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La arquitectura como arma contra la crisis climática

El sector residencial genera anualmente el 8% de las emisiones de gases de efecto invernadero en España, según datos del Ministerio para la Transición Ecológica. Ante esta situación y en plena coyuntura de crisis climática, empiezan a surgir alternativas de vivienda que tratan de alcanzar una contaminación nula. 

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Fachada del edificio sostenible que la cooperativa Entrepatios está construyendo en Usera./ Público

La forma en la que el ser humano se alimenta, el modo en el que la ciudadanía se desplaza por la ciudad o, incluso, las ropas que se guardan en los armarios, todas las costumbres que intervienen en el día a día de las sociedades industriales, supeditadas a los combustibles fósiles, suponen una amenaza para la Tierra. También el sector inmobiliario, que genera un 8% de las emisiones anuales de gases de efecto invernadero en España, según datos del Ministerio para la Transición Ecológica. Ante esta situación, en esa creciente búsqueda de salidas a la crisis climática, surgen alternativas constructivas que buscan neutralizar las emisiones y relegar al pasado la dependencia constante de los combustibles fósiles. Materiales limpios, ventanales aislados, jardines ecológicos y azoteas decoradas con paneles solares. En definitiva, casas sostenibles; hogares ecológicos.

“La vivienda es uno de los espacios en los que más tiempo pasamos durante nuestra vida. Es también el bien de consumo en el que más dinero se invierte. Sin embargo, es de los productos de los que menos información tenemos, a pesar de que determina nuestra salud personal y la salud ambiental de nuestro entorno, ya que consume muchos recursos materiales y energéticos”, explica a Público Pablo Rodríguez, aparejador de TecnicaEco, una consultora especializada en el desarrollo de una edificación sostenible.

La idea central de esta creciente tendencia inmobiliaria –la cual tiene presencia en construcciones nuevas y en procesos de rehabilitación– se basa en la filosofía arquitectónica del Passivhaus, que busca equilibrar el impacto ambiental del proceso constructivo con una neutralización de las emisiones durante el posterior ciclo vital de la vivienda. “Habría que diferenciar la parte de construcción del edificio y la parte de uso del edificio. La construcción del edificio tradicional tiene un impacto medioambiental de entre el 20% y el 30% del global, de manera que el impacto real está ligado al uso del edificio, que es de un 70%”, expone Iñaki Alonso, arquitecto CEO de sAtt, el estudio arquitectónico que está detrás de proyectos de edificaciones ecológicas como el de Entrepatios, en el barrio madrileño de Usera.

El objetivo, según explica el experto, es que este tipo de inmuebles consigan reducir el porcentaje de emisiones durante la etapa de uso de la vivienda. Para ello, es importante que el proceso de edificación garantice que los edificios sean eficientes durante su uso y que, gracias a un buen aislamiento, se disminuya la demanda energética en el interior durante las etapas de frío. Es decir, el invierno tendrá mayores dificultades de penetrar en el interior de la casa, por lo que los kilovatios que se consuman de calefacción descenderán, según el planteamiento del Passivhaus, que estipula una demanda inferior a 15 kw por metro cuadrado. “Una casa ecológica o sostenible gasta mucho menos recursos de lo que gasta un vivienda normal”, apostilla Rodríguez.

A ello se debe sumar el portazo a las energías fósiles que dé paso a un escenario donde la autosuficiencia tenga cabida. Paneles solares que decoren las azoteas comunitarias o, en entornos más nebulosos, fuentes eólicas o biomasa. En este escenario arquitectónico los sistemas de redistribución de agua son otro elemento a tener en cuenta, tal y como señala Alonso.

Más madera

La estructura de los edificios tradicionales está compuesta habitualmente de hormigón, uno de los materiales más contaminantes en su fabricación. En virtud de ello, en los nuevos proyectos de edificación se han buscado nuevos materiales que reduzcan los impactos en el proceso de obras. La innovación no ha venido acompañada de materiales químicos, ni de la mano de una probeta mágica. Paradójicamente, la solución está en materiales tan viejos como la madera. “Por un lado tiene un coste ambiental menor y, por otro, al ser más ligera, reduce el peso que se transmite a la cimentación, permitiendo que se puedan reutilizar antiguos cimientos”, manifiesta Rodríguez.

Estas estructuras, por otra parte, se ligan a un diseño de los espacios radicalmente diferente a la organización tradicional de las viviendas. Para Luis González Reyes, miembro de la cooperativa de vivienda sostenible Entrepatios, es imprescindible que estas casas permitan “conjugar lo privado con lo común”. Así, la disposición individualista de los habitáculos queda reducida para dar paso al desarrollo de zonas comunes donde los vecinos puedan tejer relaciones que vayan más allá del ocio, tal y como ocurre en las tipificadas urbanizaciones donde sólo una piscina puede unir decenas de personas que pueden compartir un mismo escenario de vida.

“Los proyectos que estamos desarrollando de coliving vienen a implementar un modelo de arquitectura que busca que la gente construya relaciones sociales entre sí y no una arquitectura que sea simplemente un almacén de individualidades en la que no haya conexión entre los vecinos”, opina Alonso.

Transformar lo construido

España, no obstante, es un país con un parque inmobiliario envejecido. Tanto, que según datos del Gobierno, “aproximadamente el 55 % del parque edificado es anterior al año 1980 y cerca del 21 % cuenta con más de 50 años”. En base a ello, la arquitectura verde se presta como una buena alternativa que permite reorientar la dependencia energética de los miles de edificios que decoran los cielos de las grandes ciudades. González Reyes, explica que en un primer momento la cooperativa de Entrepatios intentó buscar una alternativa a la construcción, pero resultó “más fácil encontrar un solar que un edificio vacío al completo que pudiera ser reconvertido”.

En cualquier caso, la rehabilitación de los espacios construidos “es bastante fácil”, según manifiesta el aparejador de TecnicaEco, ya que en el apartado de estructura y materiales “no hay que hacer mucho cambio” y todo va destinado a que los edificios sean más “eficientes en el consumo diario de energía”. No obstante, estos procesos carecen de ayudas públicas que permitan a las comunidades de vecinos lanzarse a ello. “Se necesitan instrumentos fiscales de la administración que permitan hacerlo viable económicamente”, apuntan desde sAtt, que informan que el coste de una rehabilitación energética de un edificio puede tener un tiempo de amortización de entre 10 y 15 años.

Aunque desde Europa ya se han lazando a regular la eficiencia de los nuevos edificios –en tanto que la Directiva 2010/31/UE establece que a partir de 2020 las construcciones que se levanten deben tener un consumo energético casi nulo– las legislaciones que incentiven un escenario de reformas de viviendas sostenibles son escasas. Todo ello a pesar de que “el sector residencial no es, ni mucho menos, secundario en la degradación de los entornos”, zanja González Reyes.

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