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À Punt, el reto de conectar con un público desconectado

Durante cuatro años, el País Valenciano quedó huérfano de medios de comunicación públicos. Los incipientes pasos de la nueva tentativa, À Punt Mèdia, afrontan el mayúsculo desafío de hacerse visible y crear imaginario de servicio público ante una sociedad que aún no ha reconectado.

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À Punt, la nueva televisión autonómica valenciana.

Con el humorista Òscar Tramoyeres como maestro de ceremonias, un equipo de antenistas recorre el País Valenciano para que la señal de À Punt Mèdia llegue a todos los rincones. Es la iniciativa que unas semanas atrás puso en marcha la cadena con el objetivo de solucionar problemas de recepción y sintonización de los nuevos medios públicos valencianos. No en vano, la penetración de À Punt en las vidas de los valencianos se revela todavía débil y supone uno de los más urgentes retos a afrontar medio año después del inicio de las emisiones regulares de la televisión y un año desde la puesta en marcha de la radio.

"Conectar con la sociedad valenciana es muy complicado, porque el conjunto mayoritario de esta sociedad no esperaba la televisión, ni la demandaba, ni la echaba de menos ya que la anterior supuso una decepción. Por lo tanto, se debe crear la necesidad y, si no la creas, hagas lo que hagas, se perderá", sostiene Mariola Cubells, periodista y analista de televisión.

Con un presupuesto de 55 millones —muy por debajo de los 250 millones anuales que alcanzó la extinta Canal 9, y por debajo también de la media presupuestaria de las radiotelevisiones públicas en el Estado—, la estabilización y la consolidación de las audiencias y del reconocimiento ciudadano del nuevo servicio público se vislumbra como un camino largo. Un vistazo a los picos de audiencia de la última semana proyectados por Kantar Media muestran una cuota de pantalla diaria que oscila entre el 1 y el 1,8%, unos datos medios todavía lejos de la influencia social que deja franjas del día con menos de un millar de personas conectadas. "NTC Nit" y "NTC Migdia" —los informativos de la casa— alcanzan las cifras de audiencia más estables. Un dato ilustrativo: el documental Vox, la ambición de Santiago Abascal obtuvo en TV3 un 25,3% de share (675.000 espectadores); 48 horas después, la emisión de la misma pieza en À Punt recogía un 2,5% de audiencia (50.000 espectadores).

Unos números matizables, sin embargo, teniendo en cuenta el espíritu transmedia de À Punt. Así lo subraya Gemma Lluch, de la Estructura d’Investigació Interdisciplinar de Lectura de la Universitat de València, que considera que hay que explicar bien el carácter en red con que se presentan los nuevos medios públicos. "No es la tele vieja de hace unos años; debemos medirla en otros criterios. Por lo que dicen las encuestas, consumimos programas en varios aparatos y en diferentes momentos. Utilizamos las aplicaciones y acudimos a los podcasts, que en el caso de À Punt se cuelgan inmediatamente", expresa la profesora. Para Lluch, la clave radica en educar al espectador en esta narrativa transmedia para fortalecer el vínculo y la experiencia con los medios actuales.

Reenganchar al público

Porcentajes aparte, ¿cuál es el balance general de la temprana parrilla que À Punt ha ido conformando durante este tiempo? "La nueva tele es correcta para los recursos con que cuenta, no está cayendo en los defectos en que cayó la antigua Canal 9, pero es cierto que es una televisión plana, cargada de buenas intenciones, poco arriesgada, con una parte de la programación que sí está apostando por colocarse en el nuevo panorama audiovisual y otra parte que rotundamente no", expresa Cubells, periodista que analiza la televisión en el programa La ventana de la Cadena SER. La principal carencia para la comunicadora es la inexistencia de una hoja de ruta más concreta que quizás ha contribuido al desconocimiento de su existencia entre buena parte de la población.

Cubells reconoce la preeminencia en la parrilla de programas no puramente informativos o de carácter, al menos, mixto. Son prueba fehaciente los dos magacines —el matinal El matí À Punt y el vespertino À Punt directe— que vertebran y capitalizan la programación diaria de lunes a viernes. "El modelo de magacines, con claras apelaciones al folclore, no ha cambiado demasiado respecto a Canal 9. Destacaría en el de la tarde, eso sí, una parte de actualidad informativa donde se hacen cosas periodísticamente relevantes, incluso más que en los propios informativos", dice la comunicadora.

