La crisis de la vivienda, el factor que explica por qué se ha disparado el sinhogarismo en Barcelona
Entidades sociales y expertos piden invertir más en vivienda pública, desarrollar ordenanzas de civismo que no criminalicen a las personas sin hogar y que se apruebe la proposición de ley contra el sinhogarismo, que se está tramitando en el Parlament desde hace cuatro años.

Barcelona--Actualizado a
Más de 6.700 personas duermen en la calle en Catalunya, según reveló recientemente el Síndic de Greuges. De estas, cerca de 2.000 lo hacen en las calles de Barcelona, un 43% más que en 2023, según el recuento realizado por Arrels Fundació. La cifra, obtenida la noche del 3 de diciembre, no incluye a las personas que pasan la noche en infraviviendas, dentro del coche o en espacios abandonados.
Después de la publicación de estos datos, de la nueva ordenanza de civismo del Ayuntamiento —que, según las entidades sociales, presiona aún más a las personas sin hogar— y del desalojo de asentamientos como el del instituto B9 de Badalona o el del parque Joan Miró de Barcelona, el sinhogarismo ha quedado en lo más alto de la agenda mediática y todos se preguntan por qué se ha agravado este problema.
Es el resultado de un cóctel que, según el investigador del Instituto Metrópoli Albert Sales, mezcla la crisis de la vivienda, la falta de recursos destinados a la protección social y un sistema de acogida migratoria que genera exclusión social. "Hace años, se asociaba a causas individuales y problemáticas complejas, pero el sinhogarismo es un problema de vivienda. Si suben los precios de compra, suben aún más los alquileres de pisos y, en última instancia, los precios del alquiler de habitaciones. Por lo tanto, gente que había estado en la calle, pero que conseguía estabilizarse un poco, ingresar algo de dinero y alquilar una habitación, ahora ya no puede hacerlo", argumenta el experto. Según datos de este octubre del portal inmobiliario Fotocasa, en la capital catalana el precio medio de una habitación se sitúa en los 648 euros y no baja de los 500 en ningún barrio.
Un equipo de 600 voluntarios de Arrels recorrió los barrios de la ciudad y contabilizó 1.982 personas sin hogar. Dos años antes, la cifra era de 1.384, es decir, casi 600 personas más que hoy no tienen un techo donde protegerse del frío o de las lluvias, sentirse seguras frente a posibles violencias, tener intimidad o guardar sus pertenencias. Estos datos también superan los proporcionados por el Ayuntamiento de Barcelona una semana antes, que registró 1.784 personas durmiendo en la calle. Unas 200 menos que Arrels, pero igualmente un 33% más que el recuento municipal del año anterior.
La fotografía del sinhogarismo en Barcelona
Según Arrels, "la fotografía general del sinhogarismo de la calle en Barcelona ha cambiado en los dos últimos años": hay más personas durmiendo a la intemperie, pero se han distribuido de manera diferente. "Después de los desalojos que se han realizado en el Parque de la Ciutadella, en la Estació del Nord, el Parque Joan Miró o el Centre de Primera Acollida de Nou Barris, detectamos que hay personas que se han tenido que desplazar", explica el comunicado emitido por la entidad el pasado 10 de diciembre. Ciutat Vella ha dejado de ser el distrito con más personas durmiendo a la intemperie (372); ahora lo es Sants-Montjuïc, con 489 en total. Es aquí donde encontramos el gran grupo de personas que viven en unas 80 tiendas de campaña en la Zona Franca. El grupo municipal del PP pidió su desmantelamiento en octubre.
La entidad alerta que estas son "cifras de mínimos", ya que no se ha llegado a toda la montaña de Montjuïc, donde saben que "muchas personas intentan encontrar un espacio para descansar". El comunicado también advierte de "nuevas dinámicas en el sinhogarismo de la calle", como los agrupamientos de personas en varios puntos de la ciudad o en tiendas de campaña. Si somos estrictos, estos no son considerados asentamientos: para serlo, deben ser espacios con cierta estabilidad y estructuras.
Arrels atribuye el desplazamiento del sinhogarismo a las políticas de orden y limpieza del Ayuntamiento de Barcelona, como el Pla Endreça o la nueva ordenanza de civismo, que, desde su punto de vista, implicará "más presión para las personas que viven en la calle". Ya lo explicaba la directora de la entidad, Beatriz Fernández, en el comunicado del 10 de diciembre: "Las políticas de actuación en el espacio público transmiten mensajes, tanto a la opinión pública como a las personas sin hogar. Hacer actuaciones de limpieza y seguridad para paliar el sinhogarismo transmite un mensaje que es estigmatizante. No resuelve el problema ni de broma, más bien lo agrava".
