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Los centros de salud pagan las consecuencias de la nueva normalidad y se saturan aun más

Los médicos de familia y los profesionales de Salud Pública —donde trabajan los rastreadores, entre otros— ya notan el repunte de contagios y siguen sin poder recuperar el ritmo de antes de la pandemia, algo fundamental para cuidar de la salud de la población. Los profesionales están agotados y necesitan refuerzos.

Centro de Salud de la Comunidad de Madrid./ JAIRO VARGAS - Público
Un centro de salud de la Comunidad de Madrid.  Jairo Vargas.

Coger cita en un centro de salud se ha convertido en una de las tareas más complicadas de la pandemia. Lo habitual es tener que esperar al teléfono durante minutos o incluso horas cuando llamas al centro porque la sobrecarga de trabajo empieza en la recepción y en la administración. Tras este paso, es aún más difícil que el médico tenga un hueco para atenderte de forma rápida, como le paso a Gema Flores (Almendralejo, Badajoz), que tuvo que esperar nueve días para que un facultativo le llamara pese a que cuando llamó llevaba ya cuatro días con diarrea, dolor estomacal y fiebre. Pero Atención Primaria no es la única que está completamente saturada y sin poder atender a la ciudadanía. Los servicios de Salud Pública de muchas comunidades están colapsados y en comunidades como Madrid la raro es que un rastreador llame si eres contacto covid-19.

Esto no ha cambiado con la 'nueva normalidad' ya que incluso ha empeorado durante los últimos días. España comenzó la desescalada con el fin del estado de alarma el 9 de mayo. Era un momento bueno a nivel epidemiológico porque la tendencia de la incidencia ya era descendente gracias a las restricciones de los últimos meses y a las vacunas, pero nunca se consiguió llegar a la incidencia recomendada por los organismos internacionales, que sería igual o inferior a los 50 casos por cada 100.000 habitantes en los últimos días. Tampoco se ha conseguido llegar a ella después y la semana pasada la tendencia cambió y ya crece en al menos 11 comunidades autónomas.

Detrás del objetivo de tener una incidencia igual o inferior a 50 está la necesidad de que el sistema sanitario pueda descolapsarse. Durante toda la pandemia, se ha sufrido la sobrecarga de los ingresos hospitalarios y el colapso de las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI). El colapso de este servicio ahora está lejos ya que, según los últimos datos del Ministerio de Sanidad, la tasa de ocupación de enfermos covid de camas hospitalarias es del 1,9% y de las UCI del 6,7%. Sin embargo, Atención Primaria y Salud Pública no han notado ningún descenso.

Una decena de médicos de ambos servicios confirman a Público que ya están notando la subida de contagios, sobre todo, desde el fin de semana. Uno de ellos es Rafael Sotoca, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y médico en el País Valencià. "Se debería tener un indicador para medir la accesibilidad a Atención Primaria. Si tu médico no te puede atender en diez días, es colapso. Lo normal es uno o dos días", comenta a Público el facultativo.

Con esto hace referencia a una situación que están viviendo multitud de ciudadanos en comunidades como Madrid, Catalunya o Extremadura, en las que las listas de espera de Atención Primaria cada vez son más largas, al igual que los cupos de pacientes que tienen los médicos. No pasa a este nivel, afortunadamente, en la comunidad valenciana, aunque sí destaca que ante este repunte que ya están viviendo los centros de salud no se puede dejar de contar con los refuerzos covid. "El crecimiento era esperable. Es normal que haya que relajar medidas, y también que esto se refleje en los números. Pero ahora toca estar muy observantes y analizar los datos para poder subir el freno cuando toque", valora.

"Los médicos estamos agotados"

"No es momento de desmantelar todo el refuerzo covid", insiste el médico. Y esto es fundamental porque Sotoca, como la mayoría de sus compañeros, está "agotado". Ahora, además, comienzan las vacaciones y los centros de salud se suelen quedar bajo mínimos durante estos meses. Sin embargo, aún hay mucha gente que no ha acudido durante meses a sus centros de salud pese a tener que hacerse revisiones o controles y ahora comienzan a acercarse para "intentar recuperar su vida normal", como recuerda Sotoca. A este trabajo, se suman todos los problemas de salud mental derivados de la pandemia. Un cuidado de la salud que es fundamental para la nueva normalidad, aunque no sea algo que se esté midiendo en los documentos del Ministerio de Sanidad.

Pero la saturación también llega a los servicios de Salud Pública que, centrados en el rastreo de contactos de la covid-19, no pueden hacer un rastreo efectivo sobre otras enfermedades transmisibles. Algo que, junto a los diagnósticos que se están retrasando, puede generar que la salud de muchas personas empeore, como reconoce la epidemióloga y miembro de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), Isabel Portillo. "Que no podamos atender a las personas o que no podamos hacer rastreo de los casos es muy grave. Sobre todo porque hay personas aún muy vulnerables que no están vacunadas como las personas con obesidad, enfermedades respiratorias, diabetes o cáncer", explica a este medio.

La pandemia sigue y el peligro no se ha ido

Si esto aún no parece lo suficientemente grave, la realidad es que el peligro sigue estando y el macrobrote de Mallorca es un ejemplo perfecto para entender esto. Las fiestas masivas sin mascarillas y, en principio, un turista asintomático han generado hasta 1.100 casos de la covid-19 en todo el país. Algunos de ellos ya son familiares de los estudiantes que viajaron para celebrar el fin del curso académico. Al afectar sobre todo a jóvenes, había cierta idea de que no habría enfermos graves pero uno de los estudiantes de Elche (Alicante) de 18 años ha sido ingresado en la UCI, según ha informado Salud Pública.

Pero lo ocurrido en Mallorca también sirve como ejemplo para entender las causas de la subida de la incidencia: un cúmulo de flexibilidades, mensajes e ideas por las que parte de la ciudadanía ha entendido que ya no hay riesgo, aunque no sea así. En ese sentido, Portillo recuerda que se puede esperar un "repunte" si miramos lo que ha pasado en países cercanos al nuestro, como Reino Unido o Portugal, y que ya ocurrió de manera similar a principios del  verano de 2020, cuando comenzó la reapertura del ocio nocturno tras la desescalada. 

Parte de la ciudadanía ha entendido que ya no hay riesgo, pero no es verdad

Pese a todo, hay margen para controlar la situación de cara a este verano. Las Administraciones tienen en sus manos destinar más recursos a un mayor control sobre el cumplimiento de las medidas y el rastreo de contactos, o incluso pueden reformular los permisos para los eventos masivos, tal y como han planteado algunas comunidades que quieren debatir este miércoles en el Consejo Interterritorial de Salud. O, como la Generalitat Valenciana, se puede dar marcha atrás y recuperar algunas restricciones como volver a cerrar el ocio nocturno a las 01.00 horas, tal y como ha anunciado el presidente Ximo Puig.

Pero la ciudadanía también tiene en sus manos controlar esto cumpliendo con tres medidas no farmacológicas básicas: mascarillas, distancia de seguridad y aire libre. De hecho, los expertos ya recurren siempre a la 'regla dos de tres' , que quiere decir que, para mantener criterios de seguridad, siempre se deben cumplir dos de esas tres condiciones. "En realidad lo que hay que tener es responsabilidad y solidaridad", añade Portillo.

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