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Europa quiere cerrar la puerta a productos que contribuyan a la deforestación con un reglamento lleno de sombras

El texto final de la nueva norma para eliminar la tala ilegal de la cadena de suministro europea deja de lado el cumplimiento de los derechos humanos y no afecta a algunos productos como el caucho o la mayor parte de los recursos ganaderos. 

Una vista aérea muestra troncos cortados ilegalmente de la selva amazónica en Anapu, estado de Pará, Brasil, el 2 de septiembre de 2019.
Una vista aérea muestra troncos cortados ilegalmente de la selva amazónica en Anapu, estado de Pará, Brasil. Nacho Doce / REUTERS

Tras meses de negociaciones, los ministros de Medio Ambiente de la Unión Europea debaten este martes el texto del próximo reglamento contra la deforestación terceros países. El viejo continente quiere transformar su modo de consumo y hacerlo más sostenible más allá de sus fronteras, de tal forma que los productos que lleguen al mercado desde otras partes del mundo no hayan contribuido a la degradación de los bosques. Se pretende así dejar de importar algunas mercancías que están impulsando la deforestación de las selvas tropicales. Sin embargo, en las últimas semanas las negociaciones han descafeinado algunos de los elementos más ambiciosos de la reforma y han diluido su contenido final.

El texto que votarán los ministros europeos deja fuera el caucho, que podrá llegar a Europa como lo hace ahora, sin ningún control y a pesar de que, entre 2003 y 2017, ha contribuido a la tala de unas 5 millones de hectáreas de bosques tropicales en el sudeste asiático y en África subsahariana, según los cálculos de los grupos ecologistas. También quedará fuera de este reglamento el maíz, cuyas plantaciones intensivas han sido la causa de algunos de los incendios intencionados más importantes de Perú o Nicaragua. 

Aunque el reglamento no está cerrado definitivamente, las actas confidenciales de las últimas negociaciones, a las cuales ha tenido acceso Público, revelan que la ambición del reglamento está lejos de mejorar. De hecho, se deja fuera de la normativa los productos ganaderos, cuyo impacto en la biodiversidad es evidente incluso dentro de los países de la UE, con legislaciones muy restrictivas. No obstante, hay una excepción concreta que afecta a los productos de vacuno y a sus derivados, como el cuero, que sí deberán garantizar no haber degradado los bosques de terceros países.

De esta forma, en esa lista de productos que sí quedarán regulados estará la soja, el café, el aceite de palma, el chocolate, vacuno y derivados, así como algunas apreciaciones sobre la madera que no estaban incluidas en el reglamento de comercialización de maderas.

La polémica podría venir derivada no tanto del anexo de productos incluidos por esta nueva reforma como por la calificación de los ecosistemas que quedarían protegidos. El texto final del reglamento sólo centra su atención en la deforestación que se produce en los denominados bosques primarios, aquellos que no han sido explotados todavía y permanecen intactos. Se quedan fuera algunos hábitats amenazados por la quema y la tala ilegal como las selvas o los pastizales. Dos ejemplos de regiones de alto valor ecológico que quedarán fuera de la protección son el Gran Chaco, en Paraguay, o El Cerrado, en Brasil

Por otro lado, las organizaciones ecologistas, han denunciado la falta de una perspectiva social dentro de la ley, pues el Artículo 3, el cual enumera los requisitos imprescindibles para que los productos lleguen a la Unión Europea, no hace ninguna mención a la necesidad del cumplimiento de los derechos humanos.

Además, desaparecerán los controles en los países que estén catalogados como lugares de "bajo riesgo" de deforestación. En los lugares de "riesgo alto" los controles se mantendrán, intentando llegar al 15% de los suministros con revisión de documentación y al 5% con inspecciones físicas en los puertos. 

El texto principal presentado en 2021 por la Comisión Europea ya abrió ciertas polémicas por no incluir mecanismos de vigilancia estrictos sobre las empresas europeas. Y es que únicamente se exigen acciones de diligencia debida emprendidos por las propias compañías. Además, las grandes corporaciones podrían quedarán exentas de rendir cuentas, según denuncian los colectivos conservacionistas europeos y españoles.

Por último el periodo en el que comenzarán a aplicarse de algunas de las obligaciones más básicas, como la prohibición de importar productos manchados por la deforestación, se alargará. En el texto principal se hablaba de un periodo de 12 meses desde la aprobación del reglamento, pero el texto final que se votará esta semana lo extiende a 18 meses.

Oposición de la comunidad científica

La ley debatida en los últimos meses, pese a sus buenas intenciones, no cuenta con el apoyo de buena parte de los colectivos ecologistas y sociales de Europa. Tampoco lo respalda el grueso de la comunidad científica española. Tanto es así que la semana pasada más de 350 expertos del mundo de la investigación académica redactaron un manifiesto para reclamar una mayor ambición del reglamento europeo.

La misiva recoge algunas peticiones concretas como la inclusión de otros ecosistemas de alto valor ecológico que están amenazados por la deforestación o los incendios provocados: pastizales, sabanas, turberas o humedales. Además, se reclama que se incluya el caucho y el maíz en el anexo de productos afectados por la vigilancia del reglamento, así como la totalidad de los productos ganaderos. Por último, el manifiesto exige medidas para garantizar la trazabilidad de los bienes que llegan a Europa y la garantía de que su producción se ha hecho en base al respeto de los derechos humanos y de los los pueblos indígenas, habitualmente afectados por la agroindustria. 

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