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Reforma de La Rambla Los vecinos de Ciutat Vella, a la espera de la transformación de La Rambla de Barcelona

Vecinos y vecinas del distrito barcelonés denuncian el retraso en la implementación del Plan de Transformación de La Rambla y piden compromiso al Ayuntamiento con el fin de mejorar la comunicación.

Gente paseando por La Rambla de Barcelona.
Gente paseando por La Rambla de Barcelona. ACN

La Rambla de Barcelona, icono y emblema de la ciudad desde hace cinco siglos, conocida mundialmente, en las últimas décadas ha sido punto de encuentro de visitantes y barceloneses que se dejaban perder entre las floristerías y kioscos de prensa o entre las antiguas paradas de animales. Actores callejeros, estatuas humanas, dibujantes y todo tipo de artistas amenizaban el paseo, mientras algunos esperaban para entrar al Teatre del Liceu, al Palacio de la Virreina o al mercado de La Boqueria.

Federico García Lorca la describió como "la calle más alegre del mundo, donde viven juntas a la vez las cuatro estaciones del año". La diversidad, de hecho, era su esencia. Ocupaban el mismo espacio diferentes clases e ideologías, contrastes, vidas paralelas a lo largo de sus 1.200 metros. Dejando el romanticismo a un lado, en los últimos años ha ido creciendo un sentimiento de rechazo hacia la vía por parte de los vecinos: no la sentían suya.

"En los últimos años ha ido creciendo un sentimiento de rechazo hacia la vía por parte de los vecinos: no la sentían suya"

En marzo, con la llegada de la pandemia, el escenario cambió. Cada vez queda más lejana aquella impactante imagen que dejaron los meses de confinamiento; el paseo completamente vacío, envuelto en silencio. Desde entonces, sin la masificación turística habitual en la zona, los vecinos de Ciutat Vella se han reencontrado con el boulevard que hasta hace poco evitaban. No hallaban nada que les pudiera interesar fuera de la oferta turística o, simplemente, el ritmo y la saturación de la vía no eran compatibles con la vida cotidiana. La necesidad de proteger la vivienda, de diversificar los usos, de fortalecer el eje cultural, de ofrecer más zonas verdes y dar protagonismo al peatón se ha hecho más evidente que nunca en un contexto de crisis sanitaria y económica.

Todo ello contempla el Plan de Transformación de la Rambla, elaborado hace más de dos años por el equipo Km-ZERO, liderado por la urbanista y exconcejala Itziar González y que aglutinaba a vecinos y entidades de Ciutat Vella. Una transformación transversal pensada de manera cooperativa que incorpora políticas socioeconómicas y una intervención urbanística para mejorar la movilidad y diversificar los usos.

"La pandemia ha abierto la oportunidad de incidir, las propuestas estaban presentadas desde el 2018, pero, a día de hoy, aún no hay avances urbanísticamente", señala González. Desde el balcón de la sede de Amics de La Rambla es visible un gigante contador: la reforma lleva más de 1.680 días de retraso.

El plan liderado por Itziar González supone una transformación transversal para mejorar la movilidad y diversificar los usos

El regidor de Ciutat Vella, Jordi Rabassa, afirma que todos los departamentos están trabajando en la reforma, que se ha visto interrumpida por el covid-19 y asegura que a principios de este año se cerrará el proyecto ejecutivo de urbanización. Comparte la preocupación en el ámbito de vivienda, pero admite que la estrategia urbanística para protegerla es una cuestión "complicada" y que "no tiene fecha".

Epicentro de la expresión cultural

Aprovechando la urbanización que creará espacios amplios en la futura Rambla, el objetivo es reivindicarla como un eje cultural. La estrategia es ofrecer programas de memoria y de conocimiento de patrimonio del paseo y crear proyectos educativos y culturales.

Esto es algo que ya comienza a ser visible; la campaña "Baja a La Rambla" organizada por el Ayuntamiento y Amics de La Rambla puesta en marcha en diciembre continuará entre el 7 y 21 de enero con una serie de actividades diarias de ocio. "Debemos recuperar los espacios culturales tanto para ciudadanos como para turistas", apuesta Anna Rosa Cisquella, gestora del Teatro Poliorama.