Sin duda, la cultura y su difusión es el motor desde el que se ha urdido la programación de la televisión y de la radio. Espacios como Territori sonor, L’estudi o València, Califòrnia han llevado la música valenciana a unas cuotas de exposición que el anterior ente nunca ejecutó. Cabe recordar que el colectivo de músicos en valenciano protagonizó durante muchos años una sonada protesta por la censura y el silenciamiento que sufrió, sólo reparado en el contexto de mínima apertura del último tramo de Radiotelevisió Valenciana (RTVV). À Punt también ha hecho una seria apuesta por la literatura, con la inclusión en la parrilla de los programas Una habitació pròpia y Plaerdemavida, y por el espíritu creativo de las nuevas generaciones con Emergents. Pero tal vez el paso adelante más celebrado que marca una importante diferencia respecto de Canal 9 es el doblaje al valenciano de todo el cine y las series exhibidos por la televisión, con una preponderancia de películas de autor del continente europeo.

Consultado también para este artículo, el catedrático de Periodismo y Comunicación de la Universitat de València, Josep Lluís Gómez Mompart, alerta de que el sobrepeso de programas culturalistas puede suponer el leve peligro que tan sólo se llegue a un público relativamente minoritario. "Hay que buscar la fórmula para reenganchar al público que ha emigrado durante este tiempo sin medios públicos valencianos a otras televisiones privadas estatales y que se ha acostumbrado a unos formatos de entretenimiento más bobo", remarca el catedrático. Para Gómez Mompart, la parte positiva de todo esto descansa en el restablecimiento del sector audiovisual valenciano, especialmente golpeado por el cierre de RTVV en noviembre de 2013.

Dejando atrás las mordazas

Canal 9, como se sabe, fue el ejemplo de la manipulación informativa más descarada en el estado español. Y no sólo por la miseria moral demostrada en la cobertura del accidente en la línea 1 del metro de València en 2006. La intoxicación y el falseamiento de la información fueron continuos y se descubrieron como un arma más del engranaje de influencias políticas que, especialmente el PP, instauró sobre el territorio valenciano. Desde los primeros resplandores de À Punt, pues, el foco se ha situado sobre el tratamiento informativo y su función de servicio público.

"El cambio respecto a Canal 9 es obvio. La pluralidad es la nota dominante: en À Punt se habla de todos los temas, con la presencia de varias voces en los programas que incluyen tertulia, y también se puede hablar de los asuntos de presunta corrupción que afectan al gobierno", sostiene Noa de la Torre, presidenta de la Unió de Periodistes Valencians. Esta entidad tiene interpuesto un recurso contra las bolsas temporales de los trabajadores de la empresa, por considerar que los baremos privilegiaron a los extrabajadores del antiguo ente que, efectivamente, representan en estos momentos la mayoría de los aproximadamente 400 efectivos de que dispone la casa. "La puesta en marcha debería haber sido una oportunidad para que todos los profesionales tuvieran la opción de formar parte de esa primera plantilla", dice De la Torre. La cita en los juzgados se espera a principios del próximo año.

También Gómez Mompart celebra lo que cree que son unos informativos equilibrados tanto desde el punto de vista del tratamiento como de la vertebración territorial. Un Consejo Audiovisual aún por materializar tendrá el encargo de velar por la independencia respecto del poder político. Por otra parte, con su predisposición de convertirse en altavoz social y ágora de debate, los espacios Punt Docs y La qüestió han aterrizado en el prime time del viernes y completan una incipiente estructura televisiva donde la reflexión y el análisis de la actualidad comienzan a abrirse paso.

Una lengua por consolidar

Y todo ello con el valenciano como lengua vehicular, tras el fracaso rotundo que Canal 9 supuso para la normalización de la lengua y la difusión del modelo de estándar. Atrás queda la época en que el director general allá por 1990, Amadeu Fabregat, listó una cantidad de palabras proscritas para los periodistas por ser consideradas "excesivamente catalanistas". Para la posteridad también quedan los atropellos a la lengua que se sucedieron en directo a lo largo y ancho de los años.

Pero en À Punt también se ha revelado la realidad sociolingüística actual del País Valenciano. Con un libro de estilo aplaudido en diferentes sectores, las deficiencias se encuentran, según los expertos, en la pobreza fonética. "Es muy difícil encontrar locutores o presentadores en que se dé la combinatoria de ser buenos comunicadores televisivos y radiofónicos —que À Punt ya tiene— y al mismo tiempo sumar la corrección lingüística", expone Sandra Montserrat, profesora de Filología Catalana en la Universidad de Alicante. El problema, a su juicio, es que las facultades de comunicación no forman lingüísticamente; un debate que también se está manteniendo en el seno del resto de medios del ámbito lingüístico catalán. "Si se quiere abastecer unos buenos medios de comunicación que repercutan en la calidad de la lengua, hay que invertir en las facultades de comunicación y en una formación lingüística adecuada", concluye Montserrat.

