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Unión Europea Von der Leyen pasa de puntillas sobre temas clave: derechos en Hungría y Polonia y la crisis migratoria

En su esperado discurso sobre el estado de la Unión, la presidenta de la Comisión saca pecho del "espíritu" europeo durante la pandemia, pero apenas concreta acciones sobre las grandes crisis internas. La alemana no seduce y anuncia medidas contra la violencia de género y el trabajo forzado.

Presidenta de la Comisión de la UE, von der Leyen, en Praga a 19/07/2021.
La presidenta de la Comisión de la UE, Von der Leyen, en Praga. Imánek Vít / CTK / Dpa / Europa Press

"Si parece imposible, puede hacerse". Con estas palabras ha concluido Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, su segundo discurso sobre el estado de la Unión. El ya popular evento genera mucha expectación. 

Es el punto de partida del nuevo curso escolar y sirve para marcar la agenda y las prioridades políticas de la UE para los próximos doce meses. El de este año era, además, el primero que la alemana pronunciaba en la sede de Estrasburgo, cerrada durante 2020 por la pandemia del coronavirus.

La cita generaba gran interés por la montaña rusa de emociones, de cambios y de incertidumbre vividos durante la crisis sanitaria. Pero Von der Leyen es merkeliana: no apela a los sentimientos, sino al pragmatismo. Y, en consecuencia, su hora de discurso ha dejado a quienes la escuchaban un poco fríos.

En Bruselas se ha asentado la costumbre de evitar mencionar los problemas por su nombre. Y no se ha escuchado durante el debate el nombre de Hungría y Polonia. La Comisión Europea utiliza esta estratega a conciencia para que ningún Estado miembro cargue contra ella o le atribuya discriminación.

La UE comienza a pasar página de la crisis de la covid-19, tiene encaminada la recuperación económica con el Fondo Europeo de Recuperación y cuenta con un tsunami legislativo para hacer frente a la emergencia climática. Pero continúa naufragando en lo relativo a la defensa del Estado de Derecho y del tema migratorio, que amenazan con convertirse en crisis de identidad más peligrosas para la supervivencia del proyecto europeo.

Los ataques y provocaciones de Varsovia y Budapest durante el último año a los derechos y valores fundamentales no han hecho más que crecer: ya no se puede hablar de independencia judicial en Polonia ni del respeto a minorías en Hungría. Todo ello conforma la savia de Europa. Y su deriva amenaza con tener réplica en otros países. Pero Von der Leyen ha sido ambigua y ha apostado por la línea de su mentora Angela Merkel: acciones concretas, pero apuesta por el diálogo. Sin mencionar a ningún país, ha agregado que están pasando "cosas preocupantes".

"Todos nos comprometimos a respetar estos valores democráticos cuando nos unimos a la Unión como naciones soberanas".

Los dos países rebeldes defienden con frecuencia sus controvertidas medidas alegando que son soberanos y recordando su pasado ex soviético. Aquí Von der Leyen les ha lanzado su mensaje velado: "Todos nos comprometimos a respetar estos valores democráticos cuando nos unimos a la Unión como naciones soberanas". 

Pero no ha habido concreción, subida de tonos ni advertencias. Y es que el Ejecutivo comunitario se resigna a que Víktor Orbán mantendrá el pulso, al menos, hasta las elecciones cruciales que afronta en su país la próxima primavera.

Otra de las crisis internas que la UE ha parcheado durante el último lustro es la migración. Ahora centra sus energías en la pandemia o en su autonomía estratégica, pero parece haber olvidado que el drama migratorio supuso hace no mucho su mayor abismo. 

Las capitales comunitarias no solo se dividieron como poco antes, sino que se enfrentaron abiertamente por las cuotas de acogida de refugiados lanzándose los principios elementales de solidaridad y responsabilidad a la cara. Llegarán más crisis de refugiados. Pero no está claro si arribará una Política de Asilo Común y Migración sostenible y equilibrada. La propuesta que hay sobre la mesa contempla la mano dura abogando por el control de fronteras.

"Podemos encontrar consenso, pero los avances son dolorosamente lentos", ha apuntado la alemana, que marca el camino futuro: fin a la "inmigración ilegal" y refugio a los que se ven obligados a huir. En este campo tan sensible, la presidenta de la Comisión ha pasado de puntillas, otorgando más tiempo a la crisis de los semiconductores.

Solidaridad con las vacunas, pero sin patentes

Un año atrás parecía imposible que el mundo contase con una vacuna contra la covid-19. Que menos de diez meses después de su lanzamiento, Europa alcanzase la inmunidad de rebaño. Que ya se estuviese pensando en la dosis de refuerzo. O que la recuperación económica tras la sacudida brutal del coronavirus comenzase a repuntar dejando en estos momentos a 19 Estados miembros ya en niveles previos a la pandemia.

