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Pobreza energética La feminización de la pobreza energética: cómo las olas de calor y de frío afectan más a las mujeres

Un estudio del Instituto de Salud Carlos III muestra que los roles de género y las condiciones socioeconómicas existentes en Madrid hacen que las mujeres estén en un mayor riesgo ante la llegada de fenómenos térmicos extremos. Los datos se refieren a la capital, pero podrían asemejarse a otras ciudades españolas de gran tamaño.

Una mujer calienta sus manos en una chimenea.
Una mujer calienta sus manos en una chimenea. EFE

alejandro tena

Las mujeres son las más afectadas por el calor y el frío. Así lo refleja un estudio publicado esta semana por el Instituto de Salud Carlos III sobre el impacto de las olas de calor y las olas de frío en la población de la capital. Los datos revelan cómo estos fenómenos repercuten de una manera más significativa entre los ciudadanos más vulnerables y, sobre todo, en las mujeres. Tanto es así, que la investigación muestra cómo los periodos extremos de temperaturas elevadas y bajas no tienen incidencia significativa sobre la mortalidad masculina, mientras que las mujeres experimentan un 4,7% más de riesgo por frío y un 1,4% por el calor.

Los investigadores apuntan directamente a las desigualdades y los roles de género que dejan a las mujeres en una situación de riesgo mayor ante cualquier fenómeno meteorológico. "La relación que este hecho guarda con la exposición a las temperaturas extremas reside fundamentalmente en el tiempo que hombres y mujeres ocupan en el hogar. En este sentido, parece que las mujeres tienden a pasar más tiempo en casa, en la medida que las tareas de cuidados siguen estando dominantemente bajo su responsabilidad. Como consecuencia, en caso de pobreza o ineficiencia energética en la vivienda deben ser también ellas las más expuestas a los extremos térmicos", expone la publicación.

"Debemos atender a las características socioeconómicas y a los roles de género, que hacen que las mujeres sean más vulnerables

"En función de la naturaleza biológica de hombres y mujeres esperamos unos resultados que reflejaran que las mujeres son más vulnerables al calor y los hombres al frío. Sin embargo, lo que hemos visto es que apenas hay incidencia de ingresos de hombres en cualquiera de los fenómenos", explica a Público José Antonio López-Bueno, uno de los autores de la investigación. "Si los datos no se explican por causas biológicas, debemos atender a las características socioeconómicas y a los roles de género, que hacen que las mujeres sean más vulnerables", añade.

Esa desigualdad socioeconómica radica en que el 26,2% de las mujeres con hijos se ve obligada a tener empleos a tiempo parcial para conciliar y el 26,5% de mujeres jóvenes (24-34 años) no puede trabajar porque se ve obligada a cuidar de personas dependientes. Frente a ello, el porcentaje de hombres que requiere de jornadas laborales reducidas es del 5,3 % y del 1,4 % en el caso de aquellos que se ven obligados a no buscar empleo porque tienen que dedicar todo su tiempo a cuidar de niños o ancianos. Además, en el periodo en el que se lleva a cabo el estudio, había un 3% más de mujeres paradas en Madrid y un 11% más con contratos temporales. Había el doble de mujeres que hombres con salarios bajos y las ciudadanas mayores de 65 años tenían rentas un 7% inferiores a las de la población masculina. Los datos reflejan que hay un mayor número de ancianas que viven en situación de soledad, lo que eleva un 39% el riesgo de sufrir pobreza energética y no poder afrontar las olas de calor y frío.

Las mujeres mayores de 75 años tienen un 6,3% más de riesgo de mortalidad ante una ola de frío

Todo ello hace que las mujeres mayores de 75 años tengan un 6,3% más de riesgo atribuido de morir o ingresar en un hospital por causa del frío, mientras que en el caso de los hombres de esa misma franja de edad no se detectan efectos estadísticos significativos por causa del frío madrileño. En el caso de las mujeres de 15 a 64 años, el riesgo a la salud por temperaturas bajas es del 5,5%. Los hombres de esa franja de edad tampoco registran ingresos hospitalarios significativos por causa del frío. Por lo que se refiere a las olas de calor, sólo las mujeres de 65 a 74 años están expuestas de manera relevante, con un 4,6% de riesgo atribuido.

La exposición a estos fenómenos térmicos también tienen un fuerte condicionante de clase, ya que la publicación refleja cómo los mayores riesgos que experimentan las mujeres se dan en los distritos con niveles de renta reducidos y población joven. Es el caso de Usera, Tetuán y Villaverde, así como Ciudad Lineal, que tiene un nivel de renta medio, pero una población muy envejecida. En el caso de los hombres, coincide el mismo hecho de que los riesgos más altos de enfermar o morir por las temperaturas más extremas se dan en barrios obreros como Usera y San Blas, con rentas bajas de entre 20.000 y 30.000 euros.

Las olas de frío, más mortales que las de calor

A pesar de que uno de los efectos más visibles de la crisis climática es la intensificación de las sequías y las olas de calor, los datos muestran que son los fenómenos extremos de frío los que más mortalidad llevan asociada en Madrid. En el caso puntual de las mujeres, el riesgo de las temperaturas bajas es del 4,7% frente al 1,4% vinculado a los termómetros elevados. Lo mismo ocurre si se mira al conjunto de la población capitalina: las olas de frío llevan un riesgo de mortalidad del 13,5% y las olas de calor un 3,1%.

Para Cristina Linares, otra de las investigadoras que participan en el informe, existen "varios factores" que explican esta realidad. "Apenas existen planes de prevención contra el frío que sean conocidos y divulgados por la Administración. En cambio, desde la ola de calor de 2003,  se desarrollaron políticas para reducir los impactos en la salud por el calor. Por otro lado, los efectos de las temperaturas bajas en la salud son mucho más complejos y difusos, con enfermedades que pueden tardar en desarrollarse una semana, como gripes, neumonías o bronquitis. En cambio, con los efectos del calor son mucho más inmediatos en la salud".

"Se empieza a observar una mejor adaptación al calor que al frío"

En estas diferencias en la mortalidad intervienen también otros elementos como las infraestructuras verdes –parques y jardines– que, según explica López-Bueno, ayudan a "provocar un efecto de frescor que compensa las oscilaciones térmicas" más altas. "Se ha podido ver que tener zonas con naturaleza cerca favorece que la gente haga ejercicio y tenga un mejor estado físico y mental, lo cual es importante también para hacer frente ante calor y frío. Además, estas zonas funcionan como sumideros de algunas partículas contaminantes lo que contribuye a tener una mejor calidad del aire".

Por último, el investigador recalca que, a medida que la crisis climática eleva el mercurio de los termómetros, "se empieza a observar una mejor adaptación al calor que al frío". "Vemos que se está produciendo una habituación fisiológica que provoca que las olas de frío, aunque sean menos severas, nos afecten más que antes", advierte.

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