¿Quién vive en la calle en Barcelona?
Sales señala que la diversificación de los perfiles de personas que viven en la calle es algo "ficticia". "En los años 90, se hablaba de hombres de mediana edad, con problemas de salud mental y adicciones y que hacía mucho que no trabajaban. Pero el sinhogarismo tiene una relación muy estrecha con otras formas de exclusión de la vivienda. Estar en la calle te hace muy visible, pero no sabemos cuántas familias hay viviendo en una sola habitación, cuántas personas subarriendan camas por horas... Lo que tienen en común todas es que no tienen una vivienda digna y estable. Lo que pasa es que ahora nos sorprende ver personas en la calle que anteriormente estarían ocultas en inmuebles, pero ahora no tienen otra alternativa", explica.
Arrels publicará en 2026 un informe cualitativo sobre el perfil de personas que viven en la calle, pero los últimos datos publicados en 2024 en el estudio Viure al carrer a Barcelona. Radiografia d'una ciutat sense llar indican que lo más común es ser hombre, tener 43 años de media y ser extranjero. De hecho, el documento señala que "el 74% de las personas que viven a la intemperie son migrantes", es decir, de fuera del Estado español.
Público ha tenido la oportunidad de hablar con la fundación Arrels, en el barrio del Raval, con Vadym, de 56 años y de origen ucraniano. Llegó a España hace casi 24 años, 16 de los cuales los ha pasado en Barcelona. En su lugar de origen era pescador, pero se fue en busca de una mejor calidad de vida. Aquí trabajó durante muchos años en varios oficios, como ayudante de cocina, hasta que sufrió un accidente de coche que le rompió las clavículas y le dejó secuelas graves en la espalda. Tuvo que operarse varias veces, estuvo de baja una larga temporada con muchos dolores, pero aún no le han reconocido la discapacidad. Como se acabaron sus ayudas y no tenía posibilidad de ahorrar ni una red familiar o de amistades en Catalunya, este agosto no pudo asumir el alquiler y terminó en la calle.
"Fui a dormir solo al muelle de Barcelona. Ahora vengo a Arrels a ducharme y a lavar mi ropa, y duermo dos noches en una pensión en Badalona, pero quiero encontrar un trabajo que mi espalda me permita hacer y una habitación", explica Vadym. En la reunión se le ve animado, no para de repetir que lo único que quiere es trabajar, sea como vigilante de aparcamientos o conductor, para poder salir de la situación en la que se encuentra. El ucraniano no lleva mucho tiempo viviendo en la calle y lo tiene más fácil para volver a empezar que una persona en situación de sinhogarismo y pobreza crónica. Según Arrels, seis meses sin techo "deterioran gravemente la situación de las personas". Su caso demuestra cómo cualquier persona, si pasa por un mal momento emocional, vital o económico y no tiene ninguna red, puede quedarse en la calle de un día para otro.
¿Cómo paliar este problema?
"Crear más servicios no reduce el sinhogarismo en las grandes ciudades. De hecho, hemos visto cómo en los últimos años ha subido paralelamente el número de personas sin hogar y el número de plazas residenciales y de servicios", explica Sales. Desde su punto de vista, la "respuesta" más lógica "no es la solución", ya que hay "causas estructurales", como la crisis de la vivienda, que se están agravando. Por eso, propone tres líneas de trabajo: en primer lugar, además de construir más vivienda social, se necesita un "marco regulador" de los precios de compra y alquiler. "La hoja de ruta está señalada, otra cosa es que se quiera hacer", apunta. Este diciembre el Parlament validó la regulación del alquiler de temporada y de habitaciones para garantizar que tengan un límite de precios.
En segundo lugar, hay que extender la "protección social", es decir, "un sistema más sólido de garantía de rentas". Y, por último, mejorar la acogida migratoria para que no genere "exclusión social". El experto añade, por otro lado, que también se pueden desarrollar "estrategias de prevención secundaria", "viviendas destinadas a la salida del sinhogarismo" y más coordinación territorial. "Falta liderazgo supramunicipal. Hay muchas ciudades que miran hacia otro lado", concluye.
En cuanto a Arrels, la entidad propone "invertir en vivienda pública, planificando soluciones específicas para las personas que viven en la calle"; "modificar la normativa" de la Mesa de Emergencias Sociales de Barcelona para que las personas sin hogar también puedan hacer uso de este canal; "no condicionar el acceso a los recursos al padrón"; "desarrollar ordenanzas de civismo que no criminalicen" el sinhogarismo; "abrir espacios diurnos y nocturnos de baja exigencia"; más coordinación entre las administraciones y, por último, la aprobación de la proposición de ley contra el sinhogarismo, que se está tramitando en el Parlament desde hace casi cuatro años.

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