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Proyecto MICOS Los niños piden agua, arena, sombra y vegetación en sus patios de recreo

El Ayuntamiento de Madrid desarrolla una experiencia pionera para que los patios escolares sean espacios saludables y de convivencia debido a su importancia en el desarrollo educativo de los alumnos. 

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Los escolares ayudan en la decoración de un muro del colegio Juan Sebastián Elcano. Foto Ayuntamiento de Madrid.

Los patios de colegio han sido tradicionalmente un recinto al que los niños salían en tropel, dando gritos y empujones, para apresurarse a jugar al fútbol y comerse el bocadillo, antes de regresar a las aulas. La imagen no ha cambiado mucho hoy en día, a pesar de que los expertos conceden un gran valor al uso de estos espacios en el desarrollo personal y el rendimiento académico.

Ante esta realidad, el Ayuntamiento de Madrid decidió poner en marcha el proyecto MICOS, que propone precisamente la intervención en los patios de los colegios y sus inmediaciones para transformarlos en lugares más habitables.

En el marco de este proyecto, y como paso previo, se hizo un análisis de los 241 colegios públicos de educación infantil y primaria de la ciudad de Madrid para comprobar si reunían las condiciones adecuadas y si cumplían el ratio de metros cuadrados de patio por alumno. La conclusión fue que un porcentaje muy alto de ellos no reunían los requisitos exigidos para crear un entorno saludable.

Mónica Díaz, técnica de Madrid Salud y coordinadora del proyecto, explicó a este diario que cuando ella ha hecho alguna presentación pública del plan suele mostrar una fotografía del patio de una cárcel y otra de un colegio. “La gran sorpresa para todos los asistentes”, indica, “es que ambas son exactamente iguales”.

Panorámica del patio del colegio Juan Sebastián Elcano. Imagen Ayuntamiento de Madrid.

Superficies homogéneas y asfaltadas

La mayoría de los patios escolares de Madrid son superficies muy homogéneas, principalmente asfaltadas, donde un campo de fútbol o una cancha de baloncesto ocupan la mayor parte del espacio, sin ofrecer muchas oportunidades de ocio o recreo a los alumnos poco aficionados a esos deportes, sobre todo las niñas.

“Esa configuración no es la más idónea, ya que el espacio está pensado para determinado tipos de niños y determinados tipos de actividades", asegura Mónica Díaz

“Esa configuración”, subraya Mónica Díaz, “no es la más idónea, ya que el espacio está pensado para determinado tipos de niños y determinados tipos de actividades, sin que responda a las necesidades de todos los chavales. Puede dar pie a que se reproduzcan conflictos o situaciones de reproducción de roles de género. Los que juegan al fútbol se apropian de toda la superficie y las niñas, que suelen ser las que tienen una actitud más sedentaria, se quedan sentadas y relegadas a un segundo plano. Nosotros queríamos intervenir para romper esas formas de relacionarse”.

Los tres colegios elegidos para llevar a cabo la experiencia piloto han sido el Daniel Vázquez Díaz (Moncloa-Aravaca), el Ramón María del Valle-Inclán (San Blas-Canillejas) y el Juan Sebastián Elcano (Usera).

Las actuaciones desarrolladas en ellos han tenido que ver con una mayor presencia de la naturaleza (plantación de árboles, acondicionamiento de los jardines y pantallas vegetales), con el rediseño de las paredes mediante propuestas artísticas como murales y pinturas, y la incorporación de juegos más actualizados, de mayor creatividad y variedad.

Materiales “más amables”

También se han tenido en cuento la incorporación de pavimentos y materiales “más amables” (vegetación, madera, arena, tierra, agua y corcho) y la decoración de los suelos con juegos tradicionales y otros cooperativos, alejados de los habituales planteamientos competitivos.

Igualmente, se han construido pequeñas casas, tipis, cuevas, túneles vegetales o espacios que permitan el juego y se han cuidado las zonas de sombra para los meses más calurosos, teniendo en cuenta la seguridad y la armonía del entorno.

Obras de acondicionamiento del colegio Daniel Vázquez Díaz. Foto Ayuntamiento de Madrid

El objetivo, según explica la técnica municipal, ha sido promover un cambio del uso del patio escolar, a sabiendas de que un entorno saludable, que permita el contacto con la naturaleza y la convivencia entre los alumnos, tiene un efecto positivo sobre el rendimiento académico.

En el proyecto, que ha contado con un presupuesto de un millón de euros, se han tenido en cuenta las peticiones realizadas tanto por los escolares como por los profesores, asociaciones de madres y padres y directivos de los centros, y en él han intervenido las áreas de Madrid Salud, Desarrollo Urbano Sostenible (DUS) y Medio Ambiente.

“Es curioso, pero los chavales nos pedían cosas muy básicas: agua, arena, sombra y vegetación. Tener un buen patio reporta beneficios para la salud de los niños y además favorece las posibilidades de interactuación, encuentro y convivencia”, concluye Mónica Díaz.

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