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Despoblación rural Frenar la despoblación en el medio rural: el nuevo reto del Botànic

El Botànic pone en el centro de su acción las políticas contra la despoblación de las zonas rurales. Expertos en la materia creen necesario legislar teniendo presentes las particularidades de las áreas de interior y actuar con espíritu transversal.

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Fanzara (l'Alt Millars), 276 habitantes./ Hèctor Serra

Cesión de viviendas vacías a familias demandantes de alquiler social a cambio de su rehabilitación. La propuesta proviene del vicepresidente segundo del Consell y conseller de Vivienda y Arquitectura Bioclimática, Rubén Martínez Dalmau, quien expresó hace unas semanas estar trabajando junto a los ayuntamientos valencianos en la confección de un inventario que servirá a este propósito.

Dalmau, que anuncia asimismo la creación de una página web donde centralizar las ofertas de viviendas disponibles para compra o alquiler, cree que la medida ayudará sin duda a estimular el mercado inmobiliario en las zonas rurales de la Comunitat Valenciana.

No es esta, sin embargo, una acción aislada en materia de lucha contra la despoblación rural. Desde el pasado mes de julio, el gobierno del Botànic, presionado por las demandas sociales de diferentes colectivos, se ha propuesto implementar una Agenda Valenciana Antidespoblación mediante una acción coordinada entre diferentes Consellerias, Diputaciones y municipios.

La Generalitat tiene previsto instalar cajeros bancarios para reducir la exclusión fianciera en hasta 200 municipios

El impulso de esta Agenda se ha encomendado a la recién creada Dirección General Antidespoblación, comandada por la socialista Jeanette Segarra, quien fuera alcaldesa de Llutxent durante más de una década. Entre los principales compromisos asumidos se encuentra la encomienda a las universidades valencianas de un estudio que sirva de base a posibles modificaciones normativas en pro de incentivos fiscales y territoriales en las zonas de interior. El objetivo a largo plazo sería, pues, conseguir que aumente el número de personas que fijan su proyecto de vida en el ámbito rural.

Algunas de las acciones más notables al respecto ya han sido puestas en marcha. La Generalitat tiene previsto instalar cajeros bancarios en hasta 120 municipios y pedanías que no disponen actualmente de estos servicios. La medida persigue reducir la exclusión financiera que padecen hasta 200 municipios valencianos y que merma la calidad de vida de sus habitantes.

Fanzara (l'Alt Millars), 276 habitantes./ Hèctor Serra

En total, el Institut Valencià d’Investigacions Econòmiques (IVIE) calcula que desde 2007 casi un 3% de valencianos ha perdido el acceso a una sucursal bancaria en su municipio, lo que justifica que el Consell destine 7,4 millones de euros en la licitación del contrato que debe permitir la ubicación de estos cajeros en diferentes puntos del territorio. Por lo que respecta a políticas de fomento de ocupación, el secretario autonómico de empleo, Enric Nomdedéu, ha hecho saber en días recientes que impulsará una nueva convocatoria del Programa de Iniciativa Social destinado a la contratación de desempleados de larga duración en aquellos municipios considerados en riesgo de despoblación.

"No hace falta paliar cuando de raíz podrías solucionar legislando mediante discriminación positiva", afirma Xavi Ginés

A pesar de esta batería de medidas, entidades sociales como el Fòrum per la Nova Ruralitat expresan que no son suficientes. Este colectivo, formado por más de cien profesionales pertenecientes al mundo rural, presentó el pasado mes de junio un informe ante la Mesa de Les Corts en el que defendían urgencia y transversalidad en la acción contra la despoblación. Xavi Ginés, uno de sus miembros, agradece las medidas implementadas por el Consell pero cree que se trata de políticas paliativas incapaces de atacar el problema desde su raíz. Y añade: "No se acaba de entender que el problema real no es una cuestión de infraestructuras o de dotaciones, sino que es un problema político". Ginés incide en que las medidas implementadas desde la administración no tienen en cuenta las especificidades del mundo rural y apuesta por legislar admitiendo la dualidad ruralidad-urbanidad.

Desde el Fòrum ven con asombro que en municipios como Benlloc, a treinta kilómetros de Castelló de la Plana, no tengan servicio de hospitalización domiciliaria y, en cambio, sí que exista en la capital de la Plana. La racionalidad económica con que se trazan las políticas obliga a replantearse el modelo actual de legislación y a redactar las leyes teniendo en cuenta adaptaciones a las diferentes realidades del territorio. “No hace falta paliar cuando de raíz podrías solucionar legislando mediante discriminación positiva”, concluye Ginés recordando, además, que los gobiernos han de ser conscientes de que el primer problema que tiene la ruralidad son las propias políticas que de ellos emanan.