Y esta ha sido la gran baza de la alemana para defender su gestión ante uno de los momentos de más incertidumbre que Europa y el mundo han vivido durante las últimas décadas. "Ante la mayor crisis sanitaria del siglo elegimos ir unidos. En la crisis económica más profunda de décadas elegimos ir juntos. Y en la crisis climática más grave de todos los tiempos decidimos caminar juntos de nuevo", ha celebrado.

"En la crisis climática más grave de todos los tiempos decidimos caminar juntos de nuevo".

Además, ha anunciado que la UE donará 200 millones de dosis al resto del mundo antes de la primavera. Europa ha sido el actor global que más inyecciones ha exportado: la mitad de las producidas en su territorio. Mientras que otros como Estados Unidos echaban el cerrojo. La líder germana ha arremetido contra críticos y proteccionistas, pero no ha hecho autocrítica. Al comienzo de la pandemia, los Estados miembros sacaron su peor versión lanzándose prohibiciones de exportaciones de material de protección sanitaria. 

Y aunque el bloque comunitario se posiciona como líder de solidaridad global, es uno de los grandes opositores a la liberación de patentes que pide la Organización Mundial de la Salud (OMS) para ayudar a los países más pobres. En cualquier caso, Europa ya mira al mundo pos-pandemia. Pero por el camino tiene que afrontar el doble dilema de los anti-vacunas y de la lenta vacunación en países terceros. "Tenemos que hacer todo lo posible para que esto no se convierta en la pandemia de los no vacunados", ha asegurado.

La alemana también ha dibujado una hoja de ruta con medidas concretas en la dimensión social. A finales de año, su equipo presentará una propuesta legislativa a nivel europeo sobre violencia de género. También verá la luz un nuevo programa para los jóvenes. Todo en la burbuja de Bruselas tiene acrónimo y este nuevo instrumento, bautizado como ALMA, será una suerte de Erasmus para que jóvenes profesionales sin empleo puedan trabajar en otros Estados miembros.

En paralelo, quiere hacer de 2022 el año de la juventud europea. También ha asegurado que la Comisión Europea propondrá durante los próximos meses que se prohíba la venta de artículos que hayan sido producidos con trabajo forzado, sin mencionar pero en clara referencia a China. "Los derechos humanos no están a la venta", ha asegurado.

Hacia la Unión de la Defensa, pero ¿cómo?

La que presidió Jean-Claude Juncker fue una comisión política. La que lidera Von der Leyen se bautizó como una geopolítica. Pero no ha sido hasta el ecuador de su discurso cuando ha abordado la dimensión exterior. La UE apenas pasa en este campo de los debates teóricos. Y no por falta de recursos, sino de voluntad política. Las capitales son muy celosas de su soberanía nacional en seguridad y defensa. La crisis de Afganistán ha demostrado por enésima ocasión la pobre autonomía europea en la arena global.

Las evacuaciones del aeropuerto de Kabul estuvieron coordinadas y gestionadas por las tropas estadounidenses. Como ex ministra de Defensa, la alemana ha medido bien sus palabras: apuesta por una mayor cooperación europea, pero siempre en beneficio y no detrimento de la OTAN. La cumbre del próximo año en Francia allanará el camino para la creación de una Unión de la Defensa.

"La Unión Europea continúa buscando su espacio para abordar sus retos inmediatos y avanza, poco a poco, a golpe de crisis".

La inquilina del Berlaymont ha propuesto que el material militar fabricado en suelo europeo esté exento de IVA para promover la llamada "autonomía estratégica". "Más OTAN, más drones y aviones de combate y la propuesta de que el material militar tenga un IVA del 0%. Fue ministra de Defensa antes de llegar a la Comisión Europea y no es casualidad que los lobbies armamentísticos celebraran su nombramiento en 2019", ha afeado Sira Rego, eurodiputada de Izquierda Unida, a través de Twitter.

La prioridad europea en estos momentos para la crisis del país centroasiático es evitar un derrumbe humanitario: en el norte del país existen cinco millones de personas en riesgo de morir de hambruna. Por ello, ha anunciado un aumento de la ayuda humanitaria de 100 millones de euros.

Según Von der Leyen, la pandemia abrió el camino para un "tiempo de reflexión interna" y "de búsqueda de identidad" para miles de ciudadanos. También la Unión Europea continúa buscando su espacio para abordar sus retos inmediatos y avanza, poco a poco, a golpe de crisis.

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