En una línea similar se pronuncia Josep Enric Escribano, presidente de la Associació Cívica per la Llengua El Tempir, que tiene su ámbito de actuación principalmente en Elx, la tercera ciudad más poblada del País Valenciano. Añade, en este caso, la necesidad de que À Punt redoble sus esfuerzos en representar la pluralidad y la diversidad del territorio. "El habla del sur o del norte del país no acaba de reflejarse. La gente del sur, por ejemplo, tiene esa idea equivocada de que habla mal el valenciano y, para fortalecer la autoestima, necesita ver reflejado su hablar en la televisión", razona. Escribano admite que todavía hay una presencia demasiado fuerte de gente del centro del país y, aunque es una televisión que nace, se deberían consolidar estructuras y delegaciones en todo el territorio.

La opción por el modelo neoliberal de empresa

Con todo, más allá de la parrilla desplegada por el equipo de la directora general de la sociedad, Empar Marco, el camino hacia la recuperación del derecho colectivo de unos medios públicos para el pueblo valenciano tiene su origen en la ley aprobada en julio de 2016 por Les Corts, sin ningún voto en contra. Un marco legal que ha permitido que hoy podamos hablar de À Punt Mèdia pero que ha sido el pecado original de un modelo de empresa pública fuertemente privatizado que ha suscitado recelos y controversias. De hecho, la estructura pública de À Punt se reduce la producción de información, y todo el resto de los contenidos y servicios se externalizan y se dejan en manos del sector privado. "Esto es lo que hubiera hecho Reagan o Thatcher o la derecha francesa. De hecho, la derecha británica no se atreve a eso cuando gobierna en el Reino Unido; nadie toca la BBC. Por lo tanto, es una opción consciente por un modelo neoliberal que el PP no se atrevió a hacer", afirma Toni Mollà, periodista y autor de varias obras en torno a la comunicación y la sociolingüística.

¿Qué consecuencias se derivan? Según Mollà, el modelo escogido, sumado a los pocos recursos con que cuenta el ente, va en contra de la pequeña y mediana empresa valenciana, en tanto que la demanda es muy débil y el audiovisual valenciano, resentido por el desmantelamiento de RTVV, no puede hacer músculo. Además, Mollà recuerda que la parte de la demanda más jugosa ha recaído en empresas de fuera del País Valenciano, como es el caso de los dos magacines mencionados anteriormente. El aterrizaje en À Punt de grandes empresas de comunicación como Lavinia o Secuoya, que se han quedado con el grueso de las franjas horarias, revelan el peligro de concentración empresarial en el tablero comunicativo del nuevo canal. "El resultado es que la mayor parte del beneficio que podría generar la demanda de contenidos de la televisión valenciana se va fuera del territorio", dice Mollà.

En relación a esta concepción de cuál es la función del sector público en el ámbito económico, han surgido también las primeras voces discordantes en materia laboral. Recientemente, Comisiones Obreras (CCOO) ha denunciado ante Inspección de Trabajo incumplimientos en materia retributiva y excesos de jornada y horas extras del personal técnico. El sindicato reivindica, además, la homologación de los salarios del personal técnico de la Corporación, que cobra 180 euros menos al mes, a los del personal técnico de la mercantil, que realiza las mismas funciones.

A la postre, las gafas de realidad aumentada sometidas sobre el arranque de À Punt dibujan un horizonte de desafíos de gran tamaño. De entrada, la consagración del sistema comunicativo valenciano pasa irreductiblemente por ampliar segmentos de población en la audiencia y superar el exiguo alcance actual que convierten À Punt en una televisión poco competitiva y más cercana al autoconsumo. Tal vez esto se resuelva con una mayor dotación de recursos que permitan invertir en calidad, como ya se ha pedido en Les Corts con contundentes negativas de buena parte del espectro parlamentario. Pero quizá también se deberán explorar nuevos grupos de receptores, lejos de la órbita del folclore y mejorando una plataforma multimedia clave para el flirteo de los más jóvenes con el servicio público.

Al margen de un modelo de empresa que no ha satisfecho amplios sectores, la irrupción de los nuevos medios públicos también debería afrontar la idea del futuro de este pueblo. Inventar una propuesta de país, en palabras de Mollà. Un país sin complejos que gane reciprocidad con el resto de los medios del ámbito lingüístico —circunstancia no materializada a pesar de las promesas de principio de legislatura— y que apueste por plataformas digitales integradoras como Bon Dia TV —a la que À Punt no se ha añadido—, o, por el contrario, un país que festeja con programación especial el cuadragésimo aniversario de la Constitución y "el espíritu de la transición" y que cena la noche de Navidad con el mensaje de Su Majestad Felipe VI en las pantallas de este mundo interconectado.

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