Incendios y ruralidad

La Colònia de Santa Eulàlia, una pedanía que depende administrativamente de Villena y de Saix, en la comarca de L’Alt Vinalopó, se encuentra en venta por 980.000 euros. Colonia agrícola desde mediados del siglo XIX, y con un reconocido patrimonio arquitectónico, actualmente se encuentra semiabandonada a causa de la gradual despoblación y de la inacción administrativa. Esta pedanía es famosa por haber servido de plató a la célebre serie valenciana L’Alqueria Blanca, que cosechó grandes resultados de audiencia en su emisión en la televisión pública. Se estima que, en los últimos sesenta años, alrededor de 500 núcleos de población han sido completamente abandonados en territorio valenciano.

Hoy en día en el interior del País Valenciano un total de 72.000 personas habitan zonas con una densidad de población de menos de 20 habitantes por kilómetro cuadrado. Dicho de otra manera: 71 municipios valencianos se sitúan en riesgo severo de despoblación al disponer de menos de ocho habitantes por kilómetro cuadrado, según criterios de la Unión Europea. De los 542 municipios de toda la geografía valenciana, un total de 215 cuentan con una población de menos de mil habitantes, siendo el porcentaje de personas dependientes del 60% en todos ellos. La demarcación de Castellón es la más afectada ya que presenta 86 municipios con menos de mil habitantes sobre un total de 135. En su seno se ubica Castell de Cabres, la localidad con menos población del País Valenciano, actualmente con menos de veinte habitantes.

La colonia de Santa Eulalia. / Enrique Íñiguez Rodríguez

Entre las múltiples consecuencias que genera la despoblación de las áreas rurales, los expertos suelen destacar la relación directa de estos procesos con los incendios. El abandono de campos por parte de jóvenes que se ven obligados a dejar el sector primario y a buscar oportunidades laborales en la ciudad, se traduce en un aumento de la vegetación que acaba por convertir lo que tradicionalmente servía de cortafuegos en un elemento expansivo de las llamas. Algo que explica, en parte, la cada vez mayor envergadura de los incendios forestales en el territorio valenciano.

Desmitificación y esperanza

"Una de las cosas contra las que luchamos es contra el tópico de que la ruralidad es vejez, decrepitud y rusticidad. En la ruralidad hay jóvenes y profesionales, pero mediáticamente se da una imagen de ella muy negativa". Xavi Ginés está convencido de que el mito del mundo rural como algo acabado y precario no hace justicia a la realidad. De hecho, subraya que la escuela rural ofrece en términos generales una excelencia envidiable durante la etapa primaria, y recuerda que la atención primaria de la sanidad rural es excelente si se tiene en cuenta que las citas son atendidas el mismo día que se solicitan.

"En la ruralidad hay jóvenes y profesionales, pero mediáticamente se da una imagen de ella muy negativa"

Las críticas, obviamente, se centran en denunciar que el sistema hospitalario se ha concentrado históricamente en la costa y en las grandes capitales atendiendo a criterios geodemográficos. Se da asimismo una tendencia a construir grandes infraestructuras hospitalarias en que se concentran todos los servicios, como La Fe en València, en vez de repartirlos en diferentes centros comarcales.

Lavadero en Carrícola (Vall d'Albaida), 93 habitantes. / Hèctor Serra

A la pregunta de si la ruralidad tiene futuro, Ginés responde que, aunque todo parece indicar que la tendencia a nivel global es la concentración de la población en grandes urbes, se perciben cambios importantes en los últimos tiempos, especialmente por parte de muchos jóvenes que deciden quedarse en el pueblo para realizar actividades relacionadas con las industrias culturales, el diseño o el arte. "Hasta ahora se había naturalizado que el joven cultivado intelectualmente se iba del pueblo a la ciudad, pero ahora se ven movimientos de resistencia", expresa añadiendo que todo dependerá en última instancia de las políticas que se apliquen. A pesar de que a veces es imposible quedarse a trabajar por falta de guarderías o escuela infantil, en los pueblos mínimamente dotados se aprecia una tendencia de los jóvenes autóctonos a permanecer allí, lo que resulta algo esperanzador para aquellos que ven en la ruralidad un valor a proteger.

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