El reto: el acceso a la vivienda

Alquileres desbordados, pisos turísticos, gentrificación y turistización son realidades más que conocidas para los barceloneses, especialmente si viven en Ciutat Vella. En La Rambla son pocos vecinos los que resisten, solo el 35% de los edificios pertenecen a viviendas habituales. El 6% son domicilios temporales y el 59% está destinado a usos no residenciales, según el informe Ramblas y sus residentes realizado por Barcelona Regional y el Gesop a inicios de 2020. Para luchar contra la gentrificación, el proyecto de transformación de La Rambla contiene medidas para promover el comercio de proximidad, diversificar la actividad económica y llevar a cabo políticas de vivienda.

"Para evitar que proliferen los grandes almacenes es necesario excluir los usos que no sean meramente residenciales", explica González. Algo que, de momento, no se ha llevado a cabo. "Si se comienza por las obras físicas, lo que se conseguirá es aumentar el valor urbanístico de las fincas" avisa.

"No se puede pretender cambiar La Rambla tocando solo La Rambla, es necesario un cambio en el modelo de ciudad"

En la misma línea que González, Daniel Pardo, miembro de la Assemblea de Barris pel Decreixement Turístic (ABDT) y de la junta de AVV Barri Gòtic opina que implementar el plan será "imposible" si no se consigue una reducción de los precios de alquileres de viviendas y locales inflados a consecuencia de la presión turística. "No se puede pretender cambiar La Rambla tocando solo La Rambla, es necesario un cambio en el modelo de ciudad", sentencia con rotundidad.

Fermín Villar, presidente de Amics de la Rambla también cree imprescindible incidir en este aspecto y plantea recuperar edificios públicos para cambiarlos de uso, "por ejemplo, los edificios militares que suman 30.000m2". Además, dice, es necesario preservar los vecinos existentes, para lo cual cree que "falta más seguridad, ayudas económicas para el mantenimiento de los edificios y cambiar leyes urbanísticas, así como perseguir los pisos turísticos ilegales".

Rabassa llama a la colaboración de los propietarios de La Rambla para que bajen los precios de los alquileres e insta a los comerciantes a "aprovechar la situación de la pandemia para adaptar la oferta haciéndola atractiva para los barceloneses".

La masificación, por resolver

La mitad de los entrevistados en el estudio La Rambla y sus residentes se mudaría a otro barrio si pudiera a causa de la masificación, el turismo y el ruido. Son las mismas razones por las que los vecinos de Ciutat Vella no disfrutaban de la vía.

"Yo antes iba a comprar a la Boqueria y ahora ya no puedo ir, ¿cómo vuelvo cargada con un carro cuando los turistas no me dejan pasar?", es el testimonio de una vecina recogido en un estudio del invesigador Agustín Cocola-Gant, que sirve como radiografía general de los vecinos de la zona.

La masificación es una problemática que no se aborda en el Plan de Transformación, según Daniel Pardo, ya que se plantea mantener el volumen de gente pero con mayor proporción de personas autóctonas, para lo cual se llevan a cabo proyectos atrayentes como es el eje cultural.

El vecino de Ciutat Vella alerta de que "si La Rambla vuelve a tener los mismos niveles de saturación que antes, será un lugar que no interesará y volveremos a desertarla" y añade que "si el flujo de personas vuelve a ser tan alto, los precios de alquiler seguirán siendo altísimos".

Falta de comunicación

El Plan de Transformación de La Rambla inició el proceso a principios de 2018 liderado por el equipo Km-ZERO, un colectivo heterogéneo formado por vecinos y entidades, que establecía las bases de la reforma de una manera participativa y colectiva de la mano de la administración y un equipo técnico.

"El Ayuntamiento había adquirido el compromiso de mantener la Comunidad Ramblas, pero una vez acabada la primera parte del proyecto la interlocución se ha limitado a las áreas técnicas y a la empresa", señala preocupada Itziar González. La exconcejala sabe mejor que nadie las limitaciones y las urgencias que entraña el consistorio, pero se siente frustrada por la poca información que reciben los vecinos.

Villar, presidente de Amics de La Rambla, protesta: "estamos en 2021, sin conocer el proyecto ejecutivo definitivo, sin dotación económica conocida, sin calendario de obras y con una base urbanística de hace más de siete años". La gestora del Teatro Poliorama Ana Rosa Cisquella comparte la misma visión, "con el Ayuntamiento tenemos poca comunicación". Por eso, González recuerda que "las administraciones y la ciudadanía han de ir de la mano".

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