a los pocos días de haber perdido las elecciones generales contra Mariano Rajoy.

En enero de 2016, Sánchez se trasladó a Portugal para reunirse con el socialista António Costa, que también había perdido las elecciones hacía pocos meses, pero se convirtió en primer ministro gracias a un inédito pacto de izquierdas con el Partido Comunista (que en 40 años jamás había pactado con los socialistas) y con el Bloco de Esquerda, una formación progresista con muchas similitudes con Podemos. La foto de Sánchez y Costa juntos proyectaba la idea de que aquel pacto de Gobierno podía importarse a España para echar a Rajoy de la Moncloa: bastaba con poner de acuerdo al líder de Podemos, Pablo Iglesias, y al de Ciudadanos, Albert Rivera. A Susana Díaz, aquel viaje repentino de Pedro Sánchez a Portugal le pareció una extravagancia más del líder de su partido, a quien le reprochaba que no hubiera dimitido el mismo día de las elecciones generales.

Ahora son los sanchistas andaluces quienes, sin hacer mucho ruido que reabra las grietas del PSOE, leen el encuentro de Susana Díaz con el primer ministro luso como un intento de la presidenta andaluza por darle a su Gobierno una pátina de izquierdas, después de haber claudicado ante otra rebaja del impuesto de sucesiones y donaciones impuesta por sus socios de Ciudadanos. La exención fiscal se extiende a familias que reciban una herencia de hasta un millón de euros, un cantidad exigua en términos económicos, pero que ha tenido un desgaste ideológico evidente para la Junta de Andalucía.

Díaz se ha pasado meses defendiendo la “justicia social” de este impuesto -que grava a los que más tienen- y resistiendo las presiones de PP y C’s a conceder este “regalo fiscal” a los ricos, contribuyendo al dumping fiscal que practica Madrid. Al final no le ha quedado más remedio.

Las simpatías de Costa por el PSOE

El Gobierno de izquierdas de António Costa en Portugal es una realidad incómoda para los socialistas españoles, y muy cercana. Sirve a la vez de espejo cóncavo y convexo de las dos corrientes que aún friccionan en el PSOE, la de Sánchez, que intentó sin éxito importar el modelo, y la de Díaz, que desde el principio dijo que los números no salían para emular la alianza lusa de izquierdas.

La presidenta andaluza no estaba de acuerdo con la estrategia de su secretario general porque, entonces como ahora, tenía muy claro que la remontada del PSOE sólo podría ser a costa de Podemos. Los socialistas tenían que recuperar el espacio político que los morados les habían arrebatado gracias al empuje que les dio el enfado colectivo de la gente de izquierdas, el 15-M y las políticas de recortes que abanderó el último Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

Sánchez no pudo copiar el modelo de Costa, porque necesitaba un tercer invitado del ala conservadora (Ciudadanos), e Iglesias se negó a sentarse en la misma mesa que Albert Rivera. La situación, en realidad, era más parecida al reciente escenario postelectoral de Alemania, donde Angela Merkel necesita entenderse con liberales, socialdemócratas y ecologistas, que a Portugal, donde los tres grupos progresistas sí sumaban para formar un Gobierno de izquierdas.

Susana Díaz, entretanto, es la líder autonómica que gobierna con más comodidad en su territorio, gracias al apoyo de “un partido de derechas”, admiten, que les permite ha permitido hacer “tres presupuestos de izquierdas”. Esta premisa, obviamente, no la comparten sus socios de Ciudadanos que, por de pronto, no se autodefinen como una formación de derechas (aunque ya empiezan a señalar a Podemos e IU como partidos “de izquierda radical”).

Ésta es la primera vez que Díaz se reúne con el primer ministro de Portugal, pero la segunda que visita el país vecino en viaje oficial desde que es presidenta de Andalucía. El primero fue en noviembre de 2014, también le recibió António Costa, aunque entonces era sólo alcalde de Lisboa. El foro empresarial dura dos días y ha sido organizado por la Agencia Andaluza de Promoción Exterior (Extenda) en colaboración con el Ministerio de Economía portugués. Han confirmado asistencia 31 empresas andaluzas, 48 portuguesas, y una decena asociaciones empresariales y organismos de comercio interior e inversiones.

Portugal es el quinto país del mundo al que más vende Andalucía (6,7% del total) y la cuarta comunidad exportadora de toda España (11% de las ventas). Según un informe de la Consejería de Economía, Andalucía vende a Portugal el doble de lo que compra, con un saldo a favor de 589 millones de euros. En 2016, las exportaciones crecieron un 1,7% respecto al año anterior (1.855 millones), un montante aún mediocre, que recupera las cifras de 2011. Los productos que más vende Andalucía a Portugal son aceite, cobre y combustibles, y los que más compra son minerales y productos vinculados a la metalurgia.

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