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Herido en Linares El joven herido por disparos de la Policía en Linares: "Estoy vivo de milagro"

Joaquín Maestre fue a comprar unas botas de fútbol y volvió a casa con 12 orificios por postas disparadas "por error" por la Policía en los disturbios de Linares. "Quiero saber quién apretó el gatillo y que se haga justicia", asegura el joven.

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Joaquín Maestre, herido con munición real durante los disturbios de Linares, en el salón de su casa, en Guadalén, Jaén. Jairo Vargas

"Estoy vivo de milagro", comenta Joaquín Maestre tumbado en el sofá de su casa, en Guadalén, a pocos kilómetros de Linares (Jaén). No puede levantarse. Sus piernas están tremendamente hinchadas y unas gasas cubren hasta 12 orificios de entrada y salida. Seis postas disparadas por error, según la Policía, atravesaron sus muslos cuando observaba los disturbios que siguieron a la detención de dos policías nacionales, el pasado sábado, por la brutal agresión a un hombre y su hija de 14 años en la localidad jienense. Pero Maestre no estaba protestando, asegura. Solo pasaba por allí.

Había ido a comprar unas botas de fútbol porque tenía partido el domingo, pero no pudo jugar. Estaba en el hospital. El martes le dieron el alta, aunque tiene un fragmento de metralla en la pierna izquierda que, confía, no se infecte y no requiera intervención quirúrgica. "Dentro de lo malo, he tenido suerte. El médico dijo que, si hubiera sido cinco centímetros más arriba, me habría dado en la arteria femoral y me podría haber desangrado", afirma.

En pocos días cumplirá 22 años, "gracias a Dios", puntualiza de fondo su madre. No se explican lo que ha pasado, "nunca pensé que hubiera munición real en las escopetas de la Policía. Ni siquiera pensé que fueran a cargar contra nosotros. No estábamos haciendo nada, simplemente nos encontramos con los disturbios y fuimos a ver qué pasaba", recuerda el joven.

La noche del sábado fue un caos en Linares. Tras la difusión de un vídeo en el que dos agentes fuera de servicio golpeaban con saña a un padre y su hija tras una discusión en un bar, un numeroso grupo de vecinos se concentró ante el juzgado de la ciudad para mostrar su repulsa. La tensión fue aumentando por la tarde y los agentes detenidos, que ya están en prisión incondicional, no terminaban de pasar a disposición judicial. La Policía acabó cargando contra la multitud después que se lanzaran objetos y los congregados avanzaran en dirección a la comisaría, donde suponían que estaban los agresores. Tras las cargas, hubo más enfrentamientos con la Policía que se prolongaron hasta pasadas las 22.00 horas. Ardieron contenedores, se destrozó mobiliario urbano por valor de 30.000 euros, según el Ayuntamiento, y hubo 14 detenidos.

Joaquín se encontró con los disturbios cuando iba hacia su coche para regresar a su pueblo después de tomar algo con su prima por el centro de la ciudad. Eran alrededor de las 21.00 horas. Tenía que pasar por delante de la comisaría y las carreras de la gente llamaron su atención. Se acercaron "para curiosear" y escucharon gritos. "No había altercados donde yo estaba, pero la gente empezó a gritar y salí corriendo", recuerda. Estaba oscuro. "Escuché un disparo y sentí un calambre en las piernas. Pensé que me había dado una pelota de goma, pero cuando giro la esquina y me miro la pierna, la veo entera llena de sangre. Me mareé", explica, aunque nunca perdió el conocimiento. Su prima grabó las heridas con el teléfono mientras otros chicos llamaban a una ambulancia. Asegura que otra mujer también resultó herida, algo que también ha confirmado la Policía.

Un "lamentable error" policial

"Herida por arma de fuego múltiple", dice el parte del Hospital Universitario San Agustín de Linares, donde le atendieron. El examen del médico confirma que los orificios se corresponden con heridas "de bala", incluso se le extrae una de las postas que aún tenía dentro y que se entregó a la Policía como prueba para la investigación abierta. "Era de un tamaño algo más grande que un garbanzo", dice el muchacho. No da crédito. "Yo lo tengo claro, me disparó la Policía. Allí no había nadie más con armas", insiste.

Joaquín Maestre enseña el impacto de una de las postas en la cartera que llevaba en el bolsillo trasero cuando fue herido en Linares. Jairo Vargas

El caso es de una gravedad extrema, algo nunca visto en una intervención policial contra manifestantes. Prueba de ello es que el comisario jefe provincial en persona acudió al hospital a las cuatro de la madrugada para recabar la versión del joven. Según trascendió el domingo, se ha abierto una investigación para esclarecer los hechos y hablan, por el momento, de un "lamentable error" que pudo costarles la vida a al menos dos personas. Según ha explicado El Cuerpo Nacional de Policía, la primera hipótesis es que un agente cogió "por error" una escopeta tipo franchi de uno de los vehículos policiales. En ese momento, apuntan, estaba cargada con munición real, en lugar de balas de goma, salvas o otro tipo de munición antidisturbios.

Fuentes del Ministerio del Interior confirman a Público que ese tipo de munición no es reglamentaria para intervenciones de este tipo y que se están investigando los hechos, aunque no hay más información oficial hasta el momento.   "El comisario vino al día siguiente a pedirme disculpas y dijo que se trataba de una equivocación, que no tenía que haber estado esa munición en el arma", confirma Joaquín, que emprenderá "acciones legales" próximamente.

"No todos los policías son iguales, pero alguien tendrá que pagar por lo que ha hecho. Me han podido matar"

La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA), la Plataforma Defender a Quien Defiende e Irídia-Centro de Defensa de Derecho Humanos han registrado una denuncia ante la Fiscalía de Jaén "contra algunas de las actuaciones policiales" del pasado sábado. Consideran que hubo "un uso desproporcionado de la fuerza tanto en la práctica de varias detenciones como durante la realización de algunas cargas policiales", sin contar los dos heridos por arma de fuego. "Quiero saber quién apretó el gatillo y que se haga justicia. Entiendo que no todos los policías son iguales, pero alguien tendrá que pagar por lo que ha hecho. Me han podido matar", lamenta.

Dice el chico que el primer día que ha dormido en su casa, tras salir del hospital, ha tenido una pesadilla. "Estoy tomando una copa en un bar y, de repente, entra la Policía y se pone a disparar", ilustra. Bromea un poco, dice que es el subconsciente, que lo mismo le debió de pasar a su madre cuando le pidió que le comprara algo de ropa el día que le dieron el alta. "Welcome to the jungle" (bienvenido a la jungla), pone en la camiseta que le trajo. Ambos sonríen, pero saben que lo sucedido no tiene ninguna gracia.

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