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Exhumación Franco Más de 40 años de Franco en el Valle de los Caídos es anormal: así acabaron los restos de otros grandes tiranos

Ni honores ni privilegios ni lugar de exaltación. Hay dictadores que siquiera están enterrados en el país al que sometieron. 

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A la izquierda, las tumbas de Mussolini y Salazar. A la derecha, las lapidas de Rios Montt y Videla. En el centro, la famosa foto del encuentro entre Hitler y Franco.

El final de Hitler, Videla o Stroessner demuestra que el dictador Francisco Franco ha tenido un sepelio privilegiado. Tras su exhumación del Valle de los Caídos, el desenterramiento pone en perspectiva el trato que España dio al hombre que derrocó la II República e impuso una tiranía de casi cuatro décadas.

Precisamente, de ahora en adelante, Franco compartirá espacio con Rafael Leónidas Trujillo dictador de la República Dominicana desde 1930 hasta 1961. Pese a ser inhumado entre laudes en su nación, la presión popular llevó a la familia a trasladar el cuerpo hasta París, para acabar en el cementerio de Mingorrubio, en El Pardo.

Famosa y misteriosa es la historia de Adolf Hitler. Su rastro desaparece una vez los soviéticos toman Berlín para finiquitar la II Guerra Mundial. El líder nazi se suicidó en su búnker cuando supo que todo estaba perdido y los pocos allegados que aún estaban allí prendieron fuego al cadáver.

El cuerpo del austriaco fue recogido por soldados comunistas y llevado a la URSS, según desveló Hugh Trevor-Roper en su libro Los últimos días de Hitler. Desde 1946 hasta 2009, todo fueron rumores y teorías sin confirmar hasta que se supo que el cadáver del líder nacionalsocialista, junto al de su pareja Eva Brown y la familia Goebbels, habían sido depositados en algún lugar de la ciudad de Magdeburgo. En 1970 fueron desenterrados, quemados y lanzados al río Biederitz. Sin rastro.

Más complicado y polémico es el enterramiento de Benito Mussolini. El fascista italiano por excelencia quedó colgado bocabajo un 28 de abril de 1945 en Plaza Loreto, en Milán. Desde aquello sus restos han pasado por varios cementerios.

Tras quedar totalmente desfigurado por las palizas que los partisanos dieron al cuerpo del dictador, los huesos del Duce fueron a parar al camposanto de Musocco. Tras ser hurtados y recuperados, viajaron hasta una capilla de Predappio, aldea de 2.000 habitantes, su lugar de nacimiento. La intención era que pasara desapercibido, pero con el paso de los años la zona se ha convertido en una atracción turística neofascista.  

Antonio de Oliveira Salazar, dictador de Portugal, también tuvo un desenlace alejado de los focos con mejor suerte. Tras ejercer como primer ministro entre 1932 y 1968 falleció en 1970 y fue enterrado en la parroquia de Vimieiro, en Santa Comba Dão, en una tumba donde descansa junto a sus padres.

Dictadores latinoamericanos

Efrain Rios Montt fue dictador de Guatemala acusado de genocidio, entre otras cosas, por organizar el asesinato de 1.171 indígenas de la etnia maya ixil. Durante los 17 meses posteriores al golpe de Estado con el que se alzó, el Ejército perpetró más de 250 matanzas colectivas a indígenas en las que murieron más de 25.000 personas.

Tras su muerte en 2018 fue enterrado en el cementerio privado de Villa de Guadalupe, en Guatemala. Apenas transcurrieron doce horas desde la muerte del dictador hasta su entierro. No hubo honores de Estado ni capilla ardiente para despedirle. La familia quería “evitar cualquier tipo de confrontación”, según su abogado, Jaime Hernández.

El ejemplo más claro de cómo un país ha pretendido hacer olvidar a su dictador es el de Argentina. El líder de Junta Militar de Gobierno entre 1976 y 1981, Jorge Videla, murió en prisión el 17 de mayo de 2013 a los 87 años. Sus restos, según publicó el diario Clarín, están enterrados en una tumba con nombre falso en un cementerio privado de la periferia de Buenos Aires. Su cadáver está oculto bajo  una lápida que reza “Familia Olmos”. Las protestas ciudadanas paralizaron la posibilidad de que el militar acabara enterrado en el panteón familiar en la ciudad de Mercedes. 

Los restos del general paraguayo Alfredo Stroessner, que encabezó una de las más prolongadas dictaduras de América Latina (1954-1989), fueron sepultados en el cementerio Campamento de la Paz, en Brasilia, donde pasó los últimos 17 años de su vida exiliado y en total ostracismo. La momia del dictador siquiera está en el país; está en Brasil. 

Tampoco tuvo el final que esperaba el dictador de Uganda, Idi Amin. Su historia, que inspiró la película El último rey de Escocia, acabó con sus huesos fuera del país. La muerte le tocó en Arabia Saudí, donde había vivido tras su exilio, y fue allí donde tomó sepultura. Según el propio testimonio de su hijo, Amin fue enterrado en Yeda. 

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