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La precariedad frustra a los jóvenes: ya solo tres de cada diez se emancipan

La emancipación se desploma y la natalidad cae mientras los bajos salarios, la falta de empleo y el alza de los precios estrangulan el acceso a la vivienda de los menores de 30 años.

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La participación de los jóvenes españoles en el mercado del alquiler de vivienda se ha desplomado. - EFE

La crisis y la precariedad del empleo están frustrando la carrera vital de los jóvenes españoles: siete de cada diez de entre 18 y 30 años siguen viviendo con sus padres mientras apenas tres se emancipan, según reconoce el Gobierno en una respuesta parlamentaria al diputado malagueño del PSOE Miguel Ángel Heredia.

La falta de posibilidades de emancipación se ha intensificado en los últimos años con un avance de cuatro puntos en términos generales que ha reducido por debajo del 19% la tasa de jóvenes de 20 a 24 años que se emancipan y ha elevado por encima de la mitad el grupo de los de entre 25 y 30 que continúan viviendo con sus padres, una edad a la que hace unas décadas era habitual que las parejas hubieran formado su propia familia. Según indica una respuesta anterior a Heredia, entre 2012 y 2016 la cifra de jóvenes emancipados ya se había reducido en 930.000, al pasar de 4,14 millones a 3,21, una caída del 22%.

Las trabas económicas para el desarrollo de un proyecto vital están teniendo consecuencias demográficas, entre las que destacan sus efectos en la natalidad: la edad a la que se tiene el primer hijo se ha retrasado más de un año y medio en una década (de los 29 años y tres meses a casi 30 años y once meses) y se acerca a los 30 años y medio en el caso de las españolas, mientras, en ese mismo periodo, la tasa de natalidad se desplomaba casi un 25%, al pasar de 11,27 nacidos por cada mil habitantes a 8,37, con un registro de solo 7,5 entre los autóctonos.

“Los elementos clave en este fenómeno son, sobre todo, la falta de empleo y la mala calidad del empleo que existe”, explica el economista y politólogo Saúl Pérez, que señala esa situación como uno de los obstáculos que impiden que los jóvenes puedan acceder a una vivienda y emanciparse.

La caída de los salarios y la ocupación entre los jóvenes

Los datos oficiales revelan cómo tras la crisis se ha reducido a la mitad el empleo juvenil en España, con una caída de ocupados de 16 a 30 años de casi 2,5 millones (de 4,9 a 2,5) y un aumento de casi 300.000 parados (de 728.000 a 1,06 millones). Y también ponen sobre la mesa cómo esa reducción del empleo ha ido acompañada de un notable desplome de los salarios en esas franjas de edad, con mermas de más de 1.500 euros anuales entre los de 25 a 29 años (de 17.434 a 15.876) y superiores a los 2.800 entre los de menor edad (de 9.960 a 7.128), lo que deja la horquilla salarial entre 1.134 y 509 euros brutos mensuales (en 14 pagas).

Así, no resulta para nada extraño que la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN) concluya que el riesgo de pobreza afecte a un 37,6% de los jóvenes de 16 a 29 años. “Decenas de miles de jóvenes han tenido que irse al extranjero a buscar una oportunidad que no encontraron en nuestro país”, señala el diputado.

“Se dice que no se debe destinar más del 30% del salario al pago de la vivienda, pero con los salarios actuales y los precios de alquiler a muchos jóvenes les resulta prácticamente imposible acceder a una casa”, indica Pérez, que recuerda cómo, paralelamente, “desde la crisis los bancos han restringido la concesión de las hipotecas porque los salarios no alcanzan para pagarlas, especialmente en el caso de los jóvenes”.

“El Gobierno de Rajoy ha machacado a la juventud, les hizo optar únicamente entre dos opciones: la cartilla del INEM o el pasaporte”, asegura Heredia, que destaca cómo “miles de jóvenes han tenido que volver a casa de sus padres” ante el panorama de las “altas tasas de paro juvenil, empleo muy precario y salarios miserables”.

700 euros por un piso de 40 metros

En el caso del alquiler, portales especializados como Idealista cifran el aumento de los precios en el último año en un 18,3%, con un promedio de 10,6 euros por metro cuadrado que sitúa en 424 la renta de un piso de 40 metros y en 636 la de uno de 60, mientras otros como Fotocasa estiman el alza en el 12,4% en los últimos quince meses.

Los precios del alquiler alcanzan niveles inasumibles para la mayoría de los jóvenes en Madrid y Barcelona, donde las medias alcanzan, respectivamente, los 15,9 y los 17,6 euros por metro cuadrado; es decir, 636 y 704 euros por un piso de 40 metros.

“Los jóvenes son uno de los principales perfiles de demandantes de alquiler, pero se enfrentan a un boom de los precios” que los hace inalcanzables, anota Pérez.

Fotocasa, por su parte, pone en entredicho la ortodoxia económica de esos aumentos de precios, en los que tiene una influencia fundamental el sector de los pisos vacacionales. “La demanda de alquiler cae un 36% en un año debido a que hay menos jóvenes (de 18 a 34 años) activos en el mercado que en 2017”, señala el portal inmobiliario, que añade que “si en 2017 había un 14% de personas mayores de 18 años que habían alquilado o intentado alquilar una vivienda, en 2018 ese porcentaje es del 9%”.

La imposibilidad de alquilar una casa

Esa tendencia resulta especialmente acusada en el caso de los menores de 24 años: el porcentaje de los que han conseguido alquilar vivienda este 2018 ha caído un 58%, mientras el descenso alcanza el 25% entre los que tienen de 25 a 34, según ese mismo portal.

Solo un 5% de los primeros y un 12% de los segundos logró una casa de arriendo, mientras la participación de los jóvenes en el mercado del alquiler caía un 39%, al pasar del 28% al 17% en un año.

Este aumento de los precios corre, paradójicamente, en paralelo a un incremento de la oferta como consecuencia de la salida al mercado de las casas adquiridas como inversión por particulares en los últimos años y de la movilización de miles de inmuebles por bancos y fondos de inversión. Y pone sobre la mesa la desidiosa política de vivienda del Gobierno central y la mayoría de los autonómicos en las últimas décadas, que han situado el parque social de alquiler del país a la cola de la UE.