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Salud mental y coronavirus Formar a los pediatras del sistema público en salud mental será básico para atender a los menores tras el confinamiento

Seis asociaciones que representan a la inmensa mayoría de psiquiatras y psicólogos en salud mental de la infancia y adolescencia de nuestro país, reclaman una mayor colaboración con Atención Primaria para evitar el colapso de esta atención especializada tras el desconfinamiento.

Niña juega con tableta en el confinamiento
Una niña juega en el suelo de su casa con una tableta / EFE -JORDI FERRER

Marisa kohan

No está claro cuántos menores precisarán de los servicios de atención de salud mental según se vayan relajando las medidas de confinamiento y el estado de alarma, pero los profesionales de salud mental de seis asociaciones, que aglutinan a la mayoría de los psiquiatras y psicólogos clínicos de nuestro país que trabajan con la infancia la adolescencia, han advertido de que su número se incrementará y puede producir un colapso en este servicio especializado del Sistema Público de Salud. Por ello, llaman a una mayor y mejor coordinación con el servicio de atención primaria que es la puerta de entrada de estos casos y se ofrecen para asesorar y formar a los pediatras para que puedan gestionar la atención de pacientes que presenten síntomas pero no sean graves.

Los especialistas afirman que se están comenzando a conocer los primeros datos sobre el impacto que el confinamiento y la crisis sanitaria y económica está teniendo en los más jóvenes, pero que se trata de una situación nueva de la que aún hay mucho que aprender y analizar. Según los primeros estudios publicados en algunas revistas especializadas, uno de cada cuatro niños podrían presentar síntomas depresivos o de ansiedad.

"Si bien estos son datos alarmantes, todavía será motivo de mayor preocupación los efectos sobre la salud mental de nuestros niños y adolescentes cuando se sumen otros factores" como son las preocupaciones familiares sobre el futuro económico, el paro, el aumento de los trastornos de salud mental en los progenitores, entre otros. Así lo afirman seis organizaciones en una carta que dirigieron al ministro de Sanidad, Salvador Illa, la semana pasada para solicitar mayor coordinación y para ofrecer su conocimiento para formar a pediatras de atención primaria, a educadores o a los equipos de orientación de los centros educativos.

La misiva, firmada por la Asociación Española de Neuropsiquiatría- Profesionales de la Salud Mental– Sección Infanto Juvenil (AEN-PSM); la Asociación Española de Psicología Clínica y Psicopatología, sección de Infancia y Adolescencia (AEPCP); la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y del Adolescente(Aepnya); la Asociación Nacional de Psicólogos/as clínicos y Residentes (ANPIR); la ociedad Española de Psiquiatría (SEP) y la Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente (Sepypna), advierte de que "este incremento de los trastornos de salud mental en niños y adolescentes y, sobre todo, el no saber qué y cómo manejar la situación en Atención Primaria, pueden generar un aumento de la demanda inasumible en Salud Mental, ya de por sí saturada".

Explican que, igual que ocurre con otras patologías o problemas de salud en que los médicos de atención primaria tratan los casos menos graves y sólo derivan a los especialistas a aquellos que necesitan una atención especializada, estos profesionales deberían tener la formación suficiente para atender y tratar los síntomas mentales menos serios para permitir a Salud Mental centrarse los trastornos mentales más serios.

Huir de los acuerdos estrellas e invertir en Sanidad Pública

Los expertos piden a las administraciones huir de los "acuerdos o soluciones estrella", aquellos que durante el peor momento de la pandemia alcanzaron diversas instituciones como hospitales o administraciones con fundaciones y colegios de psicólogos para que atendieran los posibles trastornos mentales de  enfermos, incluso en las unidades de cuidados intensivos, saltándose a los profesionales mental de infancia de la sanidad pública.

"Hacer esto es saltarse uno de los principios que ha regido la gestión de esta crisis, que consistía en que el sistema público liderara y coordinara toda la atención sanitaria. Parece como si con los virus esto lo tuviéramos claro, pero con los temas de la salud mental no tanto", afirma Carlos Imaz, portavoz de la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y el Adolescente, en nombre de todas las organizaciones.

"Entendemos y apreciamos el apoyo de la sociedad en esta crisis, pero igual que se ha hecho con la asistencia directa a la infección, la coordinación y el liderazgo deberían estar en el Sistema de Salud mental Público que debería ser reforzado, tal como se hizo con el área de infectología en la pandemia", afirma Imaz.

Las organizaciones explican que ya existen mecanismos de coordinación habituales tanto con atención primaria, como con los equipos de orientación de los colegios y de conducta de los servicios sociales, pero que ahora toca potenciar y mejorar esos procesos de comunicación, que hasta el momemto se realizaban a base de correos y que ahora deberían realizarse por otras vías que permitan la comunicación más inmediata y el trabajo compartido. 

"En esta crisis se han cambiado los procesos de comunicación. Hemos comenzado a atender a pacientes a través de video consultas en el Sistema Publico de Salud, cosa que hasta hace poco era impensable por temas de protección y de seguridad, que delimitaban los accesos. Si esto hoy se hace con pacientes, también se debe hacer en la supervisión a atención primaria que permitiría atender mucha patología banal o problemática banal que puede surgir a raíz de esta crisis y que no requeriría de una derivación a Salud Mental si la atención se hace de forma correcta con el apoyo de un psicólogo clínico. 

Toca replantearse el modelo de enseñanza

Tal como afirman las asociaciones en su escrito, "son muchos los ámbitos relativos a la salud mental de la infancia y adolescencia que pueden verse afectados por el periodo de confinamiento que están viviendo los menores actualmente, así como por los cambios que se van a producir a corto plazo para retomar las actividades de la vida cotidiana". Entre ellos relatan los aspectos relacionados con los vínculos familiares, las pérdidas de seres queridos y los duelos sin despedida.

Hay también situaciones en las que niños con ciertas discapacidades que están acostumbrados a unos ritmos y horarios determinados, han visto modificado totalmente el ritmo de vida, lo que ha supuesto un estrés importante a ellos y a sus familias. En otros casos, puede haber chavales que han visto facilitado el acceso a los juegos online y que esto puede les puede causar dificultades que se manifestarán cuando se pongan límites.

Imaz relata, además, los problemas de las jóvenes con anorexia, que a lo largo del del confinamiento se evitó su internamiento para protegerlas, y cuyos trastornos fueron seguidos de otras formas que tocará evaluar según se levante el confinamiento. Otro agujero negro para muchos psicólogos y psiquiatras es lo que pueda haber ocurrido con los menores que conviven con abusadores sexuales, que pueden haber estado más expuestos y desprotegidos.

Con todo, los especialistas afirman que una gran parte de los niños y adolescentes han tenido mejoras en su estado anímico debido, principalmente, a la que las exigencias del su entorno han disminuido. Si bien tienen tareas escolares, el nivel ha bajado y han disminuido de forma importante los problemas de conducta y mentales que podían tener. 

"Vivimos en una sociedad con muchas exigencias, también para los niños. Esto tiene que ser una llamada de atención. Porque un grupo importante de niños mejoran cuando se disminuyen las exigencias. Nos debería servir para reflexionar sobre el aprendizaje de los niños, que ojalá se pueda hacer de una forma más flexible y adaptada a las necesidades de cada uno de ellos y no volver a esas exigencias sociales de competitividad que ahora están más en cuestión", concluye Imaz.

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